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“Estrecha colaboración” by Ariesnomu / Musaga4ever (traducción marzo / abril 2009) Capítulo 3 : Rivalidad Parte 1/2 : El día siguiente, temprano por la mañana, mientras acababan de levantarse, un recadero vino para llevar al templo de Mu un paquete destinado a Minos. Éste había prevenido al carnero que esperaba algo y recibió con encanto el paquete que aguardaba, con los ojos brillantes de alegría y una sonrisa abierta de punta a punta. – ¿ Hay lugar en tu frigorífico, Mu ? – – Eh... sí, ¿ por qué ? – ¿ Podría utilizarlo para poner esto, por favor ? Y uniendo el gesto a la palabra, deshizo el pequeño paquete y esgrimió alegremente varios pequeños paquetes transparentes de forma cúbica, cuyo contenido de color moreno parecía macizo. Llevaban etiquetas adornadas con dibujos de cabritas y un pequeño friso de motivos nórdicos. – Eh... Sí, claro. ¿ Qué es eso ? – ¡ Es una sorpresa ! Hay uno para ti también. Espero que te guste... Mu abrió los ojos con asombro mientras Minos sonreía radiante. Minos le ofreció una especialidad típica de su país que había pedido expresamente, tras largas y difíciles negociaciones con Aiacos la noche anterior : queso de cabra acaramelado, llamado brunost o geitost, un orgullo totalmente noruego que se suele tomar en cualquier desayuno digno de ese país y que se presenta bajo la forma de un grueso trozo moreno, que se suele cortar en rebanadas por medio de un rebanador de queso, otra especialidad escandinava, y como no hacía las cosas a medias, Minos había pedido también un magnífico rebanador de plata esmeradamente cincelado y adornado con diseños florales y espléndidos símbolos vikingos. Le alegraba tanto poder hacerle probar esa maravilla al carnero, porque su país conservaba celosamente el secreto de esa especialidad, la cual ni siquiera exportaba, y que no dudaba que Mu apreciaría, porque dijera Aiacos lo que dijera, era mucho más refinado que el queso de leche de yac nepalés o tibetano que lo había visto saborear la tarde anterior. Siendo abierto y siempre dispuesto a someter nuevos platos a prueba, Mu aceptó probar la cosa y contuvo cortésmente una ligera mueca cuando susodicha cosa agredió sus papilas gustativas. Era... Cómo decirlo... Original. Asombroso. Sorprendente. No completamente horrible, pero... tampoco era una maravilla... Admitía que todo el mundo no podía estar loco por el queso de leche de yac de su Tíbet natal, el chura, que tenía un sabor muy particular, eso era claro, ni hablar de su consistencia, o por el té con mantequilla y sal, también muy especial, pero... eso era aún más raro... Pero con mucho pan, resultaba comestible. Verdaderamente con mucho pan... Dirigió una sonrisa cortés al grifo quien irradió literalmente alegría. ¡ Por fin, alguien civilizado qué sabía apreciar las buenas cosas ! ¡ Vaya que Aiacos iba a oírlo, esa noche ! Sin embargo, fueron interrumpidos repetidas veces durante su desayuno por caballeros de oro que descendían antes de la hora habitual a las arenas, para el entrenamiento diario de la mañana. Por supuesto, los recién llegados no dejaron de entrar para saludar a los ocupantes del primer templo, por si acaso podían sorprender una escena equívoca o deliciosamente picante, lo que algunos creyeron de entrada al oír unos profundos y largos suspiros de satisfacción que emanaban del grifo y que no dejaban ninguna duda posible, pero sólo fue para descubrirlo deleitándose con una cosa innominable, maciza y morena, y para colmo, todos tuvieron que probar una rebanada del indefinible brunost que, ineludiblemente, o les lastró el estómago como plomo para el entrenamiento de la mañana, o casi los ahogó al tragarlo y provocó que tuvieran que regurgitarlo poco elegantemente al salir de la primera casa. Señalando a los caballeros que aparentemente descendían en ropa de entrenamiento, Minos preguntó : – ¿ Os entrenáis cada día ? – Sí – respondió Mu sin dar más información. – Nosotros también, y debo decir que eso, lo extraño... Dime Mu... ¿ Crees que yo podría entrenar aquí ? Bueno, no con vosotros, comprendo perfectamente que no debo asistir a vuestros entrenamientos para que vuestras técnicas de combate guarden sus secretos, pero... sería sólo para mantenerme en forma física... ¿ Acaso aceptarías medirte conmigo en combate cuerpo a cuerpo ? Yo me sentiría muy honrado si aceptaras... Mu reflexionó un momento. Puesto que sus técnicas de caballeros no eran reveladas durante el entrenamiento... Además, a él también le gustaba mantener su forma física y sus reflejos, pero al deber ocuparse del grifo ya no podía entrenarse con sus compañeros de armas. Además, Minos era un extranjero cuyos métodos de combate él desconocía totalmente, lo que podía proporcionarle un reto interesante. – No te lo puedo garantizar, pero... Lo preguntaré para saber si tengo la autorización de hacerlo... – Gracias, Mu... ¡ Bueno, creo que mientras tanto, se adelanta un nuevo día de búsquedas ! – ¡ Sí, en efecto ! ¡ Vamos !... Y con eso, empezaron la larga ascensión de las escaleras, el carnero vestido con su ropa habitual y amplia que cubría todo, y el grifo con su playera muy ajustada y sus pantalones sexy. Minos intentó inmediatamente acercarse al joven lemuriano con el pretexto de protegerse del sol ya muy ardiente, pero Mu hizo aparecer por telequinesis una sombrilla XXL prestada por Aldebarán, que desplegó encima de ellos con una gran sonrisa para proporcionarles la sombra salvadora y garante de su distancia con el juez. Eso deslumbró literalmente a Minos, quien se sentía sinceramente emocionado por las atenciones del carnero hacia él. Sin embargo, eso no le impidió de ninguna manera acercarse a su tan atento cuidador, todo lo contrario, lo animó más bien a hallarse aún más cerca de él para que ambos puedan gozar de la sombra protectora, y la sonrisa de Mu murió sobre sus labios en una expresión de resignación. *** – ¿ Entonces... prospera ? – ¿ Qué ? ¿Las investigaciones ? – No, el romance del siglo... – No lo creo... – ¿ Pensáis que va a lograrlo ? – Según vosotros ¿ cuánto tiempo más ? – Hmmmmm... Cierto tiempo, por no decir una eternidad, en mi opinión... – No se presenta muy bien, en efecto... – ¡ No, no lo pienso ! ¿ Qué apostáis ? – Nuestro carnero no parece dispuesto a someterse... – Es que es bastante terco, como cualquier bestia de cuernos que se respete... – No, yo creo que él es sentimental y que su pretendiente no es de su agrado... – ¡ Es que se hace el difícil ! – Claro, porque a mi parecer, no le faltan argumentos a su pretendiente ! Está más que bien arreglado y tiene un porte muy noble... Yo no le diría no... – Sí, pero... Bueno, el queso de cabrita acaramelado... – Salvo que uno, el carnero es el en que puso sus miras, y segundo, tú ya estás con alguien, conmigo para ser preciso... – Eso no impide nada... -¡¡¡¿ Qué ?!!! – ¿ De qué estáis discutiendo ? – preguntó Máscara de la Muerte al llegar con Milo a las arenas donde tres cuartos del Santuario ya estaba reunido, más temprano que de costumbre y parloteando ruidosamente sobre su asunto favorito del momento, es decir la posible romanza entre el carnero y el grifo, a la vez que esperaban el principio del entrenamiento. Minos sólo llevaba tres días en el Santuario, pero los chismes ya corrían ligeros. Es que el carnero y el grifo estaban todo el tiempo juntos, debido a las circunstancias, y el grifo ligaba abiertamente con el carnero, que quedaba perplejo ante sus asiduidades, pues estaba poco acostumbrado a este tipo de comportamiento, lo que divertía mucho a sus compañeros que los observaban y hasta apostaban entre ellos, haciendo subir el importe de lo que estaba en juego. Se había rápidamente vuelto el principal tema de conversación del Santuario y hasta asunto de grandes especulaciones : ¿ El carnero de oro acaso cedería a los encantos y a las asiduidades del tenebroso grifo ? Hasta Shaka y Aldebarán hacían sus apuestas, divertidos al ver el interés marcado que le inspiraba su joven e impasible amigo a un antiguo enemigo que manifiestamente estaba encaprichado por él. Incluso Shion sonreía de tal situación. No había tenido la suerte de ver a su discípulo crecer y lo descubría en cierto modo como sus compañeros y subordinados, todo adulto de un solo golpe, pero con la ternura mezclada con el orgullo de un padre. Sin embargo, algo lo molestaba en las intenciones del grifo que no percibía como totalmente sinceras, razón por la cual se inquietaba un poco. Conocía el tierno corazón de Mu y no quería que sufriera, la vida ya lo había suficientemente y duramente puesto a prueba, por culpa de un gemelo esquizofrénico y megalómano, aunque, al mismo tiempo, eso era parte del aprendizaje de la vida... Después de todo, Mu ya había pasado la edad de ser protegido y se había desarrollado con el temperamento independiente a causa de su exilio forzado de trece largos años, no era por ello justo en cierta forma que fuera asfixiado por un paternalismo fuera de lugar. Por ello, Shion optaba por dejar suceder las cosas sin intervenir, no obstante, estaba listo para acudir y ayudar a su ex-discípulo si la situación llegara a ameritarlo. Mientras tanto, todos andaban con suposiciones y los rumores llovían constantes todo el día. Por lo que Milo y Máscara de la Muerte los incrementaron al narrar con lujo de detalles a sus compañeros lo ocurrido de la noche anterior. – Entonces ¿ vistéis los trajes de baño que se ofrecieron mutuamente ? – Sí ¡ y son más bien sexy! Especialmente el del grifo... – ¡ Sí, casi es un tanga ! – ¿ Qué ? ¿ Y Mu es quién lo escogió ? – Parece que no... – ¡ Jujuju ! ¡ Hubiera querido ser un ratón para observarlos en la tienda elegir y probar esos trajes de baño ! – Es curioso, no los vimos pasar para irse al pueblo ayer. Sin embargo, los acechábamos a la salida del Santuario, escondidos detrás de matorrales... – Creo que Mu les teletransportó porque así fue cómo regresaron... – ¿ Piensas que sospechaba algo ? – No, creo más bien que estaba harto de tener al grifo literalmente pegado a él durante toda la bajada de las escaleras todo el día... Una carcajada general acogió ese último comentario. Era verdad que el Juez estaba prácticamente aglutinado al pobre carnero como un pulpo aferrado a su peñasco. – ¿ Y pués ? ¿Hicistéis una carrera anoche ? – Sí, incluso hicimos una carrera de relevos y Minos tuvo un calambre, y Mu tuvo que hacerle el boca a boca, y curó su calambre por psicoquinesis, y pareció que le complació mucho... – ¿ A Mu ? – ¡ No, al grifo ! – ¡ Pero, es que se está adelantando ! – Bueno, la verdad, no lo sabemos, por cierto. Mu parece tan tranquilo e indiferente, no muestra nada de sus sentimientos por si acaso tiene unos... – Absolutamente, y aún me parece distante con el grifo. Cortés y atento, por cierto, pero distante a pesar de todo... – ¿ Quizás simplemente oculta sus intenciones ? Él es más bien reservado... Vaya, veremos esa noche, debemos hacer otra carrera ya que Minos no pudo terminar la de ayer... – Y es que ese bribón va defendiéndose muy bien, me dio mucha guerra ! Tuve que pelear para alcanzarlo, él me había adelantado ¡ qué animal ! – ¿ Necesitáis un árbitro ? Porque me apetecería juntarme a vosotros... – ¿ Para echarle un ojo a su tanga ? – No es un tanga... – ¡ Casi es uno ! – ¿ Y bien? No hay nada malo en admirar la belleza ¿ no ? – Salvo que tú estás conmigo ¡ y quedas así ! – ¡Jujuju! ¿ Será que estás celoso ? Pero qué adorable... – Yo te enseñaré si es adorable... – ¡ Sí, sí, sí, andad ! ¡ Una pelea, una pelea ! – ¡Sí, demostrad lo que tenéis en el vientre ! Por lo que una gran carcajada se hizo oír, y los dos protagonistas aludidos, es decir, Shura y Afrodita, tomaron posiciones en la arena bajo la mirada divertida de sus compañeros. Así su duelo señaló el principio del entrenamiento. *** Pero un caballero de oro escuchaba esos comentarios y miraba aquellos juegos y apuestas con disgusto y desprecio desde su apartada ubicación. Bueno, era un eufemismo. Pensaba que el Santuario había caído muy bajo si no tenían otro asunto que esas preocupaciones... En cuanto al principal aludido, al objeto de aquellas especulaciones, Mu, pues... el corazón de Saga se le oprimía de sólo pensar que el joven lemuriano pudiera sucumbir a las proposiciones del grifo... Porque sentía una atracción muy fuerte hacia el carnero, pero nunca se había atrevido a acercarse a él desde que regresaron a la vida. Estaba demasiado molesto ante ese joven quién le había hecho frente repetidas veces en el pasado sin nunca dejarse impresionar por él, incluso mofándose abiertamente de su autoridad ¡ aunque sólo era un niño de siete años ! Y además, había asesinado a su querido maestro, había tratado de eliminarlo en dos ocasiones y había exterminado a su mejor amigo durante la guerra santa contra Hades, antes de obligarlo a utilizar un ataque prohibido por Atenea en persona... Sin hablar de aquellos trece años de impostura y tiranía llenos de vicios, años durante los cuales el joven carnero, por su culpa, había sido condenado a un exilio forzado, lejos de todo y aislado de todos, lejos de sus amigos, lejos del Santuario que era el centro de su vida dedicada por completo a la diosa y donde tenía su única familia, sus compañeros de armas... Difícil en esas circunstancias acercarse a alguién que te atrae, dificil cuando se han acumulado tantos crímenes imperdonables, que constituían unos tantos graves handicaps e imborrables cicatrices para seducir un corazón tan puro como el del lemuriano... Sin embargo, Mu no parecía estar resentido con él, nada en su mirada o en su manera de ser con él cuando se cruzaban denotaba rencor, amargura o desprecio, y con su apertura de ideas hasta se había acercado en papel de amigo a caballeros tan opuestos a él como Máscara de la Muerte o Afrodita, quienes, sin embargo, no lo habían estimado cuando había llegado al Santuario de niño, y que también habían tratado de masacrarlo al regresar como falsos espectros de Hades, antes de regresar inmediatamente y sin honor al Reino de los muertos a mano de un carnero imperial. Quizás él también hubiera podido acercarse a él, como sus antiguos compinches que habían sido sus asesinos personales durante aquellos trece largos años, pero Saga no se sentía con fuerza para enfrentar la mirada franca y límpida del joven lemuriano. Aún se sentía culpable e incapaz de aproximarse a él tan sólo para iniciar una trivial conversación, aunque sin dudas, con su habitual dulzura, el carnero no le hubiera rechazado. Entonces, lo observaba de lejos, contemplando de reojo su hermoso rostro etéreo y su paso seguro y ágil impregnado de tanta gracia, soñando con el día en qué se atrevería por fin a acercarse a él, sufriendo en silencio y solo en su rincón por no tener el coraje de dirigirle la palabra más que lo cortésmente necesario. Sufría tanto más esos días en cuanto que observaba con malos ojos las maniobras del grifo, las cuales tenían el don para ponerlo de muy mal humor. ¡ Y pensar que acababa por fin de tomar la decisión de acercarse un poquito al carnero mientras regresaba de la pequeña playa aquella noche ! ¡ Y justo en ese momento aparecía un perfecto desconocido y antiguo enemigo que monopolizaba al joven lemuriano, con la bendición de Atenea, por añadidura ! ¿ Es que no iba a dejarse birlar el corazón del carnero por ese rival sacado de ningún sitio, o más precisamente del fondo de los Infiernos donde hubiera tenido que quedarse por el resto de sus días ? Al mismo tiempo, debía reconocer que el noruego era sutil y no carecía de clase, pero algo le decía que el Juez sólo buscaba divertirse con el tierno carnero y aprovecharse de él. Al principio, creyó que Mu no parecía percatarse de las intenciones del grifo pero pronto entendió que el carnero no se dejaba engañar y rechazaba cortés pero fríamente todas las veleidades del noruego, quien, por lo tanto, no se dejaba desconcertar y continuamente volvía a la carga. Saga admiraba la paciencia del joven lemuriano, quien no perdía su olímpica calma ante los repetidos e incansables asaltos por lo menos ostentosos del Juez de los Infiernos. Él mismo hubiera explotado desde hacía un largo tiempo y hubiera mandado al incorrecto tipo a otra dimensión, lo que hubiera provocado un incidente diplomático de los más ruidoso, tratándose de uno de los tres Jueces de los Infiernos, fiel teniente de Hades y guardaespaldas del dios de los muertos. Ya casi había explotado la noche anterior Había vuelto a los alrededores de la pequeña playa, donde había quedado a escondidas para ver si el estúpido grifo iba a volver a bañarse y a flirtear con el carnero. Estaba listo para intervenir en todo caso bajo algún pretexto. Ya no le había gustado descubrir el traje de baño por lo menos provocante del Juez, pero oír que Mu se lo había ofrecido lo había puesto francamente malhumorado. Para su alivio, había visto llegar al cangrejo y al escorpión, por lo que se había alegrado, casi bendiciéndolos, ya que su presencia ciertamente iba a calmar los ardores del Juez... Había bien notado la cara contrariada de éste y, de hecho, fue el caso al principio. Sin embargo, no había previsto que el grifo tuviera un violento calambre hasta casi ahogarse, ni que debiera ser rescatado por el carnero quien le había proporcionado respiración boca a boca y luego había curado su pierna con su cálida y dulce cosmoenergía. Por poco casi hubiera sospechado que el Juez que había fingido ese calambre, pero aparentemente, no era el caso. Una parte oscura de su ser enterrada desde hacía mucho tiempo lamentaba que no se hubiera ahogado en serio. Si él había usado sus rápidos reflejos de asesino, habría hecho desaparecer al estúpido grifo en el mar directamente, enviándolo a otra dimensión gracias al gran dominio que tenía de su cosmos, aún antes de que Mu se hubiera podido teletransportar al lado del Noruego. Ardiendo de rabia y fulminando como un toro en plena furia, había regresado a su templo aún más tarde de lo habitual, en un estado avanzado de ira que incluso había despertado y preocupado a su hermano a través del lazo psíquico que los unía. No había querido hablarle de lo que lo atormentaba y se había inmediatamente encerrado en su cuarto rumiando su enojo y de nuevo había dormido muy mal. Para colmo aquella mañana, sus compañeros le recordaban la escena de la noche anterior, acompañada de unos comentarios más que infantiles los unos que los otros y que sólo lograban que su mal humor creciera. Ya especulando con lo que iba a suceder aquella tarde... No, ciertamente, no iba a dejarlo hacer... *** En cuanto a Mu, él estaba muy molesto por las proposiciones apenas disimuladas del grifo. Éste lo acosaba literalmente y sin parar, a la vez era muy atrevido y muy atento, abordándolo constantemente para acercarse a él lo más que podía cada vez que tenía la oportunidad de hacerlo. Mu no se dejaba hacer y mostraba claramente las distancias, cortésmente pero con firmeza, apartándose del invasor y protegiendo su espacio personal, lo que no parecía desanimar al Noruego del todo, bien al contrario, parecía que para él era un juego, como si quisiera acorralar al joven carnero tan discreto y reservado en sus últimos recursos, probando sus límites, obligándolo a bajarlos. Al mismo tiempo, Mu debía reconocer que era sutil y algo gracioso, nadie hasta entonces se había interesado en él de tal manera y no podía negar que le parecía...encantador y casi... enternecedor. Sin contar con que Minos no carecía de carisma, tenía una personalidad que no podía dejar a nadie indiferente, a la vez seria e impertinente, un poquito arrogante, bastante altanero en apariencia, pero de hecho, tenía muy buen sentido del humor y un gran espíritu de réplica, y además, él sabía lo que quería. Detrás su apariencia cínica y burlona, sabía mostrarse muy agradable también, solícito y atento. Además, era muy culto y se interesaba en todo, aunque tenía tendencia a mofarse de todo con un poco de sadismo, pero eso era su marca de fábrica, un matiz que formaba parte integral de su encanto. Y es que tenía una sonrisa irresistible cuando quería y una mirada claramente lúbrica la mayoría del tiempo pero chispeante y expresiva también. Y encima tenía un físico de lo más favorecedor. Sus amigos del Santuario tenían tendencia a tratarlo como el caballero que era y no como el ser humano que se hallaba detrás de la armadura de oro, incluso lo hacían sus amigos mas cercanos, quienes entre sí se trataban con familiaridad. Mu no ignoraba que sus poderes heredados de sus antepasados desaparecidos del continente de Mu provocaban fascinación e inspiraban tanto respeto como cierto miedo en los demás, hecho que ponía mudas barreras entre él y sus compañeros. No era como ellos, era perfectamente consciente de eso, aunque lo sentía, sin hablar de la diferencia cultural nacida de la variedad de sus orígenes geográficos. Había los europeos y los otros... Al contrario, Minos, por más que era Europeo, lo trataba como una persona de pleno derecho y se interesaba precisamente en su diferencia nacida de sus orígenes lemurianos, los cuales no carecían de atractivo para él. Bastante abierto de ideas y curioso de aprender más acerca de la leyenda de ese pueblo que lo fascinaba y no sólo por lo que se trataba de la entrepierna, él justamente tenía un representante al alcance de la mano para extender sus conocimientos, claro que sólo dentro de los límites que Mu permitiera para no revelar secretos que sólo debían ser conocidos por Atenea y por su elite... Sin embargo, Mu guardaba sus distancias, esperando que el grifo acabara por aburrirse o entender que con gusto él aceptaba ofrecerle su amistad, pero que no estaba dispuesto en absoluto a entregarse a libertinos juegos con él. No, ciertamente no con él... Con alguien más sí, pero ese alguien más era más bien distante y no daba señal alguna de que se interesaba por él... al contrario, parecía más bien apartarse de él como si tuviera peste... Cuánto hubiera preferido que fuese ese alguien quién lo persiguiera con sus cortesías, a las que él hubiera evidentemente correspondido sin hacerlo esperar. Pero Saga parecía tan poco dispuesto a cortejarlo como él mismo podía serlo con el grifo... *** Al bajar las escaleras que llevaban al primer templo aquella tarde, Mu declaró a Minos : – Tengo la autorización para dejarte entrenar en la arena por la tarde cada día, si lo deseas. – ¿ Cómo ? Digo... ¿ quién te lo dijo ? – preguntó Minos, desconcertado porque había pasado la jornada entera a su lado y nadie había venido para llevarle el mensaje. – Es mi maestro Shion... Los milagros de la telepatía... – explicó Mu con una sonrisa. – ¡ Ah, sí, hubiera debido figurármelo ! Muy práctico... – respondió Minos mientras le devolvía su sonrisa, sólo un poco seductora al mismo tiempo que lo miraba intensamente. – ¿ Te apetece ir ahora mismo ? – ¡ Con mucho gusto ! Necesito desahogarme. Soy Aries también... ya sabes lo que es... – añadió, guiñándole un ojo. Mu respondió con una mera sonrisa divertida y lo llevó hacia una arena un poco aparte de las otras. No había nadie, como previo. – Bueno, aquí está. – ¿ Te molesta si me quito la playera ? Es que hace demasiado calor aquí, de verdad... – Eh... No, lo comprendo, unos entre nosotros hacen lo mismo también. Y sin embargo, se supone que están aclimatados, entre dos griegos, un español y un italiano... Intercambiaron una risita ante el comentario. – ¿ Y tú, cómo es que soportas este calor con toda la ropa que llevas ? – inquirió Minos con curiosidad mientras se quitaba la playera – ¿ No tienes calor con todo eso ? – ¡ No, al contrario ! Me protege precisamente del calor : el aire es el mejor aislante que puede existir, tanto del frío como del calor. Además, en los desiertos, la gente no anda desnuda sino cubierta de pies a cabeza con ropa muy amplia de material natural... Mi túnica deja pasar el aire entre los pliegues al aprisionarlo, y eso es lo que me protege del calor como del frío en las montañas. Me protege también de las quemaduras de los rayos del sol que no perdonan aquí, especialmente sobre las pieles blancas... Tendrías que tener cuidado a eso, de verdad, pero por el momento, el sol está declinando, por lo que no hay riesgo alguno. – OK... Sino, me pondras protector solar ¿ no ? – ¿ Por qué ? ¿ Acaso no eres bastante mayor como para ponértelo solo ? – Bueno, en la espalda, no resulta muy fácil... – Es cuestión de flexibilidad – respondió Mu, divertido – Vaya, toma posiciones... ¿ Nos damos hasta diez puntos ? – De acuerdo, el primero en alcanzar diez puntos es el vencedor... Tomaron posiciones. Mu se mantenía derecho con las piernas ligeramente apartadas, los brazos a lo largo de su cuerpo, el rostro concentrado, muy claramente a la defensiva. Mientras, Minos se hallaba un poco inclinado hacia adelante, con las piernas apartadas, los brazos doblados en un ángulo recto, los puños apretados, uno en guarda y el otro apartado, manifiestamente listo para atacar. Ambos tenían el mismo tamaño : la misma altura con sólo 2 cm de diferencia, un peso ligero y la misma morfología, ambos eran altos y esbeltos, el grifo siendo apenas más delgado que el carnero. Se juzgaron por unos segundos mirándose a los ojos y Minos empezó a girar cual felino alrededor de Mu quién lo observaba atentamente sin moverse. De repente, el grifo surcó el aire como un relámpago, lanzándose sobre el carnero, ágil cual pantera, un brazo doblado hacia atrás con el puño apretado, listo para golpear. Mu esquivó el ataque al saltar con agilidad de lado y prosiguió inmediatamente con un movimiento de tijera con sus piernas, apuntando hacia la pierna de apoyo del noruego que casi alcanzó. El grifo viró vivazmente, luciendo su mirada como la de una fiera, molesto por casi haberse caído en su primer intercambio. Su puño apuntó a la altura del hombro del carnero, pero fue detenido por un brazo más poderoso aparentemente, el cual lo rechazó haciendo la muñeca hacia atrás con facilidad. El grifo se lanzó de nuevo sobre el carnero en un impetuoso salto, con ambas manos hacia delante listas para agarrarlo por el cuello, pero Mu se dejó caer hacia atrás con flexibilidad, arrastrando al grifo con él al aferrarse de sus hombros, tras lo cual lo hizo rodar por encima de él al alzar sus piernas. Mu se incorporó velozmente y con agilidad por encima del Juez a quien sujetó con fuerza contra el suelo, inmovilizando sus dos brazos y bloqueando sus piernas al nivel de sus muslos con su rodilla que apretó fuertemente sobre estos, valiéndose de su peso para mantenerlo en su sitio. Pero él era un peso pluma, apenas más pesado que su adversario, y Minos tenía más de un recurso en reserva, él estaba acostumbrado a pelear con compañeros mucho más pesados que él mismo, por citar sólo uno : su amigo Aiacos era su compañero de predilección para eso. Con un poderoso golpe de cadera, desestabilizó ligeramente al carnero y eso fue suficiente para cambiar la situación. Minos volteó muy rápidamente por un lado y capturó al carnero por detrás antes de que éste pudiera hacerle frente, rodeando enérgicamente su cuello con un brazo y aprisionando su brazo derecho con una firme llave. Sin embargo, un violento codazo bien dado en sus costillas lo obligó a soltarlo, tras lo cual ambos se incorporaron, frente a frente. Contra toda previsión, esa vez fue Mu quien atacó, zambulléndose entre las piernas del grifo para hacerlo caer al agarrar sus tobillos, pero Minos lo esquivó por extremadamente poco. Sin embargo, no vio las piernas del lemuriano, quién tomando apoyo en el suelo con ambas manos, barrió el ras del suelo con un movimiento de tijera de sus piernas y segó al Juez que cayo ante él. Velozmente, a su vez Mu lo agarró por detrás y bloqueó sus dos brazos tras su espalda con una firmeza que no tenía nada de cariñoso, y aprisionó su cuello con un poderoso brazo, obligándolo a llevar la cabeza hacia atrás. – Creía que no te gustaba atacar... – protestó el grifo como si estuviera escandalizado por el cambio de táctica del carnero. – En efecto, pero a veces, la mejor defensa es el ataque... – respondió Mu con una sonrisa – Entonces ¿ eso hace uno a cero por ahora ? – ¡ Aún no perdí esta partida ! – No veo muy bien cómo podrías escapar, ya no puedes mover...– dijo Mu aumentando la fuerza de su agarre sobre los dos brazos de Minos, torciéndolos ligeramente en el proceso. – ¡ Aaaaaaaaaaaaah... ¡ De acuerdo ! Uno a cero… por el momento... Mu sonrió y soltó al grifo. Éste se masajeó ligeramente el cuello y los brazos. – Oye... ¡ Es que no lo pareces, pero tienes mucha fuerza ! – No hay que confiar en las apariencias y más vale siempre desconfiar de los dulces corderitos... – Ya veo... Y pensar que yo no me atrevía a ser más bruto por miedo a hacerte daño... – Tranquilo, puedes utilizar toda tu fuerza, ya estoy curado de espanto y además, puedo curar las heridas por psiquokinesis, de todas formas, incluso en pleno combate... – Vaya, es que eres temible, ¡ más vale ser tu amigo ! Myu ya sabe algo de eso, me parece... – Lo siento por él... – Sí, ya sé, no querías matarlo... Pero una guerra es una guerra... Bueno... Pongámonos en posición, y esta vez, ya te prevengo, ¡ no voy a contenerme ! – ¡ No espero nada menos y te estoy esperando ! Y efectivamente, Minos incrementó la velocidad de sus movimientos, dando golpes más rápidos, más poderosos y más seguidos tanto con los puños como con los pies, los codos y las rodillas, en múltiples y continuados ataques. El carnero respondió del mismo modo, y pronto sus cuerpos volaron con flexibilidad por los aires en un aéreo ballet de lo más elegante y majestuoso, cada uno yendo al encuentro del otro a una velocidad fulgurante, esquivando alternativamente un puño o una patada lanzada con toda fuerza, al echar la cabeza hacia atrás o de lado, al arquearse o al parar con un brazo o un pie en alto, y contraatacando al dar vueltas y patadas altas y en giro, que no alcanzaban su objetivo sólo gracias a la asombrosa agilidad de sus longilíneos cuerpos y a la celeridad y agudeza de sus fulgurantes reflejos. Sus largas cabelleras batiendo el aire al revolotear con tanta gracia como sus movimientos. Se afrontaron así en una sucesión de movimientos técnicos, saltando y golpeando en giro, con proyecciones y barridos al combatir cerca, usando bloqueos, paradas y fintas, sin que uno cediera al otro durante un buen rato, a pesar de sus grandes golpes de cadera o de hombro y otros golpes en giro, pero finalmente, Minos logró alcanzar el carnero en el pecho en pleno vuelo con un golpe de rodilla que lo mandó a volar al otro lado de la arena. Se precipitó hacia él pero Mu ya se había incorporado y a su vez golpeó al Juez, alcanzándolo al hombro con una patada, haciéndolo caer. Se arrojó sobre él, pero Minos los hizo girar a ambos en el polvo hasta posicionarse por encima del lemuriano, a quien mantuvo retenido contra el suelo al bloquear sus dos brazos y la parte alta de su torso con poderosa firmeza, con una sonrisa satisfecha dibujada en sus labios, y a la vez admirando cómo la larga y sedosa cabellera esparcida por el suelo irradiaba como el sol alrededor del fino rostro. Se inclinó hacia Mu con una mirada de depredador, saboreando la dominación que le proporcionaba esa postura, y mirándolo a los ojos, murmuró : – A propósito, no hemos decidido lo que ganaría el vencedor... La respuesta del carnero llegó en forma de un poderoso golpe de cadera bien ajustado que hizo voltear al grifo, quién se encontró a su vez boca arriba con un carnero dominante encima de él, su larga cabellera malva cayendo como un fino velo de seda trémulo sobre su desnudo hombro, en una exquisita caricia que lo hizo estremecerse. Incluso une ligera brisa llevó unas sedosas hebras del fino y tan dulce pelo acariciar suavemente su mejilla y su cuello. – ¿ Su peso en queso de lecho de yak ? – sugirió el carnero con una traviesa mirada, mientras alzaba uno de sus puntos de vida. La vista era absolutamente adorable, tanto como inesperada, y el hecho de tener al carnero encima de él sólo añadía al encanto del momento. Pero la oferta no era tan tentadora como la que él tenía en mente y con un movimiento de su pelvis juiciosamente colocada contra la entrepierna del carnero y que sorprendió a éste, el grifo cambió la situación a su beneficio, permitiéndole replicar : – Hmmmm... Más bien de leche de cabrita y preferentemente con caramelo... Pero el carnero lo hizo girar de nuevo con un sutil golpe de cadera y declaró : – Digamos que el ganador elegirá... Un hábil golpe de hombro hizo volcar al carnero, permitiendo al grifo tomar nuevamente la situación en sus manos y esta vez, Minos se atrevió a más : – A mí me apetecería más bien algo más... sensual... – declaró con una lúbrica e intensa mirada, y con eso, se inclinó más sobre Mu, acercando peligrosamente su rostro apenas a unos centímetros del carnero, su aliento acariciando su mejilla... Mu abrió desmesuradamente los ojos, sorprendido y esperando estarse equivocando sobre las intenciones del grifo, quién ahora lo miraba con una carnicera sonrisa y se acercaba lentamente a su rostro. Por un breve momento, fue aturdido por la situación, observando todo a velocidad lenta, como si fuera un espectador extranjero, mientras recibía de frente todas las sensaciones que de repente tomaban una dimensión muy diferente... La visión del torso desnudo y de los espléndidos hombros torneados del grifo, inclinado encima de él en su escultural masculinidad, con su opalino rostro tan cerca del suyo, su dulce y cálido aliento que se mezclaba con el suyo y sus carnosos labios que se entreabrían sensualmente hacia él, el aroma extrañamente embriagante de su piel desnuda que repentinamente llenaba sus narices, el peso y la repentina cercanía de ese cuerpo firme y nervudo sobre el suyo... El tiempo pareció pararse por un momento de eternidad, durante el cual, sus dos miradas se clavaron con intensidad, una perpleja, la otra conquistadora y segura. Pero al inclinarse más hacia adelante para acercarse a los tentadores labios, el Juez aflojó muy ligeramente la presión de su pelvis y de sus piernas sobre el carnero, permitiendo a éste liberar una de sus rodillas del apretón del cuerpo de Minos encima de él, listo para golpearlo si fuera necesario, pero justo en ese momento, una voz masculina gritó : – ¡ Mu ! Ambos giraron la cabeza hacia la voz y se incorporaron inmediatamente, cubiertos de polvo al ver a Saga llegar corriendo hacia ellos. Mu se limpió rápidamente del polvo, un poco molesto por la postura equívoca en la cual su hermano de armas lo encontraba, y le preguntó al gemelo : – Sí, ¿ qué pasa ? – Shion pide que subas para verlo... Mientras tanto, te reemplazaré al lado de Minos... – anunció Saga dirigiendo una mirada poco amena al grifo. Mu miró al gemelo con sorpresa. ¿ Por qué su antiguo maestro no lo había simplemente contactado por telepatía ? Pero decidió guardar sus interrogaciones porque, después de todo, Shion debía figurarse que estaba entrenando con el grifo y probablemente no había querido desconcentrarlo, y también se necesitaba alguien para reemplazarlo cerca de su huésped. – De acuerdo, ya voy en seguida... Hasta pronto – lanzó hacia el grifo, antes de desaparecer, corriendo al a velocidad de la luz, porque no iba a hacer esperar a su antiguo maestro. Vaya, vaya, así que el gemelo va a ocuparse de mí... Eso sí me permitirá saber si se interesa por el carnero o no... – pensó divertido el grifo. *** Gracias por haber leído, espero que les haya gustado. :) Continuación del capítulo aquí, con la pelea entre Minos y Saga ! ;)
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