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Estrecha colaboración by Ariesnomu / Musaga4ever (traducción marzo / abril 2009)
Capítulo 3 : Rivalidad
Parte 2/2 :
Minos ya podía ver por la mirada de odio que le dirigía el gemelo que él no le caía bien, porque si el carnero no mostraba nada de sus emociones ni de sus sentimientos, no era lo mismo por parte del guardián del tercer templo cuya mirada no dejaba rastro de duda.
Minos se preguntó por un breve momento si era el honor de su hermano o su interés por el carnero el que hacia brotar ese impulso de enemistad apenas disimulada. Después de todo, el gemelo acababa de sorprenderlos en una postura que ciertamente no debía agradarle si tenía debilidad por el bello lemuriano...
– Nos entrenábamos en combate cuerpo a cuerpo... – declaró a Saga mientras examinaba ostensiblemente al gemelo de pies a cabeza – ¿Te apetece hacerlo conmigo?
– Sí, ya vi... – replicó fríamente el gemelo – Bueno, si no temes que te de una paliza...
Minos alzó una ceja burlón.
– ¿Una paliza ? Bah, visto cómo me divertí con tu hermano gemelo, pienso que eres tú quién tendría que inquietarse... – soltó con tono sarcástico.
Saga lo fulminó con la mirada, luego plisó peligrosamente los ojos.
– Tu amigo Aiakos no está aquí para hacer el asqueroso trabajo antes y dejarte coger las migajas... –dijo incisivo– No es glorioso golpear a alguien que ya fue derrotado por alguién más.
– No lo necesito para derrotar a un adversario – replicó secamente el grifo, herido en carne viva porque era verdad que se había contentado con recoger a Kanon del suelo para juguetear con él – Ven aquí para verificarlo por tí mismo... Si te atreves...
Saga no esperaba otra señal y sin más, se abalanzó ferozmente sobre el grifo, con los pies hacia adelante apuntando al presuntuoso rostro del Juez. Minos lo esquivó por muy poco, más veloz gracias a su peso más ligero, pero apenas había volteado con un elegante movimiento de cadera que el gemelo ya había regresado al suelo y le lanzaba su puño derecho a la cara, que rechazó con la muñeca, y de nuevo, por muy poco, al arquearse y al echar la cabeza hacia atrás, esquivó el gancho de izquierda que llovió inmediatamente después.
Recuperó rápidamente su equilibrio para hacer frente al gemelo quién lo juzgaba con una mirada nada amistosa que lanzaba chispas hacia él.
Saga atacó de nuevo al arrojar otro fulgurante puñetazo, esa vez apuntando el estómago, y el grifo lo bloqueó justo a tiempo.
Minos replicó inmediatamente con una patada oblicua que alcanzó al gemelo en el muslo, sin embargo, no lo desestabilizó. Pero eso lo ofendió y lo volvió aún más furioso de lo que ya estaba.
Encadenaron los golpes y ataques al instante, cada vez más violentos y más poderosos, golpeando a la velocidad de la luz. Desenfrenados e incesantes puñetazos y patadas, bloqueos, giros, barridos... Sus cuerpos volaban en los aires con furia y desprendían una ardiente y feroz animosidad, haciendo que el ambiente alrededor se volviera muy eléctrico y se mostrara listo para explotar en cualquier momento.
Cayeron al suelo por un momento, frente a frente y bien plantado cada uno delante del otro, mirándose por un breve instante con la mirada llena de desafío y ferocidad, como dos lobos salvajes.
Con un puño alto en guardia y el otro hacia atrás listo para golpear, Minos divisó un ángulo de ataque que era muy favorable para él y le dirigió una sonrisa torva al gemelo. No faltó más para que las hostilidades recomenzaran más feroces que nunca.
Saga se lanzó sobre el grifo que bloqueó su ataque al bajar violentamente su puño en guardia sobre el poderoso brazo del gemelo, rechazándolo hacia abajo y abriendo el camino hacia la cara de Saga, y ganando a éste por la mano gracias al mejor ángulo de ataque del cual gozaba, le arrojó un fulgurante y violento gancho en plena mandíbula que lo mandó a volar y estrellarse en el polvo de la arena.
El gemelo se incorporó furioso, con un hilo de sangre que se escapaba de la esquina izquierda de sus labios, mientras Minos le miraba con desprecio y aire satisfecho.
– Se dice que la ira es mala consejera – se burló el grifo – En tu caso, hasta podría hacer volver a Arles a la velocidad de la luz – añadió con una sonrisa burlona.
– Gracias por recordarme mi pasado, pero es un pasado terminado, te guste o no –soltó incisivo el gemelo entre sus dientes mientras se acercaba con lentitud – Aunque estoy dispuesto a hacer un esfuerzo especialmente para ti – gruñó al mirarlo peligrosamente.
– Me haces sentir muy halagado. ¿ Y a que se debe el honor de la demostración de tanta enemistad por parte del gran y tan respetable caballero de oro de Géminis ? – preguntó irónicamente Minos sin dejarse impresionar y siguiéndolo con la mirada de un depredador.
– Tus maneras y las libertades que tomas aquí. Necesitas manifiestamente que se te ponga en tu sitio. No estás en tu casa aquí, tendrías que recordarlo.
– ¡ Vaya ! ¡Pero qué sentido de la hospitalidad!-
– No trates de invertir el tema. No se trata de nuestro modo de recibir a un huésped, por lo que confío enteramente en Mu, sino de tu manera de comportarte.
– ¿ Puedes ser más preciso ? – Preguntó Minos con una ceja alzada – No considero carecer ni de cortesía ni de respeto hacia quienquiera que esté aquí.
– ¿ Acaso crees que tus pequeñas maniobras pasan desapercibidas ?
– ¿ Maniobras ? ¿ Qué maniobras ? Estoy aquí para llevar investigaciones en nombre de mi Señor Hades y cumplo mi tarea con seriedad – replicó secamente el grifo.
– Estás tratando de descarriar a uno de los caballeros más fieles a Atenea – Saga finalmente soltó, con los ojos plisados
– No veo del todo a qué te refieres...
– Pienso al contrario que lo entiendes muy bien...
Se miraron un breve momento sin decir nada, afrontándose con la mirada mientras Saga seguía acercándose, ninguno de ellos querían ser primero en evocar al caballero de Aries y reconocer así que se interesaba por él.
– Dado que yo paso todo mi tiempo con Mu – y con eso Minos hizo una pausa deliberada, dirigiendo una sonrisa perversa al gemelo – concluyo que insinúas que él es a quien en tu trastornado espíritu yo estaría tratando de pervertir ? – preguntó finalmente Minos.
– No insinúo nada, yo lo afirmo, y mi espíritu está muy bien, gracias por él – replicó fríamente el gemelo al traspasarlo con la mirada.
– ¿ Me permites conocer tu definición del término "descarriar” ? – inquirió el grifo, sosteniendo su mirada y acercándose a su vez, y ambos se pusieron a girar alrededor del otro como dos felinos acechando, esperando el momento de debilidad o de despiste de su rival mientras se juzgaban con la mirada.
– Si no lo sabes, te aconsejo aprovechar de tus largas jornadas en la biblioteca para buscarlo en un diccionario – respondió Saga.
Minos se paró y clavó sus ojos de color avellana en los orbes verdes del gemelo.
– ¿ Qué es lo que te molesta tanto, caballero de Géminis ? Que Mu y yo nos entendamos bien hasta el punto que trabemos... vínculos... más allá... de la mera amistad ? – preguntó con una sonrisa incisiva.
– Ningún caballero de Atenea puede ser amigo con un espectro de Hades – decretó Saga, mientras él también se paraba.
– Siempre hay excepciones para confirmar la regla...– respondió Minos con tono empalagoso – Además... Me parece que tu hermano estaría de acuerdo conmigo sobre ese punto y está dando buen ejemplo... ¿ No es así ? – añadió con una mirada sardónica donde se adivinaba cierto jubilo.
Los ojos de Saga lanzaron chispas. Traicionado por su propio hermano, quien tenía cierta debilidad por el Wyvern, todo el mundo lo sabía. ¡ Maldito Juez de los Infiernos ! Minos le dirigió una sonrisa torcida.
– Más vale que barras delante de tu puerta primero en vez de meterte en los asuntos de los otros – declaró tranquilamente el grifo con una sonrisa satisfecha mientras reanudaba descuidadamente su pequeña ronda con su paso ágil y felino.
– Más vale que guardes tus distancias con Mu o tendrás que vértelas conmigo – advirtió Saga, una chispa de advertencia en los ojos mientras él también reanudaba su marcha con su paso de fiera.
– ¿Por qué? Acaso hay algo entre vosotros? – preguntó Minos, mirándolo a los ojos.
– No...– tuvo que admitir el gemelo.
– Entonces, no veo en qué te importa y me parece que Mu ya es bastante mayor para decidir por si solo a quien quiere frecuentar...
– él es un amigo y me preocupo por él.
– Pero no parecen ser muy cercanos... – replicó el grifo con una torva sonrisa, regodeándose al insistir en la última palabra – Bueno, claro que con todo lo que le hiciste...
– El pasado es el pasado, ya lo hemos dejado atrás, y no necesitamos ser muy expresivos – respondió secamente el gemelo.
– Sí, por cierto, Mu es alguien más bien reservado y púdico... Bueno... Cuando no se deja llevar... – añadió Minos, dejando su frase suspendida a propósito con una sonrisa llena de insinuaciones, regocijándose por dentro al ver la mirada del gemelo encenderse con una chispa de ira difícilmente contenida.
– No lo diré dos veces: deja a Mu en paz. Conténtate con cumplir con tu misión y ni se te ocurra intentar cualquier cosa con él.
– ¿ Por qué ? ¿ Te molestaría... personalmente ? – inquirió Minos con una sonrisa burlona en los labios.
– No tienes nada que ofrecerle, sino sufrimiento y decepción, tal como tu colega con mi hermano – eludió el gemelo – ¿ Acaso tengo que recordarte que no pertenecemos al mismo mundo ? Si por el momento estamos en paz, nada garantiza que esa situación durara y que no volveremos a ser enemigos en aquella vida...
– ¿Acaso tengo que recordarte que esa decisión pertenece a nuestros respectivos dioses y que justamente ellos decidieron establecer una paz definitiva? –replicó Minos – Y precisamente por eso debemos colaborar ahora... por eso me encuentro aquí... haciendo equipo con Mu... con quien resulta que nos entendimos muy bien... muy... muy bien... – insistió Minos con una sonrisa mofadora que se hizo aún más grande al ver la nueva chispa de ira explotar y encender literalmente las orbes verdes del gemelo.
– Si lo haces sufrir, te convertiré en carne picada sólo apta para alimentar a los carroñeros... – amenazó Saga.
Y como un eco a sus palabras, un graznido se hizo justamente oír por encima de ellos.
– ¿ Ya ves ese cuervo que revolotea allí arriba ? Sólo espera alimentarse con tu putrefacta y nauseabunda carne... – soltó peligrosamente el gemelo al borde de explotar.
El tono de la conversación estaba subiendo peligrosamente, así como la tormentosa tensión entre ellos para gran satisfacción del grifo que miraba con sádico gusto y sin disimularlo al gemelo perder su legendaria calma y el dominio de sí mismo.
Ofreciéndole su más hermosa sonrisa al guardián del tercer templo, le respondió tranquilamente :
– Yo tendría que sentirme ofendido por esas amenazas mal fundadas, pero es a Mu en persona a quién insultas al insinuar que él no sería capaz de defenderse solo... suponiendo que yo tratara de dañarlo, lo que no resulta ser mi intención, te lo aseguro. Pero debo decir que ese exceso de protección que demuestras hacia él me deja muy intrigado...
– Mu sufrió mucho por mi culpa y no dejaré a nadie dañarlo...
– ¡ Pero qué generoso de tu parte ! Pero, sabes, él ya no tiene siete años como en los tiempos de tu locura cuando bien hubiera necesitado ayuda y protección, eso es verdad... recordó torcidamente el grifo – Es un gran y hermoso joven hombre con muchos talentos... Verdaderamente hermoso. Y muy brillante... y tan encantador... Me sorprende que nadie aquí lo este cortejando y que siga siendo un corazón libre... Bueno, no es que me vaya a quejar...
– No te engañes, él no es libre ¡ así que mejor olvídalo !
– ¿ No es libre ? ¡ Ya quiero verlo !... y en cuanto a olvidarlo, va a ser muy difícil, ya que siempre estamos juntos... Y además, él es tan amable, y tan atento... Nosotros dos nos entendimos muy bien, de verdad...
– ¡ Te aconsejo abandonar toda idea de seducirlo !
– ¿ O tendré que vérmelas contigo, eso es así ?... Pero tú no me impresionas... dime ¿ puedo saber quién se interesa por Mu, ya que pareces saberlo todo ?
– ¡ Eso no es asunto tuyo !
– ¡ Claro que sí que es asunto mío ! Quisiera saber con quién tendré que luchar para ganar el corazón de Mu... Y su cuerpazo de ensueño, tan ágil y firme, y esa piel tan divinamente suave, y sus expertas manos...
– ¡ Ya basta ! ¡ No te permito hablar de Mu así ! – explotó Saga.
– Pero... ¿Acaso estás celoso, caballero ? ¿ Serás tu el que se interesa por Mu ?
Saga tuvo por sola respuesta una mirada asesina, mientras su silencio resonaba como una confesión.
Minos sonrió triunfal, una chispa sádica luciendo en sus ojos.
– Entonces, así es... El gran caballero de oro de Géminis, el trastornado demente, asesino esquizofrénico, usurpador demagógico, manipulador megalómano, tiene debilidad por el puro y tierno carnero... Es verdad que no te faltan los encantos y las calidades para seducirlo... Asesinaste a su maestro, hiciste un paria de él cuando sólo tenía siete años, lo condenaste al exilio durante trece largos años, trataste de matarlo dos veces, lo obligaste a utilizar un ataque prohibido por vuestra misma diosa... ¡ Qué legajo tan admirable como respetable! – enumeró burlonamente el grifo, mientras le dirigía una mirada mofadora y una sonrisa sarcástica.
– No te metes en mi terreno... – gruñó Saga entre dientes, furioso.
– Estoy seguro de que Mu estará encantado al saber que está reducido a un simple trozo de terreno... Pero no te inquietes, ese será nuestro pequeño secreto, te prometo que no le diré ni una sola palabra de todo esto... – Minos sonrió.
Esa fue la gota que desbordó el vaso para el gemelo.
Saga saltó sobre el grifo y luego ambos se agarraron al nivel de los hombros como si de dos vulgares ladrones se tratara, cada uno intentando hacer caer al otro para acabar finalmente por desplomarse juntos de lado, rodando por el suelo. Entonces, Saga se aprovechó de su peso más imponente para aplastar al Juez al casi sentarse sobre él, bloqueando su pelvis, sacando provecho de sus diecisiete kilos de diferencia para mantenerlo en el suelo, mientras sus dos poderosas manos caían sobre su cuello y sus dedos encerraban prontamente su garganta, aferrándola, aplastándola y apretándola, fuerte y continuamente...
Minos intentó rechazar al gemelo sujetando sus muñecas con ambas manos, tratando de quebrarlas con su poderosa fuerza y hundiendo sus uñas para obligarlo a soltarlo, sin embargo, el gemelo no se movió y al contrario fortaleció su agarre.
El aire empezaba a faltarle.
Saga lo miraba con desprecio y aire triunfal, con una chispa de maldad en los ojos, saboreando el dominio que le procuraba esa posición y observando al grifo debatirse en vano…esperando su capitulación.
Por supuesto no tenía la intención de matarlo (aunque...), pero quería darle una buena lección a ese presuntuoso Juez, ponerlo en su sitio y rebajarlo a lo que era : un intruso inoportuno que tenía que comportarse correctamente y abandonar sus intentos de seducción hacia el carnero.
Comenzaba a ahogarse y negándose a darse por vencido Minos concentró todas sus fuerzas en la parte superior de su cuerpo, simulando que intentara incorporarse al subir su torso, obligando al gemelo a inclinarse hacía adelante para impedir que se levantara y a aflojar muy ligeramente así su apretón sobre su pelvis.
Era Aiacos de quién había aprendido a resistir y a librarse de ese tipo de asalto en el combate cuerpo a cuerpo contra un adversario más pesado que él y que sacaba provecho de esa gran diferencia de peso. Con su imponente talla y su calma fuerza, el garuda no tenía nada que envidiar al gemelo por lo que se trataba del físico y de la fuerza bruta. él también era un bárbaro en el combate, un guerrero bárbaro sutil y terriblemente eficaz, pero un guerrero bárbaro mas allá de todo en lo que a fuerza bruta refiere.
En repetidas ocasiones, el garuda lo había hostigado para obligarlo a entrenarse de tal modo con él y lo había maltratado sin ceremonia hasta que finalmente lograra ponerlo boca abajo y hoy debía reconocer que había tenido razón al insistir.
Al grifo le gustaba utilizar su cosmos para deshacerse de un adversario, pero no iba a rebajarse a hacerlo y reconocer implícitamente que el gemelo era más fuerte que él físicamente. Oh no, no iba a darle esa satisfacción...
Mientras el aire empezaba a faltarle peligrosamente, por fin Minos sintió una apertura y reuniendo todas sus fuerzas logró liberar su pelvis y golpeó al gemelo con un violento golpe de rodilla en sus riñones, el cual lo hizo ligeramente volcar hacía adelante y soltar su apretón bajo el efecto de la sorpresa. Una patada brutal y oblicua siguió, la cual lo hizo volar violentamente por encima del grifo y lo obligó a morder el polvo por segunda vez.
Ebrio de ira, Saga se incorporó, volteó y no lo pensó dos veces. Como por reflejo, extendió el brazo y abrió la mano, arrojando una fulgurante ola de energía a quemarropa sobre el grifo que empezaba a incorporarse para hacerle frente, trás lo cual éste fue instantáneamente lanzado como un cohete hacía el otro lado de la arena, golpeándose violentamente contra un pilar que simplemente se desmoronó bajo el feroz efecto del choque.
Minos cayó al suelo a la vez que los bloques de mármol que componían la antigua columna, y que caían como plomo dentro de una espesa nube de polvo sobre el pedregoso suelo. Se incorporó a duras penas, cubierto por hematomas, con la espalda casi en pedazos y escupiendo sangre, furioso.
Tenía los omóplatos hechos añicos y varias costillas rotas que le dolían en la caja torácica y hacían que la respiración que apenas acababa de recobrar fuera muy difícil y dolorosa. A pesar de su suma resistencia física a los choques, sin la protección de su sapuri, diversos músculos habían sido aplastados por delante y detrás, unas venas seccionadas provocaban hemorragias internas en varios sitios, además tenía sus costillas comprimidas por la violencia del choque contra el pilar y para colmo el ataque frontal del gemelo recibido a quemarropa dejó en su torso desnudo violáceos estigmas en todos los puntos de impacto, los cuales, cabe añadir, eran numerosos. Sólo su columna vertebral había resistido, como de milagro, probablemente gracias al arqueo de su espalda y a sus omóplatos y hombros que habían absorbido lo esencial del choque dorsal.
– Oye, creía que debíamos limitarnos al combate cuerpo a cuerpo... – gruñó, aunque con dificultad.
– Debilucho... – replicó Saga con tono sarcástico, pero poco orgulloso de sí mismo ya que había cambiado las reglas del juego sin previo aviso bajo el efecto de la ira.
– ¡ Te demostraré si soy un debilucho ! Sobreviví la explosión del Muro de los Lamentos sin siquiera tener un rasguño y ¡ no será un ridículo pelele frustrado y esquizofrénico quien me hará ceder ahora ! –Respondió Minos mientras empezaba a encender su cosmos y un aura violácea comenzaba a rodearlo – Si quieres jugar sucio, yo también puedo hacerlo...
Sí, exactamente, tal como los caballeros de Atenea, aunque sus huesos fueran rotos, su cosmos perduraba y les permitía superar aun lo insuperable e iba a enseñar al gemelo de qué era capaz. ¿ Éste quería jugar ? Pues vaya que él también iba a jugar... y hacer que lo lamentara.
Saga encendió instantáneamente su cosmos para responderle e hizo frente al grifo, mirándolo con un aire malvado que le fue correspondido pero multiplicado por cien, como mínimo.
Tratando de calmar las cosas, el gemelo le arrojó una ilusión de golpe pero Minos logró esquivarla a pesar de su estado de debilidad física.
De nuevo, el grifo agradeció por dentro a Aiacos quién tanto lo había hostigado para entrenarlo a escapar y resistir de los ataques de ilusiones, de los cuales el garuda era el gran especialista entre los espectros, dotado por añadidura de una velocidad casi divina, lo que le había permitido superar al gemelo de Saga durante la última guerra santa, al asestarle una ilusión fulgurante... Minos aún lo recordaba.
Minos replicó al lanzarle a su vez una poderosa ola de energía que alcanzó al gemelo directo en el pecho y lo mandó a estrellarse a su vez contra un pilar, que no resistió más que su difunto vecino.
Saga se incorporó entre los trozos de mármol con una mueca de dolor, tenía dos costillas rotas, una luxación en un hombro y la pelvis dislocada, pero en el momento en que se disponía a lanzar un nuevo ataque de cosmos al grifo, una voz surgió de repente :
– ¿¡ Pero qué les pasa !? – exclamó Mu, visiblemente alarmado. Había vuelto a la velocidad de la luz al sentir sus dos cosmos encenderse llenos de hostilidad, mientras se acercaba a la arena.
Los dos adversarios se pararon en seco en su impulso mortal y giraron para hacer frente al carnero, ambos en un estado lamentable, a decir verdad, ofreciendo un espectáculo bastante depravado de sus imponentes personas habitualmente tan dignas y relucientes.
El ambiente eléctrico que les rodeaba desvaneció de inmediato.
– ¿ Me pueden explicar lo que pasa aquí ? – ordenó Mu, a la vez estupefacto e inquieto por notar que el enfrentamiento que se suponía iba a ser sólo un entrenamiento de rutina parecía haberse degenerado y vuelto en un duelo despiadado, por no decir mortal.
– No es nada grave, Mu... Nos dejamos llevar por la acción... – respondió Minos.
– ¿ Eso es cierto ? ¡ Ambos se ven en un muy mal estado ! – les reprendió el carnero tras mirar a cada uno a su vez de arriba abajo.
Estaban tan mal el uno como el otro, aunque de manera diferente, y si bien las heridas de Saga estaban escondidas por su túnica, las de Minos saltaban a la vista en su torso desnudo y eran por lo menos impresionantes, aunque fueran aún más graves por dentro de lo que aparentaban exteriormente.
–Pero... ¡ tienes unas costillas rotas y una hemorragia interna en varios sitios ! – exclamó Mu al sondear rápidamente al grifo.
Mu se precipitó hacia él y empezó a curar rápidamente sus numerosas heridas internas por psicoquinesis, envolviéndolo inmediatamente con su cosmoenergía dulce y cálida, la cual irradió intensamente por todo el cuerpo del juez mediante una onda tan divinamente agradable que lo hizo olvidar instantáneamente todas sus lesiones.
Minos se dejaba hacer con una alegría no disimulada, abandonándose completamente a los cuidados proporcionados con solicitud por el joven lemuriano, embelesado por su dulzura y emitiendo suspiros de satisfacción. Casi ronroneando bajo sus saludables y benéficos efectos no pudo evitar sonreír triunfalmente al gemelo por encima del hombro del carnero con una mirada desafiante.
Uno a cero.
Casi hubiera dado las gracias al estúpido esquizofrénico, ya que sin sus golpes arrojados con perfidia, nunca hubiera tenido la oportunidad de descubrir esa nueva faceta de los poderes del bello lemuriano y dejarse, literalmente, mimar por el carnero.
Saga le dirigió una molesta mirada, pero contuvo su cólera, no queriendo dejar traslucir nada ante Mu.
El grifo ya lo había cubierto al explicar implícitamente que ambos se habían dejado llevar por la acción aunque sólo él mismo había sido culpable.
Apartó la cara con intención de marcharse pero Mu lo detuvo:
– ¡ Espera, Saga ! Tú también estás herido...
– No es nada grave, yo soy resistente... y puedo curarme solo.
Pero una onda de psicoquinesis le impidió ir más lejos y tuvo que enfrentar a un carnero preocupado que lo sondó rápidamente para auscultarlo.
– Sí, en efecto, dos costillas rotas, el hombro derecho y la pelvis dislocada, lo ideal para andar, por cierto... Irás lejos así – objetó el carnero al mirarlo a los ojos con aire a la vez severo y preocupado.
Y antes de que el gemelo tuviera el tiempo de protestar, Mu se apresuró a curarlo también, rodeándolo a su vez con su dulce cosmoenergía que lo envolvió como una caricia en un tierno capullo de dulzura y calor, reparando y volviendo a poner cada hueso en su sitio, pero lo más hermoso fue cuando Mu tuvo que ayudarse de sus manos para reponer el hombro y la pelvis de su colega, y mientras los latidos de su corazón escapaban de su control y se aceleraban frenéticamente, Saga se estremeció al sentir esas manos posarse con suavidad sobre su hombro para ponerlo en su sitio con un movimiento seguro y firme, pero nada brutal en ningún momento, y luego, sobre sus caderas, casi sintiendo no haberse deshecho de su túnica como el grifo de su playera, para poder sentir el tacto de las manos del carnero que adivinaba serían satinadas.
Porque sería seguramente esa la única oportunidad en toda su vida que el carnero pusiera las manos sobre él...
Así, le tocó a Saga dejar escapar suspiros de placer bajo los expertos dedos del carnero que ahora tenían mil detalles con él también, y sonrió triunfalmente a su vez al grifo por encima del hombro de su enfermero.
Uno a uno.
Lo que no sabía era que el corazón de Mu también se había acelerado durante todo el tiempo que habían durado los primeros auxilios que le proporcionaba el carnero, y que tenía que hacer inmensos esfuerzos para no desfallecer ante él al tocarlo para poner lo necesario en su sitio.
– Gracias, Mu... – murmuró Saga cuando el carnero terminó, aún emocionado por los dulces detalles para con él del guardián del primer templo.
– Vamos a regresar juntos y tomarás un frasco de aceite de menta al pasar por mi templo – declaró Mu fingiendo serenidad, que casi se le escapó cuando su mirada cruzó con la del gemelo – Lo necesitarás para calentar tus doloridos músculos y hacer masajes esta noche para relajarlos y acelerar la cicatrización, lo mismo que para consolidar las costillas así como el hombro y tu pelvis que puse en su sitio. Los tejidos de alrededor fueron ya traumatizados y sólo los reparé, pero se necesita consolidarlo todo.
Saga se contentó con asentir con la cabeza, emocionado por la solicitud del carnero hacia él, y aún sintiéndose raro al haberlo sentido tan cerca de él, tocándolo y curándolo con su dulce cosmoenergía que lo había envuelto tan deliciosamente. Casi hubiera dado las gracias al grifo. Casi.
Sólo le dirigió una mirada de advertencia sin apelación y los tres subieron hasta la primera casa.
***
Gracias por haber leído, espero que les haya gustado. :)
Continuación con el capítulo siguiente ''Acercamiento'' aquí ! ;)
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NB : Medidas de nuestros protagonistas (tomo 13 para Mu y Saga, Taizen para los Jueces) :
-Mu : 1,82 m / 75 kg / Aries (27 de marzo)
-Minos : 1,84 m / 72 kg / Aries (25 de marzo)
-Aiacos : 1,86 m / 85 kg / Cáncer (06 de julio) Rhaaaaaaaaaaaaa, medidas perfectas !!! ;D (con toda objetividad , claro ! ;DDDDD)
-Saga : 1,88 m / 87 kg /Géminis (30 de mayo)
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