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“Pensamientos de un gemelo” by Ariesnomu / Mu Saga 4 ever (abril 2008, traducido en octubre 2008)
Muchísimas gracias a Karin-san por haber revisado y corregido ese texto !
Parte 2 / 2 : el turno del carnero de honrar su amado ! ;D (Advertencias : NC-17)
Mientras sigue besándome, levanta ligeramente los muslos y con un sútil movimiento de las caderas, me pone dulcemente boca arriba, tumbándome sobre mi espalda, extendiéndose encima mío, apretando su cálido cuerpo sobre el mío como si fuera yo un colchón y rodeándome con sus brazos.
Alza la cabeza y me dirige una mirada ardiente con esas pupilas malvas donde llamea un incandescente horno. Nuestras dos miradas se consumen intensamente al cruzarse.
Sus hermosos ojos afilados transformados en brasas lanzan fuego, tal como un dragón alistado para devorarme vivo o para asarme en su fuego.
Oh, mi bello Atlante es un verdadero dragón en la intimidad, encendiendo efervescentes hogueras, atizando el incendio con vigor y manteniéndolo continuamente con ardor hasta completar la combustión, desencadenando la pasión en todos los poros de mi acalorado cuerpo.
Bajo la calma del caballero leal y sabio hierven las brasas de un amante de lo más ardiente y vigoroso.
Le toca festejar y por la golosa chispa que luce en sus pupilas de fuego, él también tiene la intención de regalarse un cuerpo, mi cuerpo y de sólo pensarlo me hace palpitar por anticipado.
Oh sí, mi bello signo de fuego, cuánto me gusta sentirlo ondular y serpentear sobre mí, gratificándome con las delicias de sus ardientes labios y de sus febriles manos, de sus intensas caricias y de sus fogosos besos.
Sus manos son tan dulces y tan poderosas a la vez, sus labios tan sensuales y su lengua tan viva y revoltosa como un gobio.
Mmmmmmmmmmm...
Cuánto me gusta sentir sus labios volver a dibujar mi cuerpo en ágiles y lentos movimientos o con besos más intensos e insistentes, y chupar mi piel, mordisqueándola ligeramente primero y luego lamiéndola con esmero, como un gatito, demorándose largamente en las zonas sensibles que su pícara lengua cosquillea con asiduidad, atenta a las demostraciones de satisfacción que me escapan ruidosamente, limpiándome con una aplicación extravagante por todas partes y metódicamente.
Y sus manos, con esos largos dedos finos y delgados que me recorren como si estuvieran corriendo sobre las teclas de un teclado, con virtuosidad y sensualidad, rozándome y palpándome con destreza, preparándome y masajeándome con digitación al relajar mi cuerpo, desatando mis nudos y estimulando mis numerosos puntos sensibles como un experto.
Mmmmmmmmmmm...
Mi bello carnero es un táctil cuyo tacto probablemente es uno de los sentidos más desarrollados, por su función de reparador que lo relaciona a las armaduras, posee una tactibilidad realzada por sus asombrosos poderes lemurianos que incrementan tan considerablemente sus percepciones, y él verdaderamente se destaca en el arte de excitar las carnes con sus expertas manos, ajustando la presión con la yema de los dedos sólo lo que se necesita, apretando intensamente o sólo de un roce para erizar la piel, estimularla, agradarla, exaltarla o incendiarla, acabando su obra con un masaje experto de sus ejercitadas palmas.
Y que decir de su larga y sedosa cabellera que deja caer en una cascada sobre mí y que utiliza como una tercera mano cariñosa con innumerables dedos, largos tentáculos de seda que por todas partes a la vez me recubren y me electrizan, intensificando todas las divinas sensaciones de las que me embriaga con sus largos dedos finos y sus impetuosos besos.
Mmmmmmmmmmm...
Oh, por todos los dioses, cuánto me vuelve loco con ese largo cabello que se desliza y serpentea sobre todo mi torso, mi cuello y mis hombros a merced de sus movimientos, inflamándolos con un mero temblor, un ligero roce de su peso o un largo movimiento de conjunto coordinado que me emociona inmediatamente, ondulando como un fino velo que revolotea agilmente por encima de mí con un ligero crujido, como una onda expansiva y ondeante propagada por un trémulo viento, acariciándome deliciosamente por todas partes a la vez.
Sí, mi bello carnero es un táctil hasta la punta de su largo cabello de seda y adoro eso.
Un movimiento ágil me vuelve repentinamente a la realidad del momento, sacándome del dulce e hipnótico éxtasis en el cual ya estaba sumergido al sólo pensar en esas delicias de las que va a regalarme.
Lo veo inclinarse hacia mí, una sonrisa hipnótica en los labios, a la vez dulce y carnicera y al mismo tiempo cargada de exquisitas promesas.
Me ahogo en las llamas de su mirada de fuego y cierro los ojos para abandonarme mejor a las divinas sensaciones que me promete.
Siento su tibio aliento acariciar mi cara e inmediatamente después, sus labios se apoderan de los míos, mordisqueándolos despacio primero y luego devorándolos sin reparos, despues su lengua los lame delicadamente y de inmediato, se entreabren para él como una flor, dejando a la abeja precipitarse para libar su corazón y de nuevo, encuentro su lengua cálida y sensual que se enrolla con la mía y la estrecha con calor, mimándola en movimientos lentos y circulares contra mi paladar que luego inspecciona con fervor, antes de agazaparse en cada rincón y por fin cosquillear mis amígdalas con entusiasmo.
Mmmmmmmmmmm...
Me estremezco de placer bajo sus asaltos, adoro cuando hace eso, sentir su lengua tan cariñosa y tan traviesa palpar mis amígdalas una y otra vez y mimarlas con esa sensualidad exacerbada, en caricias a la vez aterciopeladas y llenas de ardor...
Mmmmmmmmmmm...
Me gusta cuando él toma la iniciativa así, mi ardiente carnero. Gimo más fuerte y aprieto su nuca con mis dos manos, y lo siento sonreír contra mi boca mientras continúa explorando el fondo de mi garganta con una vivacidad interrumpida por largos momentos mimosos.
Oh, sí, cuánto me gusta sentir su lengua flexible y ágil, tan viva y bribona que inspecciona mi glotis como una serpiente que se deslizla hasta el fondo de mi garganta donde con ardor bebe a lengüetadas rápidas y bruscas, husmeando en cada rincón a lo largo de mi laringe, dando vueltas repetidamente, alternando furtivos movimientos con constantes caricias, antes de literalmente deshollinarme con vigor y sin moderación alguna
¡ Por todos los dioses, nadie me había hecho eso así ! ¡ Nunca ! La verdad es que siempre tuve la costumbre de dominar y de ser el explorador, pero cuánto me gusta ser explorado con él y por él.
Su curiosidad mezcla de ardor e impetuosidad me llenan de delicias insospechadas, descubro con él el intenso placer de recibir esas largas investigaciones que me llenan de maravillosos escalofríos.
Y yo soy su única experiencia...
Ese pensamiento me halaga más que quisiera admitirlo, porque me vanaglorio de ser la sola y única persona que recibe esos honores suyos y que no compartiré con ningún otro. Cuidado con él quien sea que intentara apropiarse de mi carnero, él me pertenece y sólo es mío, que a nadie ni se le ocurra acercarsele demasiado, bajo pena de ser expedido inmediatamente a otra dimensión, sin más ni más, a meditar por la eternidad sobre la oportunidad de codiciar la propiedad personal y privada del caballero de Géminis.
Reconozco que soy posesivo, ¿ pero que más puedo hacer yo ? Me enloquece y pensar que soy el único que goza de sus delicias me vuelve orgulloso y egoísta, me llena de alegría, me predispone a sacar las uñas y salirme de mis casillas para proteger de toda codicia ese precioso tesoro que honra cada momento de mi vida, inundándome de felicidad, ese sol maravilloso que ilumina mis días y mis noches desde nuestro regreso de los Infiernos, desde que me ofreció su corazón.
Vuelve a achuchar mi lengua, haciéndola rabiar y excitándola con pequeños lengüetazos antes de chupetearla intensamente y largamente, luego acaba saboreando mis labios lánguidamente, cada uno a su turno, con suavidad y sublimidad.
Entonces, ataca mi garganta y mi nuez de Adán que chupetea perdidamente, haciéndome echar la cabeza hacia atrás para abandonarla mejor a su voracidad, mientras mis manos se pierden donde su espalda pierde su nombre, antes de palpar y malaxar sus nalgas tan deliciosamente firmes y plenas, tan bien redondeadas a pedir a boca.
Mmmmmmmmmmm...
Cuánto me gusta acariciarlas y masajearlas, sentir su carne viva y tan receptiva vibrar bajo mis solícitos dedos, gime fuertemente contra mi cuello y se mueve lánguidamente sobre mí de manera muy sugestiva, frotando una contra la otra nuestras dos entrepiernas ya dispuestas a todo.
Entonces, baja a lo largo de mi cuello que recorre por todas las direcciones, honrándolo con delicados besos rápidamente seguidos por largas aspiraciones y pequeños mordisqueos, gratificándolo por todas partes con chupetones mientras acaricia mis hombros con ambas manos, y con los movimientos que imprime con aplicación, tengo la impresión de que está grabando el símbolo de los gemelos con chupetones por cada lado de mi cuello, demorándose largamente en los puntos sensibles con delectación para encenderlos con su afecto.
Luego dirige su ardiente boca hacia uno de mis hombros para devorarlo glotonamente mientras está mimando el otro, que reesculpe con sus largos y finos dedos, dándole forma, remodelándolo, volviéndolo a moldear, raspando largamente con su palma y con intensidad la parte redondeada para pulirla por fin, luego intercambia y devora lo que acaba de esculpir, primero lamiendo con avidez antes de clavar sus dientes allí y luego cubrirlo de mojados besos.
¡ Oh, por Atenea, es tan delicioso y sólo es el principio ! Me abandono totalmente a esas exquisitas sensaciones, gimiendo sin interrupción mientras manoseo el hueco de su espalda con intensidad.
Continúa su degustación, recorriendo mi clavícula que honra del mismo modo, sigue mimando mis hombros con ambas manos, luego cubre mis pectorales de una lluvia de ardientes besos, volviendo a dibujar todos sus contornos, demorándose largamente en los bordes que lame delicadamente antes de chupetearlos intensamente o de mordisquearlos despacio, llenándome de deliciosos escalofríos.
Por todos los dioses, siento sus labios de fuego incendiar mi piel y luego recubrirla con intensos besos mojados como para apaciguar el fuego creado, pero eso sólo es temporal, las brasas quedan vivas y listas para encenderse y propagarse instantáneamente con los próximos vientos que no tardarán en llegar.
Se acerca cada vez más a mis botones rosados que sólo esperan ser gratificados por sus apasionados besos y pronto los honra uno tras otro con una delicadeza infinita mezclada con una voluptuosidad a flor de piel en cada uno de sus gestos, inflamándolos a ambos de un deseo exacerbado.
Siento primero sus dulces y poderosas manos deslizarse bajo mi espalda y ligeramente levantarla mientras la manosea intensamente, para acercar a sus labios inclinados por un lado uno de mis botones de carne y pronto, siento su boca que se apodera de éste con ternura, envolviéndolo sensualmente en su aterciopelada dulzura y en su invitante calor, tomándolo voluptuosamente entre sus labios que inmediatamente lo aprietan amorosamente y lo aspiran apasionadamente, bebiéndolo como si su vida dependiera de eso, produciendo deliciosos ruidos mojados que sólo aumentan mi excitación y la sensación.
Mmmmmmmmmmm...
Un largo y lascivo gemido se me escapa y lo siento sonreír contra mi aerola mientras continúa honrando mi botón rosado, chupándolo ligeramente entre sus dientes y luego lo acaricia abundantemente con lenguetadas como para consolarlo antes de mamarlo frenéticamente, moviéndolo por todas partes con ansiedad.
Oh sí, sí, cuánto me gusta cuando toma mi botón de carne así en su boca y lo chupetea glotonamente con esa sensualidad que sólo a él le pertenece, aspirándolo impetuosamente, girando su cabeza hacia todos lados y tirando ligeramente hacia arriba lo justo y necesario para excitarlo, y luego lo acaricia delicadamente con la punta de su cariñosa lengua en todas las direcciones, con una languidez electrizante. Entonces, lo envuelve con su lengua y lo hace girar en su golosa boca con voluptuosidad, mientras mueve sensualmente sus labios contra mi aerola como para besarla, levantándola ligeramente también en sus movimientos en una dirección o en otra para galvanizarla mejor.
Mmmmmmmmmmm...
Tengo la impresión de ser devorado crudo y es delicioso. ¡ Por todos los dioses, sí, cuánto me gusta eso, y cuánto sabe hacerlo, mi bello Atlante!
¡ Oh sí, sí, más ! Encerrado en sus brazos y la cabeza echada hacia atrás, me entrego perdidamente a la golosa lujuria de sus labios, llenos y sensuales, levantando mi torso y aferrándome a su espalda, gimiendo lascivamente sin parar y cada vez más ruidosamente, mientras mis botones se levantan aún más por su propia voluntad, para reclamar más y más afecto, para prolongar esos intensos momentos de divinas sensaciones, esas exquisitas muestras de cariño que los embriagan y los llenan de euforia, dejándolos endurecidos y totalmente aturdidos.
Redobla el ardor haciéndome gritar más fuerte y largamente, estoy en el Paraíso, todo mi cuerpo es recorrido por deliciosos escalofríos, él es tan maravillosamente exquisito, y todo esto aún no ha terminado...
Sigue un buen momento honrándolos con suma diligencia hasta que por fin se sienten saciados con todas sus atenciones, dejándolos aún trémulos y frescamente mojados, repentinamente abandonados al aire fresco que contrasta con el intenso calor que los habían envuelto, haciéndolos doblemente tiritar.
Sus largos y delgados dedos los miman tiernamente mientras su boca baja voluptuosamente a lo largo de mis abdominales, siguiendo la línea rectilínea que los separa simétricamente vía mi ombligo, y un mar de largo cabello dulce y fino invade repentinamente mi cuello y mis hombros, recubriéndolos como un largo velo de satén, ondulante y ligero, esparciéndose allí en un ligero crujido embriagador al rozarme despacio.
Ese largo pelo liso y tan sedoso ondea entonces como mil serpientes al deslizarse sobre todo mi torso, en una caricia múltiple y sincronizada de exquisita sensualidad que electriza mi piel sobre cada centimetro cuadrado, mientras él continúa besando mis abdominales ya recalentados por sus largos e incandescentes besos, atizados por largas y ardientes lengüetadas, mientras está incendiando mis costados con ambas manos, con sus largos y mimosos dedos, ahogándome en un océano de sensaciones decuplicadas por la multiplicidad de todos esos puntos de entrada que abrasan mi cuerpo entero en una perfecta sincronización.
Oh, mi bello ángel, está por todas partes a la vez sobre mí como si se hubiera súbitamente multiplicado.
Por Atenea, ya no sé donde estoy, tengo la impresión de ser invadido por todos los lados por diversos asaltantes que festejan simultáneamente sobre mí, presa voluntariamente consentidora de varios amantes febriles y ardientes, impacientes de probarme y palparme por todas partes al mismo tiempo.
Me estimula y me incendia a la vez con sus largos y ardientes dedos, con sus labios de fuego, con su bulliciosa lengua y ahora con sus largos y ondeantes hilos de seda, que por todas partes se esparcen, excitándome deliciosamente, agradándome en sumo grado y haciendo subir aún más la tensión y el calor ya vivo de lo que siento.
Continúa su exploración así, dejando su larga cabellera de seda reemplazar el terciopelo de su boca y el satén de sus largos dedos sobre mis abdominales que como tableta de chocolate se funden instantáneamente bajo su dulce caricia, mientras su rostro y sus manos ahora recorren mi ingle y la parte superior de mis muslos donde se demora a sabiendas, masajeándolos intensamente y besándolos sin tregua, mientras una parte de mí tendida al extremo trata de llamar su atención y sobre todo su afecto, y no puedo impedir que un suspiro de frustración se escape de mis labios ante la súbita lentitud de sus acciones.
Lo siento sonreír contra mi piel. En la excitación del momento, había olvidado cuánto, exactamente como a mí, le gusta hacerme esperar para mejor volverme loco y receptivo a sus atenciones, y sólo puedo reconocer que el placer es aún más inmensamente intenso, la recompensa sobrepasa amplia y sistemáticamente la espera, y bien me pregunto cómo lo alcanza porque cada vez es diferente.
Pero no tengo tiempo de reflexionar sobre eso porque por fin, emigró hacia allí, dónde lo estoy esperando y me envuelve repentinamente.
Lo siento alrededor de mí, su cálida lengua viva y cariñosa que me mima tiernamente, sus ardientes labios que me estrechan amorosamente, su incandescente boca que me acoge calurosamente y no puedo detener un grito seguido de profundos suspiros que bien traducen la intensidad de lo que siento y las delicias con las que me está gratificando.
Me saborea largamente como una golosina, aspirando todo y probándome intensamente por todas partes, luego se echa a jugar con mi asta como si fuera un instrumento de viento, como si fuera una flauta cuyas largas y lascivas endechas suben inexorablemente desde lo más profundo de mi garganta en largos gemidos.
La pule precavidamente, primero con el dorso de su lengua, demorándose largamente sobre la embocadura, luego deja resbalar sus dedos en ligeros roces por toda su longitud, aumentando progresivamente la presión y el ritmo mientras está pinchando lánguidamente mi punto sensible justo bajo la contera, antes de recorrerla con la virtuosidad de sus labios por toda su longitud, depositando pequeños besos incandescentes a lo largo y demorándose particularmente en los invisibles orificios y por fin sobre las bolsas hinchadas del pedestal, haciendo brotar una gama entera de notas de varias octavas, arrancándome gritos incontrolados en perfecta armonía con el tiempo que imprime, mientras sus dos manos agarran intensamente los carnosos globos de mi grupa, mientras su cabello sigue incendiando mis abdominales con su largo y fino velo de seda.
Luego, cambia de táctica, opta por un instrumento de cuerda y me toca como si fuera un violoncelo, utilizando su lengua como un arco, haciéndola lentamente deslizar en primer lugar y luego con más ánimo, zigzagueando por toda la redondez de mi instrumento, subiendo y bajando alternativamente y no se necesita mucho tiempo antes de que largos e indistintamente quejumbrosos gritos se escapen de mis labios sin que pueda contenerlos.
Oh mi melómano carnero... ¿ Pero cómo hace esto?
¡! Por todos los dioses del Olimpo, me vuelve loco, loco de amor, loco de deseo y loco de placer...
Mi cuerpo arde de fiebre y soy presa de un prodigioso aturdimiento, tengo la impresión de sumergirme en un infinito abismo de voluptuosidad y lo manifiesto ruidosamente, agitándome violentamente, y una onda de psycoquinesis a la vez dulce y poderosa debe calmarme y tranquilizarme, encerrando mis caderas con una mezcla de firmeza y suavidad.
Y luego, me traga de nuevo por completo, saboreándome con ardor y voracidad como si no hubiera comido desde hace una eternidad, moviendo su cabeza por todos lados y levantándome en sus impetuoso movimientos, malaxando mi grupa con intensidad mientras su larga cabellera está barriendo mi vientre por todas partes con una embriagante regularidad.
Ya no puedo controlar nada, ni mis movimientos ni mis gemidos que se efectuan sin mi consentimiento en un tumultuoso caos, en una euforia embriagadora que gana terreno y me hace gritar mientras mi cuerpo entero se tensa, febril y entusiasta, al ritmo de los movimientos de sus labios sobre mi asta que chupetea y aspira amorosamente sin interrupción, de su lengua que la acaricia y la estrecha apasionadamente sin parar, de su garganta que la aprieta esporádicamente y tanto más vigorosamente, haciéndome dar vueltas vertiginosamente en ese maravilloso abismo de placer donde me mantiene largamente.
Oh, mi bello Atlante, mi maravilloso amor, sólo él es capaz de ponerme en tal estado de excitación y prolongado éxtasis, ningún otro jamás me volvió tan loco de placer y sin embargo, Dios sabe si tuve amantes, fogosos y dotados, aunque eso no sea mi orgullo
Pero él... los supera a todos... Y sin embargo, yo soy su primero... ¿ Eso es porque él es Atlante ? ¿ O es porque él es un signo de fuego ? ¿ O es porque él me ama y yo lo amo y porque nos gratificamos mutuamente con todas esas demostraciones de ternura tan incondicional, sin cuestionarnos y sin segundas intenciones ?
Ya no soy capaz de encontrar las respuestas a esos interrogantes, estoy laminado por láminas de fondo que me asaltan sin interrupción para enfurecerme en las profundidades abismales de la voluptuosidad.
Siento mi cuerpo levantarse a su propia voluntad y arquearse al extremo para perderse allí, ineluctablemente atraído tal un imán por ese precipicio de sensaciones poderosas y exaltadoras que lo llaman y donde quiero zambullirme por completo para abandonarme totalmente a esto.
Oh, sí, quiero ahogarme allí, quiero sumergirme allí y dejarme llevar en los meandros del placer que me agarran voluptuosamente por todos los lados e inexorablemente me arrastran en su vertiginoso torbellino en el cual quiero aturdirme y consumirme totalmente, ebrio de felicidad.
Me siento flotar indefinidamente en un maravilloso bienestar, como si fuera sobre una ligera y mullida cama de plumas, volando majestuosamente y planeando a mil leguas.
Pero pronto, los abismos se adornan con luces multicolores y desemboco en el espacio infinito, tengo la impresión de atravesar las dimensiones siderales, veo estrellas, supernovas y galaxias.
Ya no puedo aguantar más, ya no voy a contenerme por más tiempo, lo siento, y sin embargo, él hace todo para retenerme largamente en ese estado de euforia embriagadora que sólo es la antesala del más grandioso de los éxtasis.
Y cuando creo que eso no puede ser más maravilloso, entonces un dulce calor me penetra suavemente y me acaricia por dentro, deslizándose despacio pero seguramente hasta alcanzar mi próstata que envuelve e inflama instantáneamente, duplicando inmediatamente la extasiante embriaguez en la cual estoy sumergido.
Oh, dios mío, pero lo que se anuncia es un cataclismo, un maremoto hirviente, siento un tornado de fuego de inigualada potencia subir por mis caderas y arrastrarme en su desenfrenada marcha, mi cuerpo entero se tensa y tengo la impresión de que se enciende.
Y en una explosión cósmica y gutural, oigo un rugido fenomenal que percibo vagamente como mío, pero poco me importa, sólo cuenta esa sensación devastadora y tan sublime que me sumerge y me lleva como si fuera yo una brizna de paja hacia los confines del éxtasis, donde una atenta lengua me mantiene largamente con eficaces caricias y tiernos abrazos.
Oh, dios mío, es tan divino y dura tan largamente, una eternidad, en una lánguidez sin fin...
Mmmmmmmmmmm...
Oh, dios mío...
Estoy al borde de la inconsciencia, me siento ligeramente salir de mi cuerpo, como si yo fuera ebrio y espumoso mientras mi cuerpo se agita en largos sobresaltos sin parar y siento dulces y tranquilizadoras manos acariciar mis caderas y mantenerlas tiernamente, al mismo tiempo que me vacio abundantemente de mi energía y de mi esencia.
Por todos los dioses, es tan delicioso, tan intensamente poderoso, tan maravilloso...
Tengo la impresión de viajar a la deriva hacia el infinito sobre una nube de voluptuosidad, inundado de placer de pies a cabeza, con todos mis músculos totalmente relajados y abandonados, totalmente sumergido en una plenitud de indescriptible intensidad, el cerebro asaltado continuamente por esas embriagadoras endorfinas que prolongan tan deliciosamente esa gloriosa euforia, exaltando y magnificando la del cuerpo, alimentándose copiosamente de éste en un ciclo infinito.
Luego, los espasmos que me sacuden comienzan a atenuarse, siento las últimas ondas de placer lamer mi cuerpo entero en dulces olas moribundas como la resaca a marea baja. El maremoto ha pasado, el ciclón se alejó, me abandono a la calma en un estado de semiconciencia tranquilizador mientras mi languidecido cuerpo se recupera lentamente de sus violentas emociones, aún trémulo por esas prodigiosas sensaciones.
Cuando por fin recupero el sentido, lo distingo a través una espesa bruma de placer, está inclinado encima mío y me sonríe.
¡ Dios mío, cuánto lo amo, lo amo, lo amo !
Me condujo hacia las estrellas y más allá en el más fantástico de los viajes y quiero volver allá, pero quiero regresar allí con él y lo sabe pertinentemente. Entre nosotros, todo es recíproco y eso lo es también.
Quiero pertenecerle y dejarle tomar las riendas para conducirnos ambos hacia nuevas cimas, hacia esas cumbres de suprema felicidad, hacia ese íntimo nirvana, nuestro jardín secreto florido con estrellas y sublimes galaxias, para fundirnos y arder como mil soles en esa grandiosa fusión sin igual.
él es el único al que jamás impediría amarme así, ningun otro nunca tuvo ese honor antes, nunca me dejé poseer, siempre dominé, pero con él es tan diferente...
Tan diferente y tan divino, tan maravilloso, tan delicioso, tan fabuloso...
Oh sí, mi bello carnero, mi magnífico amor, quiero compartir todo con él y darle todo, lo lee en mis ojos y me dirige una mirada hirviente llena de amor absoluto y de infinita gratitud.
Me prepara tiernamente por telequinesis y siempre estoy sorprendido por la delicadeza absoluta y la oportunidad con la cual utiliza sus asombrosos poderes lemurianos.
Luego se inclina para besarme y me acaricia, haciéndome suyo con infinita ternura, lo siento deslizarse en mí con dulzura y precaución, me llena por fin y me siento repentinamente completo, como si esa parte de él fuera parte de mí de la manera más natural que existe.
Me aprieta fuertemente contra él sin moverse, su cara sumida en mi cuello, dejándonos saborear ese intenso momento de unicidad que vincula nuestros dos cuerpos estrechados en la calma absoluta, antes de empezar esa maravillosa danza y ser arrastrados por ese maelstrom de embriagadoras sensaciones que sólo se puede alcanzar por esa danza.
Comienza lentamente entonces y con dulzura, para permitir que me acostumbre a su presencia, luego aumenta progresivamente el ritmo de la danza, lánguidamente primero, luego con más y más ardor.
Lo siento acariciarme deliciosamente por dentro y enviarme divinas sensaciones que se propagan en todo mi cuerpo, irradiándolo con su calor en profundidad donde difunde su llama y enciende mis entrañas, mientras por fuera me rodea con su cálido cuerpo y sus febriles brazos, y me siembra de incandescentes besos con su boca de fuego.
Los frotamientos son intensos y cada embestida me envía colosales descargas eléctricas de exquisita embriaguez, como si un rayo me atravesara de parte a parte en una avalancha de fuego.
Por todos los dioses, es tan delicioso, ondula en mí, ardiente y palpitante en lo más profundo de mí, encendiendo mi pelvis y estremeciéndose alrededor de mí, gimiendo y uniendo su voz a mis suspiros roncos y jadeantes.
Oh mi magnífico Atlante, mi fogoso carnero, mi maravilloso dragón.
Tengo la impresión de tocar el cielo, es fabuloso pero quiero aún más, quiero tocar las estrellas y quiero fusionarme con él completamente y más profundamente, quiero que me desholline literalmente, con ardor, que me golpee con vigor, que me choque con fervor.
Me agarro a él y lo aprieto furiosamente con mis muslos, levantando mis caderas y arqueando la espalda, exigiendo más intimidad y más velocidad.
No se hace rogar y cumple mi voluntad, acelerando el tempo y llevandome más y más lejos con poderosas embestidas que me roban el aire, haciéndome soltar sin interrupción largos y entrecortados gemidos.
Luego, su pelvis me levanta mientras sus caderas ondulan en un movimiento lento y circular, haciéndolo girar deliciosamente en mi carne, intensificando las sensaciones, cambiando continuamente el ángulo de penetración, haciéndola más profunda y extendiendo el campo de sus caricias que me llenan de delicias indescriptibles, multiplicando las sensaciones, amplificando las emociones, repercutiendo las vibraciones, electrizándome continuamente con estupendas descargas eléctricas ininterrumpidas de absoluta delicia.
Oh, dios mío, es tan maravilloso, tan prodigiosamente exquisito, tan intensamente divino, veo estrellas perfilarse...
El placer sube inexorablemente en furiosas olas, en impetuosas rompientes, en tumultuosos flujos y desencadenados rompimientos de un mar encrespado, en el violento torbellino de un nuevo ciclón de voluptuosidad.
Bajo mis barreras mentales para abrírme totalmente a él, quiero pertenecerle completamente y dejarle ver mi espíritu y todo lo que siento por él en ese preciso momento, todo lo que siento gracias a él, todo el amor que él me inspira y la intensa alegría con la que me gratifica.
Nuestras miradas se clavan de nuevo por un momento, la emoción es fuerte en esas luminosas y confiadas amatistas tan límpidas, un amor intenso se lee en lo más profundo de sus sublimes ojos malvas y él también me entreabre su espíritu, ambos se encuentran y se unen mientras nuestros dos cosmos se enredan y se mezclan majestuosamente, vertiéndose el uno en el otro, fusionandose en un grandioso brillo.
El momento de la comunión se acerca. Sus dos manos buscan las mías, se encuentran por cada lado de mi cara al mismo tiempo que nuestras ardientes miradas se cruzan consumiéndose por completo y nuestros dedos se enlazan espontáneamente, estrechándose vigorosamente como nuestros dos cuerpos al borde de la fusión.
Vuelve a bersarme apasionada y tiernamente a la vez, comunicando todo el amor que siente hacia mí y la intensa emoción de ese momento, en ese lánguido beso que resulta aún más maravilloso.
Una nueva embestida y un nuevo cambio de ángulo lo acercan cada vez más a mi punto sensible, siento subir nuevas olas de infinito placer, intensificando aún más las sensaciones, y roza por fin mi próstata antes de golpearla inmediatamente después, multiplicando instantáneamente el placer que explota literalmente en mi pelvis.
Me tenso desesperadamente y nuestros dos desencadenados cuerpos se suspenden subita y simultáneamente en los aires, antes de recaer, sacudidos por interminables sobresaltos en el seísmo de nuestra gloriosa comunión.
Un torrente de fuego me recorre como un tumultuoso río al punto de desbordar, y tal como una imponente apisonadora que se adelanta inexorablemente, un placer de inigualada intensidad me derriba y me arrastra de nuevo en su marcha, aplastándome ineluctablemente con su fenomenal peso, asfixiándome en su prodigioso fuego, laminándome despiadadamente en su indomable avance y aspirándome por completo en su aturdidora espiral, para consumirme por fin en su monumental hoguera.
Me oigo gritar su nombre y percibo el eco que me responde con la misma intensidad, mientras él me llena con su esencia en largos chorros y despego hacia los cielos, más completo que nunca.
Vuelvo hacia las estrellas para una nueva odisea fantástica, pero no voy solo yo, sino con él, esa vez él me acompaña y resulta aún más intenso, al saber que lo que uno siente está enteramente compartido por el ser que uno más ama, en una ósmosis total y una vibrante simbiosis, resplandeciente y radiante.
Nuestros cosmos fusionan en una explosión multicolor mientras ambos derivamos entre las estrellas, imantados por un gigantesco agujero negro donde parece que se concentran toda la voluptuosidad y el éxtasis de la galaxia que nos asaltan y nos atormentan en un irresistible e infinito torbellino.
Oh, amor mío, cuánto lo amo, cuánto lo amo, cuánto lo amo !
Agarrados el uno al otro, nos miramos a los ojos, felices y radiantes, y por fin volvemos a la materialidad de nuestro lecho, él se desploma sobre mí, agotado y sudoroso, sus labios aún trémulos y jadeantes rozando mi cuello, su torso húmedo resbalando sobre el mío tanto mojado como el suyo, sus brazos me estrechan en un último esfuerzo mientras se retira y se acomoda sobre mi pecho para que nos abandonemos abrazados a Morfeo, y pronto, ambos nos dormimos con una sonrisa, satisfechos y colmados, soñando ya con nuestro cariñoso despertar mañana por la mañana...
FIN
***
Gracias por leer, espero que les haya gustado. :)
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