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Estrecha colaboración by Ariesnomu / Musaga4ever (traducción febrero /marzo 2009) Capítulo 1 : Colaboración forzada Un silencio de estupefacción acogió la noticia, que había caído como balde de agua helada. Los trece caballeros de oro estaban arrodillados y cabizbajos en señal de respeto, todos vestidos a excepción de Kanon con sus chispeantes armaduras de oro delante de su venerada diosa, quien de pie frente a ellos llevaba su cetro al lado de su gran Patriarca recobrado y rejuvenecido desde el fin de la guerra contra Hadès. ¿ Habían oído bien ? ¿ Acababa Atenea de anunciarles la próxima llegada al Santuario de uno de los tres Jueces de los Infiernos ? Una nueva vida les había sido otorgada a todos por ultimátum de Atenea ante su padre Zeus todopoderoso, ya que ella había salido victoriosa de su enfrentamiento contra Hadès, quien le había declarado la guerra, como de costumbre. Al mismo tiempo, los dioses habían decidido devolverle la vida al cuerpo original del Dios de los muertos para que primero, siguiera desempeñando su papel, que consistía en acoger todas las almas de los difuntos, a fin de que estos no yerren para la eternidad entre los humanos, sembrando la confusión y el caos sobre la Tierra. Además, Hadès debía proteger Elíseo, que era una de las puertas de entrada hacia el Olimpo. Porque no sólo había sido la primera vez que un dios era asesinado en su cuerpo original, sino también que la destrucción de los Infiernos y de Elíseo había abierto el camino hacia el Olimpo por las distorciones de las dimensiones. Estaba fuera de juicio dejar ese gran pasaje abierto hacia la residencia de los dioses supremos, había que protegerlo a toda costa de cualquier enemigo potencial, tales como otras divinidades que podían ser tentadas a conquistar el Olimpo. Habían decidido que los ejércitos de Atenea y Hadès nunca más deberían enfrentarse, sino colaborar para salvaguardar sus respectivos reinos contra cualquier amenaza exterior y, más aún, para la protección del Olimpo. – Así, como ya lo sabéis – continuaba Atenea – los Infiernos están en plena reconstrucción, habiendo sido totalmente destruidos en el curso de la última guerra, y encima todo fue perdido allí, especialmente la gran biblioteca. Además, dos de sus espectros originarios de Egipto sintieron en su cosmos unos disturbios importantes provenientes de su país natal, dónde se encuentra el Templo de Isis y Osiris. Es posible que las perturbaciones que percibieron provengan de ese lugar. Sin embargo, ese Templo es famoso por ser pacífico, tal y como el de Odin en el reino de Asgard, pero aún no pudo ser localizado. A decir verdad, ignoramos si Isis y Osiris ya se reencarnaron. – Pero, mi Diosa – arriesgó el caballero de Cáncer – ¿ Por qué no despachar una misión de busqueda a Egipto ? – Sería más sabio primero reunir nuestros conocimientos antes de enviar una misión cualquiera, que sea de encuesta o diplomática. En ese caso, nuestra biblioteca, que milagrosamente no fue destruida durante la última guerra santa, contiene informaciones preciosas recogidas a lo largo de los siglos por las precedentes generaciones de caballeros, lo que no es el caso del Templo submarino de Poseidón, que fue inactivo durante más de un millar de años. Y Shion me confirmó que antes y después de la precedente guerra santa en la que él y Dokho lucharon, ningún indicio acerca del Templo de Isis y Osiris o sus reencarnaciones ha sido descubierto. – ¿ Mi Diosa, si la biblioteca de Hadès ha sido destruida y si la memoria de sus espectros no contiene las informaciones de sus precedentes vidas, cual es el objetivo de una colaboración entre nosotros y Hadès? – preguntó entonces el caballero de Escorpión. – Ambos espectros egipcios, Kagaho y Faraón, ya fueron a investigar a Egipto con la autorización expresa de mi padre, porque como ya sabéis, al fin de la guerra, fue decidido que ningún espectro tuviera el derecho de regresar sobre la tierra, salvo para llevar investigaciones cuyo fin sea preservar nuestra seguridad a nosotros tres, los dioses griegos encargados de la protección del planeta, sobre la tierra, en el inframundo y en los océanos. Sólo encontraron algunos indicios sibelinos que no pudieron descifrar, por ello Hadès desea confrontarlos con las informaciones de nuestra gran biblioteca del decimotercer templo. Para eso, decidió despachar uno de sus Jueces como emisario, Minos del Grifo, el único espectro también que no pereció de la mano de uno de nosotros... Atenea hizo una breve pausa, observando atentamente a sus caballeros, antes de proseguir : – Minos se presentará vestido de civil, sin llevar su sapuri, y estará con nosotros durante unos días, el tiempo necesario para que pueda tomar copia de lo que puede interesarle sobre el asunto en curso. Por supuesto, no deberá en ningún caso tener acceso a otros datos de la biblioteca, que permanecen confidenciales, más particularmente todo lo que concierne al Santuario, su organización y sus habitantes. En esas condiciones, deberá constantemente ser acompañado por uno de vosotros, que deberá a la vez guiarlo y vigilarlo. Atenea giró su luminoso y benévolo rostro hacia el guardián de la primera casa. – Mu, te confío esa misión. Serás primero en acoger a Minos del grifo ya que tu templo es el primero del Santuario en el camino que lleva al decimotercer templo y a la biblioteca. Cuento con tus poderes psíquicos para descubrir el menor resbalón del Juez. Por si acaso... ¿ Aceptas esa misión? – Sí, Atenea, acepto esa misión – Mu respondió, inclinando su cabeza en una corta pero respetuosa reverencia. – Cuando Minos se presente a tu Templo, condúcele ante mí para que lo reciba yo, y luego, estarás encargado de llevarlo a la gran biblioteca y acompañarlo donde él desee ir. Tratándose de un huésped de su rango, no convendrá alojarlo en una de las cabañas al pie de las casas zodiacales, y por medida de seguridad, no sería sabio alojarlo en el decimotercer templo o demasiado cerca de éste, entonces, también te pido que lo hospedes en tu templo. – Será hecho según su volontad, Diosa – Mu respondió. – Os pido a todos que no salgáis del Santuario durante todo ese tiempo bajo ningún pretexto, y que llevéis vuestra armadura el día en qué Minos llegue. No será indispensable después, ya que él estará vestido de civil. Sin embargo, quedad vigilantes. Todos los caballeros asintieron de la cabeza y luego se retiraron de la gran sala en silencio, no sin intercambiar miradas que decían todo su entusiasmo al acoger tan rápidamente sobre la tierra sagrada de su diosa venerada a un adversario que, aún unas semanas antes, era uno de sus más feroces enemigos. *** Mu fue de reconocimiento a la gran biblioteca con su antiguo maestro Shion, quien conocía todos sus rincones mejor que nadie en el Santuario. Necesitaron tres días enteros, trabajando sin descanso, para identificar todos los documentos susceptibles de contenir informaciones sobre los templos y reencarnaciones egipcias e hicieron un repertorio para clasificarlos aparte, notando su emplazamiento inicial. Por fin, llegó el día en que Minos del grifo, Juez de los Infiernos, se presentó al Santuario, vestido de una larga capa cerrada por una fíbula que recubría una túnica ribeteada de motivos nórdicos en el cuello y en las sisas, con largos pantalones combinados. Subió las escaleras llegando al primer templo donde Mu lo acogió, revestido de su chispeante armadura de oro, así como lo había pedido Atenea, y luego el carnero lo condujo delante de la Diosa, como estaba acordado, atravesando todas las casas en el proceso. Kanon había sido el único caballero de oro que había encontrado y enfrentado al Juez durante la guerra santa contra Hadès, lo acogió con una mirada glacial, recibiendo a cambio una sonrisa divertida por parte de Minos, que recordaba perfectamente haber jugado con el gemelo después de que su colega Aiakos le hubiera echado al suelo con una fulminante ilusión. Su intercambio corto y silencioso fue cargado de electricidad, prueba que aún todo no estaba olvidado, pero excepto eso, la travesía de los doce templos transcurrió sin dificultad, los otros caballeros se contentaron con conceder cortésmente el paso por su casa, observando, sin embargo, al Juez con circunspección. No habían crecido juntos y no estaban encantados de acoger sobre sus tierras a un antiguo enemigo, que por añadidura era famoso por su crueldad y su sadismo al luchar, Kanon lo sabía bien. No obstante, Mu intentó hacer que se sintiera cómodo al llegar a la biblioteca, donde se quitó su armadura de oro, y luego al instalarlo para la noche en su templo. Después de todo, él tampoco debía estar encantado de encontrarse allí, solo y por añadidura sobre el territorio de los vencedores, blanco de todas las miradas, pocas siendo llenas de amabilidad y muchas reflejando una desconfianza apenas escondida. Él mismo había tenido que bajar solo a los Infiernos unas semanas antes para recuperar las doce armaduras de oro sepultadas entre los escombros, y había sido acogido por Aiakos del garuda, quien se había mostrado muy amable y servicial con él. Posiblemente, la proximidad geográfica de Nepal con Tíbet había sido un elemento que había facilitado los contactos. Lo cierto es que después de haber verificado las armaduras de oro in situ para asegurarse que no faltaba ningún pedazo, se había dado cuenta de que la de los gemelos estaba incompleta, faltaban unos pedazos y Aiakos le había guiado muy amablemente dentro de los Infiernos y ayudado a encontrar los ínfimos pedacitos que faltaban, allí dónde Kanon manifiestamente se había sacrificado contra Rhadamanthys antes de devolver la armadura a su hermano ante el Muro de los Lamentos. Le tocaba esta vez dar pruebas de un mínimo de hospitalidad hacia el Juez que ahora estaba encargado de acoger, sin olvidar las instrucciones de Atenea, que sin embargo no eran incompatibles con el deber de hospitalidad. *** Minos fue gratamente sorprendido. No estaba muy entusiasta con la idea de tener que mendigar la ayuda del Santuario y si no fuera por amor propio, casi sentía no haber sido pulverizado por uno de los caballeros de Atenea como sus dos colegas, para no tener que ser actualmente el emisario de su Maestro y Señor, en esa misión que le parecía humillante. Pero finalmente, aunque la acogida de los caballeros de oro había sido más bien fría, Atenea lo había recibido muy dignamente y no se había mostrado en absoluto ni condescendiente ni infantil como lo había imaginado, y había podido tener acceso como habia sido acordado a la biblioteca, donde los documentos que estaba encargado de estudiar y tomar en copia habían sido preparados, facilitando las búsquedas. Además, tenía un huésped de lo más encantador y agradable, discreto y reservado, claro, pero afable, el único que se había mostrado acogedor, después de todo. Y no lo dejaba indiferente... De hecho, el carnero le había inmediatamente hecho tilín. Hay que decir que tenía un físico poco común, realzado por un color por lo menos inhabitual de ojos y de cabello, con sus grandes orbes violetas en forma de almendras y esa larga cabellera malva, sin hablar de esos dos puntitos rojos en la frente en lugar de cejas, cuya ausencia le confería una mirada extraña, enigmática y casi sobrenatural, a la vez muy dulce y muy penetrante, calma y tranquilizante, realzada por la serenidad absoluta que se desprendía de él. Además, tenía finos rasgos de gran belleza y buena presencia, era muy garboso, con un porte noble y elegante y una silueta esbelta, así como un paso ágil lleno de gracia y gestos delgados que le hacían seguir cada uno de sus movimientos como si estuviera hipnotizado por ellos. Además, su voz tenía una dulzura increíble, tranquila y etérea, casi irreal, hablaba de manera muy pausada y apacible que verdaderamente invitaba a la relajación, y el hecho que fuera un Atlante sólo podía aumentar el carisma enigmático que se desprendía de él. La pícara mente del grifo comenzó a divagar, imaginando muchas cosas y preguntándose sobre los gustos y las prácticas de esos famosos Lemurianos, más particularmente acerca de sus asombrosos poderes psíquicos que les permitían manipular los cuerpos de varios modos. Aficionado a las sensaciones y a las nuevas experiencias, poco temeroso y lejos de ser esquivo en cuanto a esto, estaba muy curioso y ansioso de descubrir hasta cual punto ese poder lemuriano podía encontrar una aplicación en la intimidad, prometiéndose dar vueltas a puntos muy precisos cuanto antes y esperando ponerlos en práctica bastante rápidamente... Sin contar con que el carnero era un signo de fuego y deseaba saber con ansia si bajo la calma aparente que nunca abandonaba, el joven Atlante hacía honor a la incandescencia epónima de su signo en la intimidad. Siendo él mismo un carnero, por añadidura del mes de marzo como Mu, con dos días de diferencia, estaba en una buena posición para saber cuánto un nativo de ese signo podía arder y ser fogoso en la cama. Sí, Mu era alguien tranquilo y muy comedido, dominando totalmente todas sus emociones y tenía maneras dulces y mesuradas, lo que era bastante sorprendente para un signo de fuego tal y como el carnero, signo zodiacal más bien famoso de todo punto por su resplandeciente impulsividad. Probablemente a causa de sus orígenes lemurianos... Sonrió con la idea de ver la pasión desencadenarse sobre su rostro tan sereno y sus hermosos rasgos. Fantaseaba ya totalmente despierto, imaginándolo ser una bomba sexual en la cama y retorcerse de placer, reclamando más de su compañero, gritando como un loco, y luego pagarle con la misma moneda, vigorosamente y ardientemente... El grifo tuvo una sonrisa carnicera y una mirada apenas menos lúbrica. Sí, ese joven hombre era muy interesante por todos los lados y tenía la firme intención de unir la misión con el placer. Además, la esbelta silueta del carnero, así como la forma de su larga cabellera lisa, no hacían más que recordarle a su buen amigo y compatriota Rune del Balrog, con quien solía divertirse, y dios sabía si él estaba dotado de un temperamento de fuego, y no sólo con su látigo. Fue muy feliz cuando Atenea en persona le anunció que estaría acompañado por el caballero de Aries durante toda su estancia en el Santuario. Hasta dormiría en su templo... No esperaba tanto... Sin contar con que el carnero había hecho todo para ponerlo a gusto en la biblioteca. Decidió intentar prudentes trabajos de campo, a fin de tantear el terreno y darse todas las oportunidades por su parte. ¿ Y qué mejor ocasión que la cena de la primera noche para llegar a conocerse ? Habían trabajado duramente todo ese día, esa pausa sí que era bienvenida, la ocasión ideal de discutir sobre algo más que el trabajo y conocer mejor la personalidad del carnero. Al regresar de la biblioteca, Mu le había mostrado el cuarto de baño, los servicios y la habitación donde iba a alojarse, simple pero confortable y dotada de una gran cama. Minos tomó una ducha rápida y mudó su amplia túnica por una camiseta sin manga muy ajustada, particularmente favorecedora, que indiscutiblemente ponía de relieve a su magnífico torso de perfecta musculatura que se adivinaba fácilmente bajo el apretado tejido, resaltando también de muy bella manera las formas redondeadas y pulidas de sus bellos hombros musculosos y de sus cincelados brazos. Luego, se dirigió hacia la cocina para proponer su ayuda al carnero que ya se apresuraba para preparar una copiosa comida fría. Él también había cambiado de ropa y llevaba otra amplia y confortable túnica, aparentemente de tipo lemuriana a juzgar por los numerosos y complicados pliegues que la componían y que desgraciadamente no dejaban ver nada de los tesoros que parecía esconder muy celosamente, aparte de sus largos brazos de cincelada curva. ¿ El carnero era púdico ? Minos sonrió al pensar en lo que encontraría cuando la túnica caería, lo que ya podía adivinar a intervalos a merced de sus movimientos o cuando un ligero y cálido viento que ingresaba por la ventana de la cocina abierta de par en par pegaba el tejido a la esbelta silueta del Atlante. Después de todo, era mucho más excitante así, imaginar y deber esperar antes de descubrir con ojos brillantes la dulce realidad revelada en todo su esplendor. No era tan interesante cuando se sabía por anticipado todo lo que se iba a encontrar. Le gustaban los desafíos y algo le decía que posiblemente, él sería primero en aventurarse en un territorio aún inviolado.... Pero su primera sorpresa fue descubrir que Mu había hecho venir especialidades noruegas entre las mejores, por él, y eso lo emocionó sinceramente. Mu era verdaderamente la dulzura y la bondad personificada. Al oírlo entrar, Mu alzó la cabeza hacia él con una sonrisa y tuvo una mirada sorprendida ante su ropa por lo menos sexy, pero no dejó ver ninguna otra emoción y no hizo ningún comentario, simplemente volvió a su trabajo con esmero, invitándolo cortésmente a sentarse porque la cena estaba prácticamente lista. Sin embargo, Minos notó con satisfacción que Mu parecía apreciar su ropa que contrastaba innegablemente con la más austera que tenía al llegar. Discutieron tranquilamente un poco de todo durante la comida, esencialmente de sus respectivos países, costumbres y por supuesto del clima, tan diferente del de Grecia. La conversación se prolongó por unos momentos en el salón y luego Mu se despidió de su huésped, dejándole su intimidad y retirándose en su propia habitación que señaló al grifo, diciéndole que podía venir a todas horas si necesitaba algo, cualquiera que fuera. Minos lo agradeció, un poco decepcionado de que la tarde se terminara tan pronto, pero aprovechó para contactar a Aiakos, para darle cuenta de su día por medio de una radio, porque se había acordado que pudiera ponerse en contacto con el Reino del Inframundo por esa vía al final del día y por un periodo limitado. Pero por la tarde le vino una idea. Hacía mucho calor y a pesar de la relativa frescura que las espesas paredes de piedra del Templo podían proporcionar, la temperatura aún quedaba demasiado elevada para él que estaba acostumbrado a los rigores de los inviernos noruegos. Era un trabajo de campo un poco directo, pero después de todo... Se levantó y fue a golpear dulcemente a la puerta de la habitación del carnero, que apareció inmediatamente, todavía no dormía y aún llevaba su amplia y confortable ropa lemuriana. – Perdón Mu, pero me preguntaba... ¿ Acaso os bañáis aquí ? Quiero decir... ¿ La isla está rodeada de acantilados, y también de playas, no? – Sí, es exacto ... – ¿ Podría yo bañarme allí, porque verdaderamente, el clima es demasiado caliente para mí, aquí... Mu reflexionó rápidamente, comprendiendo la molestia del grifo y compadeciéndose sinceramente; eso no hacía parte del programa, pero tampoco representaba una amenaza para el Santuario. – Sí, pienso que eso no sea un problema. ¿ Prefieres la mañana o la tarde? Organizaremos el día de trabajo en consecuencia. – A decir verdad, pensaba más bien en ahora... El calor me impide encontrar el sueño y me gustaría refrescarme con un baño tónico. Una ducha fría no es igual, aún acabo de probarlo... El carnero lo miró de hito en hito, un poco sorprendido, pero después de todo... Él mismo había necesitado varios días para aclimatarse al sofocante calor de Grecia cuando había llegado al Santuario la primera vez. Le hizo una seña afirmativa con la cabeza y se dirigió hacia un armario. – De acuerdo. Tomo una toalla. – Gracias, Mu... ¿ Sólo una toalla ? – pensó Minos – Qué lástima... Pero sonrió. Sabía que Mu debería acompañarlo y esperarlo durante todo el tiempo que duraría su baño. Así, podría disfrutar plenamente del espectáculo... *** Mu lo condujo a una pequeña playa muy cerca. Estaba desierta y sólo el ligero y regular chapoteo de unas pequeñas olas que morían en la arena venían a romper el silencio de esa noche tranquila y clara. – Bueno... Aquí, puedes bañarte, es muy seguro, no hay corrientes – Mu anunció mientras se paraba, apartado del mar y poniendo sobre la arena la toalla plegada que llevaba. – Gracias, Mu... Minos empezó a desnudarse, quitando su moldeadora playera para revelar su espléndido torso a la luz de la luna y de las estrellas, y notando que el carnero se sentaba haciendo frente al mar, le preguntó: – ¿ No vienes a bañarte? – No, gracias. Pero no te inquietes, toma todo el tiempo que quieras. Encontraré algo en que ocuparme mientras tanto, la noche está clara, ideal para observar las estrellas - respondió Mu. Minos plegó su playera y la depositó naturalmente sobre la arena al lado de la toalla, cerca del carnero, como si nada, y luego, plantado cerca de y él dándole la espalda, quitó sus pantalones, jugando ligeramente con sus caderas, los plegó y los dejó sobre su playera, y observando a Mu de reojo, luego hizo deslizar despacio su boxer y se volvió hacia él sonriéndole, sin ninguna molestia. – ¿ Espero que esto no te molesta, eh ? No había previsto bañarme al venir al Santuario y no tomé mi traje de baño conmigo - explicó inocentemente, notando divertido la sorprendida mirada del carnero que rápidamente apartó los ojos, molesto. – Ejem, no... Comprendo - farfulló Mu, desconcertado por ese lado muy natural del grifo – Hmmmm... ¿ Si quieres, mañana, iremos a Rodorio para que puedas escoger un traje de baño? – añadió sin mirarle. – ¡ Eso sería perfecto! ¡ Tengo prisa por estar allí. Bueno, mientras tanto, ya voy... ¡ No hay nada mejor que un buen baño de medianoche para estimular la circulación de la sangre y tonificar el cuerpo! ¿ Estás seguro que no quieres venir? – No, gracias, estoy aclimatado aquí , desde el tiempo que vivo en ese lugar – respondió Mu al mirarlo a los ojos. Minos le lanzó una sonrisa vencida pero seductora y se alejó con destino al mar, con su paso felino y seguro, ofreciendo una espléndida vista sobre sus impecables glúteos musculosos, que resplandecían bajo los cariñosos rayos de la luna, y sobre sus largas y poderosas piernas, tan bien cinceladas, mientras su larga cabellera plateada dejaba ver esa parte baja de su espalda donde ella pierde su nombre. Echó una última mirada hacia el carnero al llegar al borde del mar y entonces entró en el agua. Éste era todavía demasiado caliente para él que estaba acostumbrado a bañarse en las glaciales aguas de los fiords hasta en invierno y en los lagos helados de las montañas, pero tomando la temperatura ambiente en cuenta, el mar estaba muy refrescante a pesar de todo y el grifo se complació en zambullirse allí y en nadar allá. Jamás hubiera imaginado que se bañaría en una playa del Santuario, desnudo bajo la luz de la luna y por añadidura, bajo la mirada vigilante de uno de sus servidores más fieles. Así es que la vida estaba verdaderamente llena de sorpresas... Era una lástima que el susodicho servidor no hubiera querido acompañarlo, pero quien sabía, quizás mañana, posiblemente... Mu se quedó sentado en la arena, observando las estrellas y también al grifo de vez en cuando. Era muy extraño a pesar de todo encontrarse allí, en plena noche, para cuidar a un antiguo enemigo, nada menos que un Juez de los Infiernos que tomaba un baño en traje de Adán sobre el territorio sagrado de Atenea. Si se había esperado esto... Aún seguía atónito por la desconcertante facilidad con la que el grifo se había totalmente desnudado ante él, como si fuera algo muy natural desnudarse ante un desconocido, o como si se conocieran desde hacía tiempo. Él mismo era tan púdico y no llevaba nada que pudiese revelar en lo más mínimo algo de su silueta... Pero debía reconocer que la ropa muy ajustada del grifo era de la más favorecedora y que el cuerpo atlético bajo susodicha ropa era de lo más armonioso... Lo observó divertirse tranquilamente en el agua. La verdad era que él también se hubiera bañado con mucho gusto, aunque estuviera ampliamente acostumbrado al calor heleno desde el tiempo que vivía aquí, pero... ¡ No, no con un desconocido, más aún en traje de Adán ! Definitivamente no... Luego, al cabo de un cuarto de hora, Minos comenzó a acercarse al borde, adelantándose frente a él, contoneándose descuidadamente, con sus caderas y sus magníficos hombros musculosos, sus largos y plateados cabellos echados para atrás para descubrir mejor su magnífico torso perlado y chorreante de agua, sus poderosos y relucientes pectorales y sus espléndidos y esculpidos abdominales que brillaban con suntuosos y plateados reflejos de sobrenatural belleza, realzada por el resplandor de las gotitas cristalinas que centelleaban como diamantes. Se parecía a una aparición divina de lo más sorprendente, tal Apollon saliente de las aguas bajo la benévola mirada de su hermana la luna, cuyos delicados rayos iluminaban su majestuoso cuerpo, jugando con las perfectas líneas y las redondeces de los salientes músculos de su torso y de sus cincelados brazos. Pero apenas salió del agua, la gran toalla que Mu había traido apareció delante de él, escondiendo su escultural desnudez a toda indiscreta mirada. Qué astuto era el carnero... Minos sonrió, pero no iba a darse por vencido tan fácilmente, atrapó la toalla y se envolvió con ella, marchó tranquilamente hasta llegar a la altura de Mu donde se encontraban su ropas, y solamente entonces comenzó a friccionarse, entreabriendo sabiamente los faldones de la toalla sobre su anatomía, como si nada, estirándose como un gato y sacudiendo su cabellera indolentemente. -Qué prácticos son tus poderes... – comentó Minos. Mu sólo se contentó con sonreír. – Muchas gracias, Mu. Eso me hizo un bien inmenso, creo que voy a dormir, por fin... ¿ No me demoré demasiado? – No, nada en absoluto – respondió simplemente el carnero. – No me había bañado bajo la luz de la luna desde hacía una eternidad... De hecho, no tenia la oportunidad de admirar el cielo estrellado desde hace bastante – añadió pensativamente el grifo. – ¿ No tienen medio de ver las estrellas desde el Infierno ? Me pareció haber visto una bóveda celeste allí... – Sí, es verdad pero esto no es lo mismo... Sólo es un reflejo de la realidad, un espejismo... Observaron las estrellas juntos, buscando sus constelaciones respectivas y luego Minos se volvió a vestir y subieron hacia el Sanctuario discutiendo tranquilamente, admirando las estrellas al marchar, lo que hizo que el grifo tropezara dos veces y se agarrara al útimo momento del cuerpo deliciosamente firme del carnero. Éste se tensó, sorprendido por la torpeza y el descuido del grifo pero acabó sonriendo ante la cara contrita del Noruego que se deshacía en disculpas y finalmente, ambos se rieron , intercambiando una mirada casi cómplice. Regresaron y cada uno volvió tranquilamente a su habitación para una buena noche de descanso. *** El día siguiente por la mañana, Minos tuvo una nueva sorpresa, la de encontrar leche cuajada y suero para el desayuno, por los que estaba loco, como buen Noruego que era. Mu se había verdaderamente bien informado sobre las costumbres de su país y había pensado en todo, o casi. Sólo faltaba una cosa, bastante especial a decir verdad, pero se prometió remediarlo personalmente para los próximos días, mientras observaba pensativamente al carnero saborear su queso de leche de yac y su té con mantequilla salada. Pero por eso, tendría que pedirle ayuda a su amigo Aiakos, esa misma tarde... Entonces, después de su desayuno, subieron de nuevo hacia la biblioteca para seguir sus investigaciones y Minos no pasó desapercibido durante la subida y la travesía de los doce templos, atrayendo de nuevo todas las miradas, sólo que esa vez, éstas habían perdido toda su frialdad y se abrían desmesuradamente por el estupor, estupefactas con admiración al verlo. Lo habían visto llegar el día antes vestido con una amplia túnica austera y cubierto por una larga capa, y aquella mañana, los caballeros de oro lo descubrían llevando una playera sin manga muy muy ajustada a su cuerpo, y unos pantalones muy ajustados también, que moldeaban sus torneadas piernas como si fueran una segunda piel, haciendo sobre él tanto efecto, o casi , como podía tener el famoso y mítico cinturón de la diosa Afrodita, haciéndolo irresistible a casi toda mirada que se ponía en su longilínea y elegante silueta. Además, se hallaba muy cerca del carnero que trataba cortésmente de restablecer el espacio entre ellos pero Minos siempre encontraba un pretexto o un medio para acercarse sistemáticamente al bello Atlante, dirigiéndole pequeñas miradas cómplices, cuando no eran francamente guiños de ojo, coronadas por una sonrisa casi zalamera, tanto que Mu se preguntó si sería la leche cuajada o el calor ya sofocante lo que provocaba ese extraño comportamiento en el grifo. Ambos formaban una imagen rara, el carnero prudentemente vestido con su habitual ropa lemuriana amplia que cubraba todo, y el Juez en su ropa muy sexy, tan ajustada que lo desnudaba más de lo que lo vestía. Unos caballeros de oro empezaron a cotillear pero no estaban al cabo de sus sorpresas porque al responder una pregunta insidiosa de uno de ellos, Minos explicó sin rodeos que soportaba difícilmente el clima de Grecia, demasiado caliente para él, y si la súbita metamorfosis vestimentaria del grifo los habían dejado atónitos, lo fueron aún más al oír de la boca de éste que la noche anterior, había tomado un baño de medianoche según las normas, es decir en traje de Adán, bajo la atenta mirada de su acompañante oficial, lo que no dejó de poner incómodo al carnero. Por lo visto, la noticia del baño de medianoche de Minos se propagó en todo el Santuario casi a la velocidad de la luz, haciendo glosar furiosamente y provocando que unos fueran envidiosos, siendo curiosos por admirar en traje de Adan al bello Noruego, cuya playera ajustada y los pantalones estrechos no dejaban nada a la imaginación, todo al contrario, realzaban su larga y esbelta silueta y daban valor a su perfecta musculatura. - ¡ Y bien, es que nuestro carnero ya se divierte bastante, como si nada ! Me pregunto que hacen por la noche en el templo... – Y todo el día en la biblioteca... – Valdría la pena subir hacia acá como si nada para verlo... – ¡ Excepto que si eres tú quién vas allá, va a parecer sospechoso! – No sé qué daría yo para ser un pequeño ratón y poder deslizarme allá arriba... – ¡ Es que lo va a espabilar, a nuestro casto carnero! Una gran carcajada acogió esas últimas observaciones. Es que el comportamiento y la apariencia del grifo provocaban cierta curiosidad, desatando jovialmente las lenguas y los comentarios llovían en las arenas durante el entrenamiento de la mañana, mientras Mu prestaba asistencia a su huésped de los Infiernos en la biblioteca. Pero un caballero no se reía, lo que no sorprendió más que eso a sus compañeros, porque de todas formas, él solía estar de humor taciturno, y siempre se mantenía aparte de los otros. Pero aquella mañana, tenía una cara aún más sombría que de costumbre. Había vuelto tarde la noche anterior, como de costumbre y había dormido muy mal, el sueño agitado y estropeado por una contrariedad muy fuerte. Y sin embargo, todo se había presentado con los mejores auspicios mientras volvía de su pequeña caleta preferida. La noche era clara, hermosa y fresca. Mientras contemplaba las estrellas, había largamente reflexionado sobre lo que su hermano le había aconsejado. Y por fin se sentía listo. Sí, se sentía mejor en su cabeza. Sí, había acabado por aceptar el pasado por lo que fuera. Sí, tenía él que seguir adelante , dejar atrás esas funestas memorias y todos esos sufrimientos para reconstruirse, porque sí, él también tenía el derecho de ser feliz. No, no podía borrar lo que había hecho. No, no podía volver atrás, y sí, debería vivir con eso. Ysí, iba a vivir con eso. Por fin, percibía la luz. Tanto tiempo había temido no ser capaz de vivir como si el pasado nunca hubiera existido y tanto había temido la mirada de los otros. Y sin embargo, desde su regreso a la vida, sus compañeros de armas habían hecho todo para ponerlo cómodo, haciendo tabla rasa con el pasado, habiendo perfectamente comprendido que él no había sido responsable de sus actos y que probablemente había sufrido más que ningún otro, al asistir impotente a sus propios crímenes que no pudo impedir a pesar de su voluntad. Sí, todos le habían perdonado. Salvo él mismo . No lograba perdonarse y se encerraba en una soledad y un mutismo obstinados que finalmente lo destruían tanto como su doble personalidad de antaño. Pero por fin, lo había aceptado. Ya se había reconciliado con su hermano y ambos habían rápidamente recobrado la complicidad de su infancia, sólo le faltaba volver a establecer los lazos que lo habían unido a sus otros hermanos de armas, antes de la tragedia. Estaba volviendo de su playa preferida con el espíritu libre y el corazón más ligero, liberado por fin de sus demonios y decidido a acercarse a sus compañeros de armas, a dar por fin esos primeros pasos que tanto temía. Más especialmente hacia uno de ellos, si tenía el ánimo, porque solía huirlo prácticamente como si fuera la peste desde su ressurección. Y sin embargo... Era precisamente él que hacía latir su corazón... Volvía tranquilamente, caminando a lo largo del acantilado que bordeaba la costa, como de costumbre, en la tranquila y silenciosa noche, el murmullo de las olas que venían morir en la arena siendo el único ruido que venía romper el aire en un dulce murmullo regular y mecedor. La luna brillaba clara en lo alto frente a él, reflejándose perfectamente en las sombrías aguas, y parecía sonreírle hasta en sus reflejos en el horizonte. Pero pronto percibió a lo lejos una forma que se movía con agilidad en las olas y una silueta sentada en la arena frente al mar. Sorprendido, disminuyó su paso y observó la escena. Reconoció la larga cabellera malva del carnero así como su cosmoenergía dulce y tranquilizadora, y la melena plateada del grifo en las aguas. Entonces,vio al Juez de los Infiernos acercarse a la playa contoneándose ligeramente en el proceso y tuvo la sorpresa de descubrir que estaba en cueros, haciendo frente al carnero que esperaba tranquilamente sobre la arena, vestido de su habitual ropa atlante. Una toalla apareció súbitamente delante del grifo, ocultando su anatomía de toda mirada, y vio cómo el Noruego se bamboleaba prácticamente al acercarse al carnero, descuidadamente envuelto en la toalla, y cómo comenzó a apartar los faldones de ésta para secarse al lado del Atlante, poniendo su anatomía al descubierto sin ninguna molestia. Una sorda cólera amenazó con estallar entonces en él. ¿¡ Pero qué eran esas maneras !? Sabía que los escandinavos eran bastante liberales sobre las cosas de la desnudez pero... ¿ Estaba soñando o el grifo estaba flirteando con el carnero ? Y luego, tropezó dos veces, agarrándose como de casualidad al joven Atlante y casi se lo llevó con él en su caída. Después, ambos se echaron a reír como si fueran viejos amigos y finalmente habían vuelto al templo del carnero... ¿ Es que el carnero estaba flirteando con el enemigo? Eso lo había fuertemente contrariado, hasta un punto que nunca hubiera sospechado y por eso, poco había dormido. Bien había visto las maniobras del grifo la noche anterior en la playa, y esa mañana lo encontraba vestido con ropa muy ajustada, o mejor dicho indecente, y había observado cómo se tenía prácticamente pegado a Mu, dirigiéndole ojeadas sin parar y una sonrisa de la más seductora. Esa situación no le gustaba en absoluto y eso era poco decir. ¿ Pues, qué estaba buscando el grifo? ¿ Trataba de pervertir a un representante de la élite de Atenea, por añadidura al más puro de ellos ? ¿ Y quién se creía para permitirse tal comportamiento y tal familiaridad con el carnero en tan poco tiempo? No, Saga no tenía ganas de reírse esa mañana y no eran los desagradables comentarios de sus colegas sobre el caballero de aries los que iban a mejorar su humor. Durante la subida de las escaleras que había podido observar desde la entrada de su templo, había atentamente seguido al Juez de los Infiernos con una mirada que decía bastante bien lo que pensaba de eso, dejando ver claramente que iba a vigilarlo muy atentamente. *** Gracias por leer, espero que les haya gustado. Siguiente capitulo ''Animación'' aquí ! ;) . ;) Dejar un comentario :
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