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''Estrecha colaboración'' by Ariesnomu / Mu Saga 4 ever (traducción mayo 2009) Capítulo 4 : ACERCAMIENTO Una vez que regresaron al primer templo, Minos fue inmediatamente a ducharse para limpiar y relajar un poco su dolorido cuerpo, mientras tanto, Mu hacía esperar a Saga en el salón? en lo que él aprovechaba para buscar un pequeño frasco de aceite de menta en su habitación. Cuando volvió portando en sus manos el precioso líquido, le dio las instrucciones de uso y le preguntó : – ¿ Qué pasó exactamente para que llegaran a casi matarse ? – No fue nada grave Mu, como Minos te lo dijo, tan sólo nos dejamos llevar por la acción... – ¿ Hasta el punto de tratar de matarse ? No intentes negarlo Saga, claramente sentí sus cosmos encenderse y ambos eran portadores de una verdadera hostilidad destructora, y cuando llegué a las arenas, el aire estaba tan cargado de tensión eléctrica como raramente he visto... – Minos insultó a mi hermano – acabó por confesar el gemelo, lo que no era totalmente falso, pero tampoco era la completa verdad. – ¿ Y respondiste a un ataque verbal con un ataque físico ? – inquirió Mu, mirándolo con aire escéptico. – No fue inteligente de mi parte – reconoció Saga. – Hay algo más, ¿ verdad ? – insistió Mu, sumiendo sus grandes ojos malvas en las orbes verdes del gemelo. Pues le costaba creer que habían estado dispuestos a matarse sólo por una mera burla, y le parecía que el gemelo le estaba escondiendo algo más. Sin embargo, Mu se perdió en las dos intensas y profundas esmeraldas que acogieron su mirada, luciendo al observarlo un luminoso y límpido brillo, adornadas con incontables reflejos nacarados semejantes a mil diamantes centelleantes como el agua clara de un mar cristalino, desprovisto de toda malicia y, al contrario, lleno de sinceridad e impregnado de tristeza. Al mismo tiempo, Saga se perdía en las insondables profundidades de esas dos amatistas puras y profundas de indescriptible belleza. Ambas engastadas en aquellas largas pestañas negras y salpicadas de estrellas más resplandecientes que las supernovas, ambas haciendo aquellos grandes ojos malvas de brillo estelar tan semejantes al espacio infinito adornado de estrellas y majestuosas galaxias centelleantes como miles de luces, cuyo resplandor intenso y magnético lo atraían e hipnotizaban inexorablemente, sumiéndolo en lo más profundo de aquel alma pura y límpida que residía allí y lo miraba con toda confianza. Era la primera vez desde su confrontación en el templo de Virgo que se hallaban así, frente a frente, tan cerca el uno del otro y mirándose fijamente a los ojos, ambos perdidos en la contemplación de sus respectivas gemas : puerta abierta y directa hacia el alma que protegían cada uno de ellos. Ambos conteniendo su respiración y teniendo que hacer un esfuerzo considerable para no dejar traslucir todo el trastorno que su compañero le inspiraba. – Es un asunto entre Minos y yo, Mu – Saga acabó por responder, apartando ligeramente los ojos, rompiendo con pesar el mágico encanto de ese breve momento tan inesperado como intenso en emoción contenida. ¿ Cómo hubiera podido mentir a esos ojos tan puros y tan límpidos ? ¿ A esa expresión a la vez preocupada como confiada ? No podía, pero, al mismo tiempo, tampoco podía confesarle las verdaderas razones de su altercado... – Estoy encargado de cuidar a Minos, Saga... – Lo sé. Pero no te inquietes, esto ya no se repetirá. Tan solo queríamos medir nuestras fuerzas el uno contra el otro, está hecho. Mu lo miró pensativo, aún dubitativo sobre la explicación brindada por el gemelo, sin embargo, no trató de leer en sus pensamientos. No le gustaba hacer eso y sólo lo hacía como último recurso. Después de todo, Minos se había efectivamente divertido con Kanon durante la última guerra santa, y si el grifo había provocado a Saga sobre ese terreno, sin duda este último había querido vengar el honor de su hermano y eso había manifiestamente degenerado en un combate de gallos para probar quién era el más fuerte. Sin embargo, el estadio de un simple enfrentamiento físico había ampliamente sido superado porque habían comenzado a emplear ataques de cosmos y no lo habían fingido. ¿ Hasta dónde hubieran ido ? Mu casi se estremeció de solo pensar que hubieran podido recurrir a sus respectivos ataques, los cuales, probablemente los hubieran mutuamente atomizado. Sí, de verdad, actuaron como dos gallos... – No confías en él ¿ verdad ? – No, en efecto... Sigue siendo un Espectro después de todo... – Pero ya no estamos en guerra y también sondeé a Minos : no tiene ninguna intención malévola hacia el Santuario y Atenea. Hacia ellos no, pero hacia tí… – quiso decir Saga, pero se contuvo de formular su pensamiento. Ante su silencio dubitativo, Mu añadió: – Escucha... él quizás tiene unas maneras especiales, pero no tiene ninguna mala intención respecto a nosotros. Es su modo de ser. Hace ya tres días que me codeo con él y puedo asegurarte que no tiene oscuras intenciones. – Si tú lo dices... Te agradezco por el aceite de masaje de todas formas. Ya me voy. – De acuerdo... Dile bien a Kanon que ponga muy poco aceite y que lo coloque en el centro de los puntos dolorosos, para extenderlo luego muy despacio en movimientos circulares... Eso calienta muy rápidamente. – No faltaré en decírselo. Y al menor error de su parte, lo mando a otra dimensión... Mu emitió una pequeña risa ante el comentario de Saga y le sonrió. Parecía descansado a pesar de lo que acababa de pasar y hasta era la primera vez desde su regreso a la vida que lo oía bromear. Porque se trataba de una broma ¿ verdad ? Eso lo conmovió y lo miró alejarse, con el corazón latiendo fuerte, y luego sintió su corazón acelerarse aún más cuando el gemelo volteó al momento de atravesar el umbral de la puerta para dirigirle una última sonrisa de agradecimiento, antes de desaparecer. Era la primera vez desde hacía tiempo que Mu lo veía sonreír así. También se percató de que era la primera vez que tenia una conversación con él desde su resurrección. Saga solía evitarlo habitualmente. No es que fuese maleducado, Mu había perfectamente comprendido que el gemelo se sentía incómodo en su presencia, probablemente porque no lograba hacer tabla rasa del pasado y perdonarse, lo que a él lo apenaba mucho. Sin embargo, le había asegurado a su regreso que todo estaba perdonado, porque al fin y al cabo no fue su verdadera personalidad la que había cometido todos esos horribles crímenes, pero al parecer, Saga necesitaba tiempo para asumir el pasado por lo que era, y de todas formas, no era distante solamente con Mu sino con todos sus compañeros de armas. Mu se sorprendió pensando que esa pelea había tenido al menos un punto positivo, el de incitar al gemelo a discutir un poco con él y hasta bromear, aunque fuera sólo por un breve momento; él era tan taciturno y reservado habitualmente. Bueno, el precio fue grande, sin hablar del incidente diplomático que había sido evitado por muy poco. Apenas acababan de hacer la paz con el ejército de Hades y ellos... Un ruido de puerta en el pasillo lo sacó de sus reflexiones y Mu subió la cabeza para ver al grifo salir del cuarto de baño, vestido con una simple toalla anudada alrededor de su cintura, dejando ver muy claramente sobre su piel diáfana las numerosas marcas ligeramente moradas aún visibles sobre su torso y sus brazos desnudos, a pesar de los cuidados de primera urgencia que le había prodigado. Las marcas de las profundas heridas que Saga le había infligido. *** Saga llegó muy vivaracho a su templo aunque ofreciendo una extraña visión que no manifestaba el mejor estado de salud tanta física cómo mental, ya que, ciertamente lucía una apariencia bastante lamentable, llevando su cara y su cuerpo cubiertos de polvo y las marcas aún visibles de una severa paliza en combate a pesar de los cuidados del carnero. Sin embargo, reflejaba una expresión de alegría indescriptible en su rostro suciamente dañado. Es que la sonrisa y la solicitud de Mu lo habían completamente emocionado y el recuerdo aún vivaz de su dulce y cálida cosmo energía alrededor suyo lo ponía casi eufórico. Además, durante su corta conversación, el carnero le había mostrado cuán fácil hablar con él era y aún permanecía bajo el encanto de esos grandes ojos malvas que se habían sumido con toda confianza en su mirada para cuestionarlo. Se había quedado de piedra durante todo su intercambio, conteniendo toda la emoción que había sentido querer aflorar frente a la mirada dulce e inquieta del joven lemuriano, frente a sus preguntas insistentes, frente a sus atentas recomendaciones, frente a su pequeña risa cristalina y por fin de su tierna sonrisa cuando había volteado hacía él. Pero había dejado la alegría invadir su corazón y expresarse sobre su rostro al salir del primer templo, subió las escaleras hasta la tercera casa con una sonrisa beata grabada sobre su cara como si hubiera alcanzado la cima de la felicidad, la cual se expresaba como estrellas bailando en sus ojos. Todo porque sentía la pequeña risa fresca y melodiosa del carnero aún resonar en sus orejas como si se tratara de la música más dulce que hubiera oído desde hacía muchísimo tiempo, y por poco hubiera silbado de alegría al franquear el umbral de su templo con el corazón tan ligero y feliz. Kanon, quien leía tranquilamente en el salón mientras lo esperaba para la cena, alzó la mirada al oírle llegar y casi dejó caer su libro ante la extraña visión que se ofrecía a sus ojos. Se levantó prontamente y se adelantó hacia su hermano. – Saga ¿ estás bien ? – se inquietó el gemelo menor al verlo entrar en el salón cubierto de polvo, con la cara tumefacta, el labio inferior hendido, los pantalones y la túnica desgarrados y los brazos estriados de marcas y cardenales, y a pesar de todo ello, llevando una expresión próxima a la beatitud grabada en su rostro horriblemente dañado. – Sí, sí, estoy bien – respondió Saga con aire casi ausente antes de dirigirse hacia el cuarto de baño para lavarse, dejando plantado a su gemelo en medio del salón. Kanon lo vió desaparecer en el baño con una mirada asombrada. Ya no sabía que pensar, le costaba comprender el humor de su hermano últimamente. Primero, Saga estaba completamente encerrado en sí mismo desde su resurrección, volvía frecuentemente tarde por la noche y desaparecía temprano por la mañana ¡Zeus solo sabía donde  ! y volviendo raramente para comer a la hora de la cena, que Kanon preparaba cada tarde y mantenía caliente o fresca, según el caso, para su hermano. Sin embargo, había logrado discutir con él repetidas veces y finalmente habían conseguido recobrar cierta complicidad, aunque Saga permanecía taciturno la mayoría de las veces, por no decir deprimido. Kanon había creído, sin embargo, que Saga había acabado por aceptar el pasado por lo que era aquella noche y que estaba listo para comenzar una nueva vida. Por desgracia, las dos noches anteriores, Saga había vuelto en un estado de cólera cercana a la furia, sin embargo, de la razón de ello se había rotundamente negado a hablar. Pero al menos hasta entonces siempre había vuelto en buena salud, en apariencia por lo menos. Y esta tarde, en cambio, volvía de no sabía donde en un estado físico próximo a la decrepitud pero con aire perfectamente feliz y relajado. Dejando las preguntas para más tarde, Kanon fue a la cocina para preparar rápidamente una cena fría, y esperó pacientemente que su hermano regresara del cuarto de baño pulcro y un poco más presentable. Notó que Saga había recobrado su máscara impenetrable también, con la mirada indescifrable, pero sentía cómo su cosmos estaba perturbado. También observó que las marcas sobre su rostro y sus brazos eran mucho menos visibles de lo que le habían parecido en un principio y qué el labio hendido estaba cicatrizado. – Saga ¿ qué pasó ? – le preguntó mientras empezaba a servirle. – Nada, sólo fue un entrenamiento... – Dioses, ¿ puedo saber quién te puso en este estado ? – Fue Minos – respondió Saga a regañadientes. – ¿ Minos ? ¿ Te entrenaste con Minos ? ¿ Creía que Mu era quién se encargaba de él ? – Sí, pero Shion pidió que Mu subiera a verle y le reemplacé por un momento. – ¿ Y ese momento fue suficiente para ponerte en este estado ? ¿ Te tomó de manera desleal a ti también ? ¡ Oye, espero que se lo hayas devuelto bien a ese presuntuoso Juez ! – Muy ampliamente, él está en un estado aún peor que el mío – respondió Saga, ocultando el hecho que fue más bien él mismo quién había actuado a traición contra el grifo. – Aaaah... es por eso por lo que te veías tan contento...– soltó Kanon, aliviado. – No en... Eh, sí... Bueno, sí... – farfulló Saga. Kanon alzó una ceja extrañado y de repente se estremeció, preguntando con preocupación : – Oye... ¿ Fue por mi culpa que peleaste con él ? – No, no… en lo absoluto, fue por M... Mmmm...Hmmm ! Hmm ! – Saga casi se atragantó al tratar de ocultar el fin de su frase al último momento, e intentó desesperadamente reparar su error, fingiendo haberse atragantado. – Mmmmm ? – preguntó Kanon, alzando una nueva ceja. – Nada, excúsame... Me atraganté... Kanon miró a su hermano, que parecía... en otro lugar. Su rostro no dejaba traslucir ninguna emoción pero Kanon sentía su cosmos muy... relajado. Eso no se correspondía con su hermano habitual y aunque le alegrara eso, lo dejaba perplejo también. – ¿ Por qué, entonces ? – persiguió con tono natural, mirándole fijamente mientras cortaba sus embutidos. – Hmmm... Sólo fue para ponerlo en su sitio... – Tuviste razón, ¡ él lo necesita ! Luego, observando las heridas de su hermano cuyos estigmas aún se traslucían bajo la piel bronceada de su rostro y de sus brazos desnudos, comprendió que ya habían sido atendidas y añadió : – ¿ Pasaste por la enfermería para curar tus heridas antes de volver ? – No, fue Mu quién me cuidó – Saga respondió más rápidamente de lo que hubiera querido, antes de proseguir para cambiar de tema – ¿ y tú, pasaste un buen día ? – Sí, muy bien, gracias – respondió Kanon. Esa vez, le pareció que el cosmos de Saga estaba cantando. Observó de nuevo a su gemelo que guardaba la mirada sumergida en su plato mientras devoraba su contenido con apetito. No había visto a su hermano comer así desde hacía mucho tiempo... Kanon tuvo una sonrisa a la vez tierna y divertida. ¿ Acaso su hermano... ? – Oye, es que el carnero es bastante eficaz... Desde mañana seguro ya no se verá ni una marca. – Lo espero... Me dijo que yo tendría que hacer masajes para acelerar la cicatrización y me entregó aceite de menta para hacerlo. ¿ Acaso podrías aplicármelo esta noche ? – Sí, claro... El cosmos de Saga irradiaba bienestar ahora y Saga contemplaba su plato con ojos soñadores. – Es increíble lo que Mu puede hacer con sus poderes lemurianos... – ¿ Puedes pasarme la sal ? – pidió Saga sin responder a la observación y siguiendo con sus ojos fijos en su plato con aire tierno. – Se encuentra justo a tu lado – contestó Kanon con una sonrisa. – Ah, sí, gracias... – Dime... ¿ Será Minos quién hace cantar tu cosmos así ? Saga se sobresaltó y levantó los ojos hacia su hermano en pleno bocado, a la vez horrorizado y estupefacto por tal idea. – Pero... ¿ Qué vas a inventar ? – Bueno... Si no se trata de Minos, es Mu entonces... ¿ No ? – continuó Kanon mientras lo miraba por encima de su tenedor con aire divertido. Saga casi se atragantó de verdad en esa ocasión. Estaba tan perdido en los dulces recuerdos que creía guardar sólo para él, que no notó al revivirlos distraídamente que con el simple evocar al carnero, mientras estaba comiendo, emitía su alegría a través de las vibraciones de su cosmos, el cual calmó inmediatamente. Deglutió y buscó un modo de negarlo sin dar la impresión de desmentir ferozmente, ya que sólo la verdad se suele desmentir... – No, no es eso... Minos me estuvo crispando y Mu por cierto tiene un poder apaciguador admirable... yo lo necesitaba, ese Juez es insoportable... – Eso es verdad... ¿ Ya viste cómo ese presuntuoso noruego está coqueteando con el carnero ? Pero Saga bien estaba en guardia ahora y no dejó traslucir el mal humor que ese simple recuerdo despertó instantáneamente en él. – Sí, y además, él no es muy discreto... ¡ Qué libertinos pueden ser esos Escandinavos !... pegaría bien con Afrodita...– respondió tratando de desviar la conversación. – Sí, pero nuestro pez ya está con alguien... aunque el grifo le gusta, por cierto...! – A propósito, ¿ juegas poker con ellos esta noche, no ? – preguntó Saga. – Sí, eso es verdad, será dentro de una hora... – Bueno, eso te da tiempo para masajearme antes de irte... – concluyó Saga, feliz de cambiar el tema. – Sí, claro... Aunque no creo tener las mismas virtudes que Mu para eso... – añadió Kanon con sutileza mientras observaba a su hermano por encima de su cuchara – Además, si bien has estropeado a Minos, eso significa que seguramente Mu tendrá que masajearle también para acelerar la cicatrización de sus heridas... El corazón de Saga se petrificó por un breve instante. No había pensado en eso en lo absoluto... Una nube negra pareció materializarse por encima de su cabeza, mientras trataba vanamente de calmar su cosmos de nuevo agitado por aquella... eventualidad. O más bien por esa muy gran probabilidad... Por lo visto... Hubiera debido figurárselo. Ya imaginaba al estúpido grifo ronronear y hacer exagerados remilgos bajo el experto tacto de los finos dedos del carnero, quien posaba sus manos sobre él, sobre su desnudo cuerpo, sobre su piel desnuda... Una chispa atravesó su mirada al sólo pensarlo, mientras fijaba sus ojos en su plato casi vacío con la intención manifiesta de atomizarlo con una explosión galáctica bien ajustada... pero se contuvo. Un elocuente silencio se instaló repentinamente, el cual Kanon rompió por fin ante la reacción de su hermano de la cual no había perdido ni un solo detalle. – ¿ Sabes, Saga ? Tendrías que hablar con él antes de que Minos le eche el guante... Saga levantó una mirada harta hacia su gemelo sin siquiera tratar de negar la insinuación esta vez. ¿ Para qué si su hermano leía en su cosmos como en un libro abierto ? – ¿ Para decirle qué ? Después todo el mal que le hice desde hace tantos años y hasta no hace mucho tiempo... Minos tiene razón... – Oye... No sé cuales fueron los estúpidos comentarios que te pudo soltar el grifo, pero... deja hablar a tu corazón, Saga... Mu es alguien comprensivo y abierto de ideas, estoy seguro de que ya te ha perdonado. – Perdonado, sí, ya lo sé... Pero... ¿ Cómo él podría tener sentimientos por mí ? – Se preocupa por tí, al parecer... ha curado tus heridas y hasta te entregó aceite de menta para que tus heridas cicatricen más pronto... Es un producto típicamente asiático que se suele vender a escondidas ¿ lo sabías ? – Sí, pero... eso no significa que se interesa por mí... – Eso significa que no lo dejas indiferente... – Mu hubiera hecho lo mismo por cualquier de nosotros... – Eso es verdad... Pero... ¿ Qué tienes que perder al tentar la suerte ? Quizás eso es lo que Mu está esperando, y si no es el caso, al menos, sabrás a qué atenerte respecto a sus sentimientos... No le dejes el campo libre a ese estúpido grifo porque él no dudará ni un solo momento... Bueno, vamos... Acaba de comer, así yo puedo hacerte ese masaje con el aceite de Mu... *** Una vez que Saga se retiró, Mu fue a ducharse y luego preparó una comida ligera para no cargar en exceso el estómago apenas reparado del grifo. Mu también le pidió explicaciones sobre lo que había pasado con Saga y Minos repitió su respuesta evasiva según la cual se habían dejado llevar por la acción, antes de desviar hábilmente la conversación, interrogando al carnero sobre el gemelo. – ¿Cómo está él, desde que regresaron a la vida? Quiero decir... ¿él es sociable? – No verdaderamente – tuvo que reconocer el carnero, un poco molesto por la cuestión y más aún al deber admitir que el gemelo no mostraba ningún entusiasmo por acercarse a ellos. – Ya sé que eso no es cosa mía, pero... él no me parece muy estable... – dijo prudentemente el grifo. – Supongo que ya sabes lo que pasó aquí antes de la guerra entre Atenea y Hades. Saga necesita tiempo para asumir lo que pasó, eso es todo – replicó simplemente Mu. – Justamente, ¿cómo pueden confiar en él después de lo que pasó? En particular si él no manifiesta ninguna voluntad por acercarse a ustedes sino más bien por alejarse... – Saga es de nosotros quien más sufrió por lo que pasó y precisamente esa es la razón por la que tenemos total confianza en él. – Pero... ¿Cómo estar seguro de que no ocurrirá de nuevo? – insistió Minos. – Vi el espíritu malvado que lo habitaba dejar su cuerpo cuando el escudo de Atenea lo golpeó (cf manga tomo 13). Su rostro volvió a ser tan puro como en el pasado y Saga le pidió perdón a nuestra diosa. Él es su más feroz defensor desde ese momento. Ninguno de nosotros duda de él. Una tensión casi palpable flotó en el aire al fin de la perorata sin interrupción del carnero, provocando por un breve instante un ligero malestar entre ellos. Pero esa vez, Minos no insistió, había comprendido el mensaje. O.K., no se debía tocar al gemelo... ¡Pero qué importaba! ¡él no era el qué le interesaba de todas formas, sino el carnero, le traía sin cuidado ese pajolero gemelo mal hablado! Excepto porque Aiacos le había puesto en guardia insinuando que Mu tenía cierta... debilidad por el esquizofrénico. Lo que parecía confirmarse... ¿Pero... hasta qué punto...? – De todas formas, estoy admirado por tí. Sufriste muchísimo por su culpa y no tienes ningún rencor hacia él. Hasta lo defiendes... Puedes estar cierto que el día en que deberás dejar esta Tierra, serás enviado a Elysión, ya ganaste tu sitio, les diré sobre eso a mis colegas al regresar – le dijo Minos con una sonrisa. Mu emitió una risita pero no hizo ningún comentario. Al menos, el ambiente se estaba relajando, ahora. Sólo dijo : – Bueno, voy a prevenir a Milo y a Máscara de la Muerte de que nuestra pequeña carrera de esta noche está cancelada. – Sí, efectivamente – se rió el grifo. Casi lo había olvidado – ¡Pero diles bien que a ellos los espero yo tan pronto como esté operacional y que voy a enseñarles como un grifo se calienta en su Noruega natal! Mu sonrió y quitó la mesa para luego sondear rápidamente al Juez. Los huesos estaban sólidamente soldados y las carnes bien reparadas y cerradas, pero un masaje era de rigor para confortar la regeneración de los tejidos y acelerar la cicatrización. En efecto, Mu había curado lo más importante de las heridas del grifo en la arena por psickokinesis, reparando todas las lesiones de los huesos y de los tejidos, pero aún había que reactivar la circulación sanguínea y linfática, y relajar todos los músculos y los nervios para permitir una curación total y rápida, y para eso, nada servía más que un buen masaje. Así, Mu decidió masajear todo el cuerpo dolorido del grifo para el sumo placer de éste, que no había pedido tanto. Un masaje cosmo-enérgico la noche anterior y esa tarde, un masaje de las manos del carnero... Casi y debería agradecer al estúpido esquizofrénico frustrado y trastornado... Mu lo hizo sentarse a la turca en la cama de la habitación ocupada por el grifo, vestido de sus solos pantalones, y se instaló de rodillas detrás de él. Comenzó por masajear los poderosos hombros, rozándolos primero con la yema de sus dedos en un gesto circular y regular que dio la impresión de una tierna caricia al grifo, mandándole largos escalofríos, luego apretando ligeramente y progresivamente, demorándose sobre los nudos que detectaba, trabajándolos despacio y liberándolos con una presión sutil y firme de los dedos. El grifo sintió sus músculos relajarse instantáneamente bajo la caricia dulce de esos largos dedos finos y flexibles de tacto increíblemente satinado y con efectos benéficos inmediatos. Una beneficiosa onda se propagó pronto en su cuello y a lo largo de sus brazos, y luego por todo su cuerpo, y Minos emitió un pequeño suspiro de satisfacción, cerrando los ojos, entregándose a la sensación dulce que lo invadía deliciosamente en delicados y continuos flujos, sintiendo cada vibración recorrer su espinazo e irradiar su cuerpo entero, llenándolo de placer como raramente lo había experimentado. Sintió la articulación de sus hombros dañados por el gemelo desatarse y la circulación de su sangre fluidificarse. Respiró profundamente, acelerando la oxigenación de sus músculos y la evacuación de las toxinas, favoreciendo así su descanso completo e íntegro, inundándolo de un bienestar total. Luego, Mu se sentó a su lado y acercó sus manos a los pectorales del grifo que rozó despacio en busca de los puntos de impacto donde los tejidos y las costillas habían sido aplastados o fracturados. Envió nuevas ondas de psickokinesis para confortar y solidificar su reestructuración, ondas de lo más agradables que actuaron como un bálsamo apaciguador sobre esas partes tan duramente traumatizadas, difundiendo allí un calor infinitamente dulce y relajante. Luego, descendió hacia los fornidos abdominales que gratificó con las mismas atenciones, que fueron realzadas para el grifo por el delicado y ligero perfume del carnero que se había levemente inclinado hacia él. La dulce fragancia que emanaba de sus largos y finos cabellos lo inundó de sus sutiles efluvios aéreos. El grifo respiró instintivamente más profundamente para impregnarse de ese aroma embriagador que actuaba como un elixir hechicero. Por fin, Mu hizo tenderse al grifo sobre su vientre y se sentó encima de él, tomando apoyo sobre sus rodillas, cuidadoso de no lastimarlo con su peso, por muy ligero que fuera, sobre el cuerpo apenas convaleciente del Juez. Hizo correr sus dedos a lo largo de la espalda de Minos y éste creyó que iba a morir de placer con una sonrisa de éxtasis grabada en su rostro para la eternidad, bajo las divinas caricias de las manos satinadas del carnero, embellecidas por una dulce cosmo-energía que calentaba los nudos y los doloridos músculos, para permitir un mejor descanso con suma suavidad de todos los puntos dolorosos, estimulando su circulación sanguínea y linfática. Una maravillosa sensación de bienestar semejante a nada conocido invadió el Juez y no lo abandonó por un buen rato, hasta después de que el masaje se acabara. Por Hades, ¿pero cómo se podía poseer manos tan mágicas, tan dulces, flexibles y ágiles, con efectos tan espectaculares y tan rápidos? Lo que se había hecho dolorosamente duro como la roca por los violentos traumatismos recibidos volvía a ser flexible y delgado, de elasticidad renovada y completamente recobrada, de tonicidad nueva, llena de energía y de vitalidad cuyas ondas benéficas sentía afluir. Los mismos nudos se desataban como una flor en eclosión bajo el efecto de los delicados y firmes dedos que actuaban con una temible y extraordinaria precisión, apoyando justo lo necesario para evacuar con mucha suavidad todos los puntos de presión, reemplazándoles por una exquisita sensación de bienestar y de relajación como nunca lo había conocido, y sentía una difusión dulce e intensa de irreprimibles olas de pura plenitud, aturdidores y embriagadores, inundar su cuerpo entero. ¡Por todos los dioses del Olimpo, era prácticamente extático! Teniendo cuidado de no expresar demasiado ruidosamente su satisfacción, rogó para que la sensación nunca se parara, lo que le fue concedido porque Mu continuaba concienzudamente masajeando al grifo, aun desatando nudos que hasta el mismo Minos no sospechaba. El Juez se estremeció cuando sintió los largos y finos dedos acercarse a sus glúteos y cayó instantáneamente en un estado cerca de la euforia, abandonándose a la exquisita sensación que relajaba tan maravillosamente todos los músculos y todos los nervios de su cuerpo tan deliciosamente languidecido. Pronto, se sintió caer en un dulce entorpecimiento relajante... En un último sobresalto de lucidez, el grifo se dijo divertido que debería verdaderamente agradecer al estúpido gemelo, porque si no lo hubiera estropeado así (aunque había sido a traición contra él) nunca hubiera tenido la oportunidad de conocer las maravillas de las cuales el carnero era capaz con sus manos. Manos que el gemelo no conocería, teniendo que contentarse con las de su arisco hermano para masajearlo. Dos a uno, pensó distraídamente, antes de caer en el limbo de un sueño reparador... *** Continuación del capitulo aquí. ;)
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