''Estrecha colaboración'' by Ariesnomu / Mu Saga 4 ever (traducción mayo 2009) Capítulo 4 : ACERCAMIENTO (conti) Minos había acabado por dormirse, ronroneando como un gatito bajo los efectos de su masaje, y Mu aprovechó para fregar los platos y luego irse a su taller para trabajar un poco sobre varias armaduras de plata, traídas algunas semanas antes desde el cementerio de Jamir. Quería modificar sus petos y las hombreras para hacerlas más eficientes y más cómodas al llevarlas, sin que envararan a su portador o que los molestaran en sus movimientos. Ya sabía lo que era con su propia armadura, con sus imponentes cuernos que, al principio, le escondían la vista y lo molestaban en sus gestos, sin hablar del estrecho y anchicorto gorjal que lo hacía parecer sin cuello. Se afanó sacando sus instrumentos celestes para remodelar la plástica deficiente de un peto y volver a dibujar la forma de las hombreras correspondientes que eran demasiado prominentes, cuyos puntiagudos y acerados dientes o afiladas picas podían herir el rostro de su propio portador en un movimiento en falso del brazo o en el curso de una caída mala caída, lo que sería un colmo. Para cada armadura, ya había hecho diversos bosquejos para calcular el mejor ángulo de posicionamiento de las hombreras, que debían ser una amenaza para el adversario y proteger al futuro portador, cualesquiera que fueran sus movimientos y la postura adoptados, fuese que se tratara de defensa o de ataque, de un combate cuerpo a cuerpo o el efectuar de una técnica a gran distancia. Inclinado por encima de su mesa de trabajo donde se extendían todos sus bocetos, había pasado largos minutos escotando el peto al nivel de las axilas y del cuello, luego fue dando forma con minucia a las hombreras dentelladas de modo más racional, se hallaba muy concentrado en ese trabajo de precisión. Se estaba dedicando a la cuarta armadura y ahora hacía levitar las diferentes piezas de ésta, las reunía para simular y visualizar varios movimientos complejos ejecutados a distintas velocidades, separando de vez en cuando algunas partes para ver mejor las intercalaciones. Minos apareció en el umbral del taller en ese momento y quedó estupefacto ante ese asombroso espectáculo, verdaderamente estaba impresionado por el dominio de los poderes de telekinesis del lemuriano, los cuales lo fascinaban realmente. Mu sintió su presencia en el umbral y se giró hacia él. – ¿ Ya te levantaste ? – le preguntó. – Eh... Sí... Excúsame, Mu, no quería molestarte. Me aburría un poco y me preguntaba lo que estabas haciendo. Y como no estabas en tu habitación... – se excusó el grifo, consciente de importunar al carnero en pleno trabajo. – No te preocupes, no me estás molestando, casi había terminado, de todas formas – respondió Mu con una sonrisa, mientras volvía a ordenar las piezas de la armadura bajo su forma de tótem en la mesa de trabajo por telekinesis. – ¿Sus armaduras están realmente vivas? – interrogó Minos curioso, entrando algunos pasos en el taller para observar al tótem un poco más cerca, pero no demasiado tampoco, porque sospechaba que las armaduras del Santuario eran un asunto sumamente serio, sino confidencial. – Sí, son seres vivos. ¿No es el caso de sus sapuris? – preguntó Mu a su vez. – Sí, pero sólo en parte. – ¿En parte? – preguntó Mu, divertido. – Bueno, no soy el especialista por lo que se trata de eso, pero nuestros sapuris nos obedecen para revestirnos, pero aparte de eso... Mu emitió una pequeña risa. – ¿Y cuándo los llevan, ustedes no sienten la vida que pulsa en el metal de sus sapuris? – Eh... ¡No, no es cierto! ¿Por qué? ¿es el caso de sus armaduras? – Sí, sentimos todas sus vibraciones. ¿Quieres verlo? Acerca tus manos a esa armadura... Minos lo miró con sorpresa, pero siguió el gesto del carnero que le enseñaba el tótem sobre la mesa. – ¡Vaya, no temas nada, no va a agredirte – dijo Mu con una sonrisa divertida – Ellas no están vivas hasta tal punto!... Minos dudó por un breve instante pero se adelantó hacia la mesa y tendió precavidamente una mano, acercándola prudentemente a la armadura petrificada bajo su forma de tótem, y la retiró prontamente casi inmediatamente y torpemente, como si la hubiera quemado. Lo que por supuesto no era en absoluto el caso, pero... No pudo impedirlo, desconfiaba de esto... Mu no pudo contener una nueva risita cristalina que hizo sentirse al grifo agradablemente raro. Le gustaba oír esa pequeña risa tan característica del carnero, melodiosa y clara, florida como la primavera que su signo simbolizaba y que relajaba instantáneamente el ambiente. – No, así... – corrigió Mu. Y para explicarle mejor cómo proceder, Mu se colocó ligeramente por el lado, detrás de Minos, y tomó sus manos en las suyas para mostrarle cómo ponerlas sobre el peto, con el fin de sentir las vibraciones. Sus dedos casi se entrecruzaron y guió ambas manos del Juez por encima del metal frío, haciéndolas ligeramente rozar la superficie lisa y plateada con la yema de los dedos. – Aquí... – dijo Mu – ¿ Sientes las vibraciones, ahora ? – Sí... – respondió distraídamente el grifo al sentir los largos y cálidos dedos de Mu sobre los suyos. Y sus brazos que encuadraban los suyos. Y su cuerpo largo y firme en su espalda. Y su rostro al lado del suyo. Y sus cabellos que exhalaban ese perfume tan embriagador, dulce y ligero que inundaba todos sus sentidos olfativos. Y accesoriamente las tenues ondas que emanaban de la cosa en metal delante de él que no le interesaba en lo más mínimo. Sintió haber vestido una playera que le impedía sentir el contacto de la túnica de Mu directamente sobre su piel. Si lo hubiera sabido... Giró la cabeza hacia el carnero quien tenía la mirada fijada sobre sus manos por encima de la armadura, moviéndolas lentamente por encima de ésta para hacerle sentir la vida que palpitaba en el metal, con los ojos brillantes y concentrados en el tótem con el cual estaba manifiestamente en perfecta simbiosis. Minos trasladó cortésmente su mirada hacia la armadura pero sus ojos se posaron sobre las manos de Mu y se demoraron allí con aire soñador. Es que le gustaban mucho sus manos. Casi estaba hipnotizado por ellas. Eran magníficas, con esos largos dedos delgados, a la vez tan finos y poderosos, y eran tan suaves y tersas, como satén, cálidas también sin ser húmedas, perfectamente lisas y ágiles, una verdadera piel de seda. Y su tacto era tan delicado... Se deslizaban suavemente sobre todo como una caricia, como un fino velo de satén ondeando bajo una ligera brisa de verano. Y pensar que esas manos podían matar también, o llevar a un adversario a pedir piedad bajo el dolor de su firme agarre, que podía torcer un brazo y hasta arrancarlo o mandar a un adversario más pesado que él a volar por los aires con un mero gesto de ésta. Una mano de hierro en un guante de terciopelo... Una energía implacable y firme en un estuche de satén. Pero esas manos también podían reparar y cuidar de la más maravillosa de las formas, regenerando metales vivos o tejidos y brindando consuelo y relajación, remodelando todo con habilidad y brío, con una infinita delicadeza que sólo su suavidad igualaba. Sí, esas divinas manos de múltiples talentos, tan hábiles y tan dulces, lo fascinaban. Quería apretarlas en las suyas y sentirlas sobre él, acariciando su mejilla. Quería sentirlas sobre su cuerpo, por todas partes. Cuando la demostración acabó y Mu liberó sus manos, Minos volteó hacia él y murmuró: – Tus manos son un verdadero tesoro... Y tras eso, tomó las manos de Mu en las suyas y las llevó a sus labios para depositar allí un beso mientras lo miraba a los ojos con intensidad. Todo había pasado tan rápidamente... Mu abrió desmesuradamente los ojos por la sorpresa y se estremeció al sentir los cálidos y sedosos labios del grifo sobre sus dedos, así como su cálido aliento acariciar su piel. Levantó una mirada asombrada hacia el Juez que lo miraba intensamente, con los ojos brillando con una extraña luz, profunda y poderosa que lo turbó por un breve instante. Sintió su corazón acelerarse repentinamente y quedó desconcertado, sin poder desprenderse de esa mirada magnética que parecía zambullirse en lo más profundo de su ser y quería imantarlo hacia ella, aspirándolo hacia ella. Pero justo en ese momento, una voz llamó : – ¡Mu! Era la voz de Saga... Mu salió instantáneamente de su letargo y retiró prontamente sus manos de las del grifo para voltear hacia la puerta y responder, con sus mejillas levemente coloreadas – ¡Sí, estamos en el taller! Minos suspiró discretamente al ver su presa escapar de él, una vez más interrumpido en el momento crucial por el esquizofrénico. Definitivamente, el gemelo parecía escoger bien sus momentos para aparecer, era la segunda vez en el mismo día, iba a creer que lo hacía a propósito. ¿Y qué quería exactamente, ahora? ¿Aún era el Gran Sacerdote quién quería ver a su ex discípulo, tarde esa noche? Saga apareció en el umbral de la puerta y el grifo lo fulminó con una mirada torva y altiva, que decía mucho sobre lo que pensaba de su inoportuna intrusión. – Mu... Vine a devolverte tu aceite de masaje – declaró Saga, devolviéndole su mirada al grifo por encima del hombro del carnero. – ¿No hizo efecto? – preguntó Mu, sorprendido. – ¡Si, si, al contrario! Tanto que ya no tengo absolutamente ningún dolor y no lo necesito más... Era en parte la verdad, pero sobre todo Saga venía para ver lo que pasaba en el primer templo, y a juzgar por el aire contrariado del grifo y el un poco molesto del carnero, había intervenido a tiempo. Pero no sabía si debía regocijarse de eso o si debía simplemente e inmediatamente atomizar a ese insoportable Juez (Karin vota por eso !!! ;D) , porque él no podría quedarse indefinidamente en la casa del carnero para vigilarlo e impedir al grifo que se acercara demasiado al bello Lemuriano. – Saga, sería más prudente que la guardes por algunos días más... – ¿tu crees? Pero ya no tengo ninguna molestia... – Muéstrame... – preguntó Mu, adelantándose hacia él. Y antes de que el gemelo tuviera el tiempo de replicar, Mu ya acercaba sus manos hacia él y de nuevo, Saga sintió la dulce cosmo-energía del carnero envolverlo y sondearlo, demorándose en su hombro y en su cadera, así como en su torso y en las costillas que había reparado, y luego sobre las marcas aún levemente morenas que sembraban sus brazos y su rostro, y ellas desaparecieron casi completamente bajo la onda terapéutica. Saga se estremeció al sentir un dulce calor acariciar su labio inferior, y sonrió al ver la mirada asesina que Minos le dirigió al ver al carnero curarlo justamente allí... Saga no pudo dejar de llevar sus dedos a sus labios, donde Mu lo había tocado con una onda de psiquokinesis, y sumió su mirada en las dos amatistas que lo observaban con preocupación. – ¿Te hice daño? – Mu se inquietó inmediatamente, malinterpretando el gesto del gemelo. – No, no, no en lo absoluto – se apresuró a decir Saga – Todo al contrario... – Bueno, estoy muy contento por ti ya que todo esta bien, Saga – intervino Minos, acercándose a su vez y poniéndose justo al lado de Mu, como para marcar su territorio. – Parece que todo esté bien para ti también – Saga le devolvió la pelota, mirándolo de pies a cabeza, y efectivamente, las marcas que lo cubrían casi habían desaparecido. – Sí, Mu tiene increíbles manos – declaró Minos, sonriendo con todos sus dientes al gemelo con aire entendido – Pueden reparar tanto como cuidar. Y masajear... divinamente – afirmó deleitándose con la chispa de descontento que apareció inmediatamente en los orbes verdes del gemelo. Ese estúpido esquizofrénico era verdaderamente demasiado fácil de enervar... – No es nada extraordinario – cortó Mu, molesto por los cumplidos. – Supongo que no van a bañarse esta noche ¿no? – prosiguió Saga un poco secamente, conteniendo difícilmente la cólera que sentía subir en él ante las insinuaciones del grifo. – No, pensábamos en pasar la tarde muy tranquilamente en la frescura del templo – respondió Minos antes de que Mu tuviera el tiempo de abrir la boca – ¿Y tú? Seguramente tienes mucho que hacer... – A decir verdad, no... Kanon hace un póquer en la casa de Cáncer con cuatro de nuestros compañeros. – ¿Un póquer? Eso le sienta bien – sonrió Minos – Mentiras y artimañas – añadió socarronamente, cogiendo al vuelo la indirecta que Saga le había involuntariamente echado y regocijándose al ver una chispa de ira crepitar instantáneamente en la mirada verde del gemelo. – Hmmmm... ¿ Alguien quiere un té? – cortó Mu, sintiendo que la conversación tomaba un giro peligroso. – Con mucho gusto, Mu – respondió Saga, feliz de encontrar un pretexto para quedarse un poco más de tiempo, aunque en realidad él no era en absoluto un aficionado al té, y dirigiéndole una mirada de soslayo llena de satisfacción al grifo. – Yo también, Mu. Eso me va a relajar – añadió Minos, estirando sus hombros y su columna vertebral – En la continuidad de todos los cuidados prodigados por tus hermosas manos – no pudo dejar de añadir con una sonrisa seductora hacia el carnero y una mirada de soslayo sarcástica hacia el gemelo. Él tampoco era un fanático de té, que más bien iba a darle mucho calor, pero no tenía la intención de dejar al estúpido esquizofrénico a solas con el bello Lemuriano. – Entonces, vamos a instalarnos a en la cocina – propuso Mu. Así, podría vigilarlos a ambos mientras prepararía el agua, prefiriendo no dejarlos a solas juntos en el salón ni un solo instante, porque sentía que la tensión entre aquellos dos no había desaparecido. Se asombraba de que Saga hubiera aceptado quedarse, más aun cuando él evitaba habitualmente la compañía de todos, pero no iba a quejarse de eso. Aunque las circunstancias probablemente no eran las mejores para un acercamiento social, teniendo en cuenta la manifiesta discordia entre el grifo y él. Fueron juntos a la cocina y Minos se complació en sacar las tazas, los platillos y las cucharas, a fin de mostrar al gemelo que conocía bien el lugar y que se encontraba allí como en su casa. Saga y Minos se sentaron cada uno a un lado de la mesa, perpendicularmente, no sin intercambiar previamente una mirada de desafío y Mu sacó unas galletas de jengibre para acompañar el té. Minos lo agradeció calurosamente, porque como todo buen escandinavo, estaba loco por esas galletas de mantequilla tan deliciosas con sabor a jengibre. La conversación derivó en las costumbres gastronómicas y Saga no pudo abstenerse de hacer comentarios sobre el queso de cabra acaramelado noruego. Mu tuvo que voltear para esconder la sonrisa que no lograba a reprimir a pesar de todo su dominio de sí mismo, mientras Minos explicaba detalladamente las sutilezas de la asociación salado / azucarado a un gemelo que quedaba dubitativo sobre la pertinencia de esa asociación, teniendo en cuenta la consistencia maciza del producto resultante alegando que ese tipo de mezcla era mucho mejor cuando estaba asociado con la finura. El té llegó, con azúcar y leche, y Mu guardó para él su té de mantequilla salada que no parecía apetecer a sus dos compañeros, poniéndolos de acuerdo sobre ese punto. Se instaló frente a Saga y la discusión continuó, derivando sobre las lecturas y el ocio de cada uno, y se prosiguió hasta tarde por la noche, tranquilamente en apariencia, pero Minos se impacientaba por ver a ese pajolero intruso de gemelo irse por fin ya que le impedía ligar con el carnero como tenía intención de hacerlo. Lo que no lo contuvo de ninguna manera de lanzar sus habituales guiñadas y sonrisas seductoras al carnero, dando la impresión de una complicidad total con el joven Lemuriano, con gran perjuicio del gemelo, que sin embargo tuvo sus pequeños momentos de connivencia con el carnero, al descubrirse gustos comunes en el medio de la conversación, hasta intercambiar una sonrisa y miradas entendidas, para el gran disgusto del grifo. Lanzándole indirectas sutiles tanto como aceradas, éste intentó hábil y repetidas veces echar al gemelo fuera, pero Saga se regodeaba prosiguiendo con la instauración de nuevos temas para prolongar su presencia con ellos, quedando bien sentado en su silla, mientras Mu era muy feliz de que Saga se haya quedado y se mostrara tan sociable y locuaz. ¡ Era muy simple, en una sola pequeña tarde, Saga había hablado el equivalente a todos los meses pasados desde su vuelta a la vida! Además, tenía una conversación muy interesante y Mu tuvo la impresión de redescubrir al caballero de Géminis. Sin embargo, una tensión cierta quedaba palpable entre el gemelo y el grifo, parecían verdaderamente como dos gallos que rivalizaban, lo que a fin de cuentas hacía la conversación aún más interesante, y Saga debía reconocer que el grifo era brillante. Por fin, Minos encontró un modo muy simple para poner fin a su noche, emitiendo un bostezo y proponiendo que fueran a dormir, porque un nuevo y largo día de trabajo en la biblioteca los esperaba el día siguiente a él y Mu. Mu se ausentó entonces un breve instante para ir por un libro en su habitación para el gemelo, pero ese pequeño intermedio fue suficiente a ambos rivales para volver a lanzar las hostilidades. Para que Saga no se fuera con la satisfacción de haberle estropeado la noche al interrumpir sus trabajos de zapa tan bien comenzados en el taller, Minos decidió engañarlo, no por mentir por ello sino por omisión. Después de todo el gemelo no tenía ningún modo de verificar la veracidad de sus palabras, sino de imaginar efectivamente lo que había podido pasar antes de su inoportuna aparición... Así, cuando el gemelo le deseó cortésmente una buena noche con una sonrisa burlona tanta como satisfecha, Minos le respondió: – ¿Qué crees? Tan pronto como te vayas, proseguiré con Mu lo que habíamos empezado tranquilamente en el taller antes de tu intempestiva llegada... Mu tiene unos labios de los más excitantes y más embriagadores. Exactamente como sus manos – añadió con tono de confidencia y una gran sonrisa, demasiado feliz de ver la reacción inmediata que sus palabras provocaron en su rival, que lo fulminaba con la mirada y contenía difícilmente su ira. – Mientes – gruño Saga entre sus dientes. – ¿Eso es lo que te gustaría creer, eh? Pero voy a decirte más... Estoy como en mi casa, aquí, y la puerta de la habitación de Mu está abierta para mí en cada momento. Aunque me gusta bastante variar los placeres y el taller unas horas antes se prestaba perfectamente a un... acercamiento – murmuró el grifo en tono dulzón y con una sonrisa torva, antes de añadir, más meloso que nunca – Y de hecho, debo agradecerte porque es gracias a ti que tuve la oportunidad de conocer antes de la hora las maravillas de las que son capaces las manos de Mu... Saga contuvo su ira de estallar porque Mu ya estaba volviendo, portador del libro que había ido a buscarle. Hizo un inmenso esfuerzo y contuvo su rabia para no dejar nada ver frente a Mu y lo agradeció, y su furor se esfumó ante la dulce sonrisa del carnero y su mirada franca. Se desvaneció completamente cuando Mu lo sondeó por otra vez con su dulce y cálida cosmo-energía para verificar el estado de cicatrización de sus heridas, y Saga constató con sorpresa que gracias a esa nueva onda de psiquokinesis, los últimos vestigios de las equimosis sobre sus brazos habían completamente desaparecido, los últimos rastros de su sangre escapada de los vasos sanguíneos siendo definitivamente evacuados. Concluyó inconscientemente que lo mismo debía ser de su rostro cuando una caricia suave y cálida lo rozó nuevamente con una dulzura y una delicadeza que lo hicieron sentirse extraño. – Gracias Mu – dijo por fin, cuando Mu acabó. – De nada. Buena noche, Saga – le sonrió el carnero. – Buena noche – respondió el gemelo antes de dirigirse hacia la entrada. Volteó justo para ver al grifo acercarse muy cerca de Mu y preguntarle haciendo remilgos : – ¿Podrías hacerme un nuevo masaje, Mu? Aún tengo agujetas por todas partes en la espalda... – De acuerdo... – asintió Mu mientras giraba hacia él. Y Saga los vio a ambos desaparecer hacia el cuarto que ocupaba el grifo. *** Kanon volvió muy vivaracho a su templo tras su noche de póquer pasada con Shura, Afrodita, Milo y Máscara de la Muerte, los cuales se quedaron toda la noche ya que su pequeña carrera con el grifo había sido cancelada para su gran decepción. El gemelo había ganado una vez más, y con facilidad. Nadie podía vencerlo en ese juego, aunque Máscara de la Muerte no era nada malo en este, pero manipular a los otros, esa era su especialidad, que todos sepan ! Entró en el salón, con una gran sonrisa de autosatisfacción en los labios, para encontrar allí a su hermano de humor insoportable, rumiando solo su rabia mientras iba de un lado para otro en el cuarto principal como un león enjaulado, en una atmósfera eléctrica de la más acalorada, transformando la quietud habitual de su templo en una violenta tormenta sorda y amenazadora, lista para estallar con estruendo en cada momento, porque desprendía tanta tensión e ira que casi se podía percibir una gruesa nube negra y densa coronada por numerosos y peligrosos relámpagos aureolando la bella cabellera en cascada de su hermano. Y pensar que lo había dejado después de la cena en un estado más bien relajado después de haberlo masajeado con el aceite de Mu... – ¡ Saga ! ¡¿ Y bien, qué es lo que te puede poner en tal estado ?!!! – exclamó el gemelo menor, estupefacto e inquieto por su hermano a quien no quería volver a ver bajo los rasgos maléficos de Arles, porque bien tenía que reconocer que su gemelo presentaba todos los signos exteriores de la locura que le caracterizaban cuando su maléfico doble se apoderaba de él, aunque su cabellera todavía conservaba su color azulado, pero ¿ por cuánto tiempo más ? Saga lo fulminó con la mirada, sus ojos lanzaban literalmente chispas que Zeus en persona no hubiera renegado. Kanon suspiró. – No me digas que... ¡¿ Minos es quién te puso en ese estado ?! – ¡ Ese tipo no tiene buenos modales ni algún respeto ! – ¿ Qué es lo que pasó, Saga ? ¿ Descendiste al primer templo ? – adivinó Kanon, porque no imaginaba al grifo haciéndole una visita de cortesía a su hermano. – Sí, quería asegurarme de que Minos no intentara acercarse a Mu. Me incrusté por toda la tarde junto a ellos, pero manifiestamente, ya había comenzado y dio claramente a entender que estaban a punto de... Pero no pudo continuar su frase. Kanon hizo sentar a su hermano en un sillón e intentó calmarlo. Fue entonces que observó que Saga ya no llevaba absolutamente ningún rastro de sus heridas. Definitivamente un gran contraste con unas horas antes, cuando había sido suciamente herido pero planeando sobre una pequeña nube, y ahora estaba echando espumarajos de rabia, pero con buena salud. Bueno, al menos física. – ¿ Mu te cuidó de nuevo ? – Sí – masculló Saga. – Hmmm... Saga... Las otras veces cuando habías vuelto de mal humor, ¿ también era a causa de Minos ? Saga miró a su hermano con aire molesto. – Sí – acabó por admitir. – Eh... ¿Por qué exactamente ? – Lo sorprendí coqueteando con el carnero, meneándose totalmente desnudo en la playa la primera noche y luego cuando casi se ahogó al hacer la carrera con Milo y Máscara de la Muerte, Mu lo reanimó haciéndole el boca a boca... Y ese animal no dejaba de hacer remilgos. – Ah, de acuerdo... Comprendo mejor... ahora – soltó Kanon, casi aliviado – Hmmm... Eh... ¿Los espiabas? – Había ido a dar un paseo a lo largo del acantilado y caí sobre ellos al regresar – explicó lacónicamente Saga. – Ya veo... Escucha, Saga... Eso no sirve para nada... ponerte en ese estado... – Ese tipo me provoca ganas de cometer homicidio con sus maneras falsas y sus comentarios ! – ¿ Y eso de qué te serviría ? ¡ Quizás es lo que él está buscando : volverte loco ! ¡ Es un sádico en conciencia, estoy en buena posición para saberlo ! Pero, espera... ¿ Es por eso que peleaste con Minos esa tarde ? ¿ Por Mu ? – inquirió Kanon, estupefacto. – Sí – reconoció Saga – Al principio, sólo debía tomar el relevo de su entrenamiento y simplemente quería ponerlo en su sitio, pero me enervó tanto con sus estúpidas y desatentas alusiones que acabé por enviarle una onda de energía sin premio aviso... Lo que me devolvió, luego – confesó el gemelo, finalmente aliviado al confesar lo que había pasado realmente. – Y Mu, ¿ sospecha algo ? – inquirió Kanon. – No, no creo, sólo le dijimos que nos habíamos dejado llevar por la acción. Mu me interrogó con insistencia cuándo regresamos a su templo antes de comer, pero pareció haber aceptado lo que le dije. Que Minos te había insultado, lo que es la verdad porque fue con eso que todo empezó, de hecho... – ¿Y cómo Mu tomó el hecho de que te intalaste en su templo esta noche? – Bien, al parecer, hasta parecía alegre de que estuviera allí... – Entonces, ¿ ya ves ? Le gusta tu compañía. Él debe preguntarse por qué fuiste y sobre todo por qué te quedaste, esa no es tu manera de ser, últimamente... – De hecho, fui para devolverle su frasco de aceite de menta y la tensión empezó a subir entre Minos y yo cuando los sorprendí a ambos en el taller, entonces Mu propuso té para relajar el ambiente, lo que acepté para quedarme. – ¿ Cómo ? ¡¿ Bebiste té ? ! ¡¿ Tú ?! – Exclamó Kanon sin poder contenerse de reír a carcajadas – ¡ Hermano mío, sí que te gusta el carnero, eh ! Eh... Espera... ¿ Dijiste que los habías... sorprendido en el taller ? – añadió una vez que logró calmarse. – Sí. Bueno, no verdaderamente... Cuando llegué al templo, no había nadie en el salón y ningún ruido en ninguna parte. Llamé a Mu y me respondió que se encontraban en el taller. Fui inmediatamente allá y los vi... Mu parecía un poco molesto y Minos me miraba con aire furioso... como si yo los hubiera interrumpido. Se hallaba muy cerca de él... – Bueno, Saga, eso no significa nada... Y francamente, un taller, no es muy romántico... – Al grifo, todos los lugares le parecen exóticos para retozar... – Y Mu... ¿ Te dio la impresión de ser sensible al grifo ? – No, no realmente, pero resulta muy difícil saber lo que Mu piensa. Es tan púdico y discreto... No sé absolutamente lo que él siente. No deja traslucir ninguna emoción. Ni siquiera respondía a las miradas que Minos le dirigía. – ¿ Quizás simplemente es porque no siente absolutamente nada por ese estúpido Juez ?! – No lo sé... Quizás simplemente oculta sus sentimientos. Él es tan reservado... – Oye... Por lo poco que conozco de él, Mu parece efectivamente muy reservado y púdico, y no lo imagino cayendo en los brazos del primer desconocido tan rápidamente, aunque sea muy encantador. En mi opinión, Minos trata de volverte loco de celos, y tú caes en su trampa con los dos pies al entrar en su juego... Francamente, Saga, ya viste cuánto Mu está molesto, viste como se puso cuando el grifo se aferró a él en las escaleras... – Quizás sea porque es a cara descubierta y él prefiere más discreción... – Oye... Deja de pensar así y permitir a tu imaginación engañar a tu razón. Te estás haciendo daño, quizás por nada. – Los vi dirigirse juntos hacia la habitación de Minos, al marcharme... – soltó Saga con voz taciturna. – Ah... Esa vez, Kanon no encontró nada que decir. No había nada que añadir... – Minos le pidió un nuevo masaje... – Saga precisó sin embargo, con un gruñido. – Bueno, sólo es un masaje... – Kanon trató de minimizar. – Sí, pero que va a pasar después... – ¿ Quizás Minos va a dormirse bajo los cuidados de Mu ? ¿ Quién sabe ?... Además, sería gracioso, no ? Saga reflexionó un momento. No había pensado en esa eventualidad del todo. Después de todo, sí... ¿por qué no? La idea fue como un bálsamo para su corazón. Sin embargo, el único modo de saberlo era ir a verlo, pero esta vez ¿ qué podría pretextar ? Ya le había devuelto su aceite de menta al carnero. ¿ No iba a traerle ya su libro ? Ni siquiera lo había empezado... Podía hacer muchas cosas a la velocidad de la luz, pero aun así... Como si hubiera leído en sus pensamientos, Kanon siguió : – Saga, de todas formas, no puedes vigilarlos permanentemente, aún menos apostarte tal como un perro guardián ante la habitación de Mu o la de Minos. Trata de acercarte al carnero durante el día y pasar la noche de nuevo con ellos, para llamar la atención de Mu. Eso es todo lo que puedes hacer, y si a Mu le gusta verdaderamente tu compañía y nota que tú buscas la suya, él es el quien dará los pasos hacia ti... Minos no se quedará eternamente aquí, se marchará pronto, entonces tú... Tendrás el campo libre... Saga pareció calmarse. El carnero había mostrado su solicitud hacia él al curarlo y al auscultar el estado de cicatrización de sus heridas, y le había espontáneamente prestado un libro sobre un tema por el cual se apasionaba aunque no le había pedido nada, simplemente al oírlo evocarlo. El recuerdo de esos dos grandes ojos malvas que le sonreían por encima de una fina taza mientras el carnero bebía su té a sorbos, oyéndolo hablar, volvió a su memoria y acabó por calmarlo. Mu no lo había rechazado. Mu no estaba resentido con él, aunque había herido en serio al grifo, a quien el carnero estaba encargado de cuidar. Mu incluso lo había curado y sobre todo había querido compartir ese libro con él. Saga agradeció a su hermano por sus buenos consejos y fue a dormir más sereno que cuando había regresado. Se tiró sobre su cama, decidido a tentar la suerte el día siguiente y echar a ese estúpido Juez que bien acabaría por volver a los Infiernos, de todas formas. Aun podría ayudar a acelerar su regreso allá... Se durmió con esa placentera idea, mecido por el dulce recuerdo de una cosmoenergía suave y cálida, de una mirada malva llena de solicitud, de una sonrisa tierna y una risita fresca y cristalina... *** Gracias por haber leído, espero que les haya gustado. :) Continuación próximamente con el capítulo siguiente : "Cita" ! ;DDD
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