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''Estrecha colaboración'' by Ariesnomu / Mu Saga 4 ever (traducción mayo 2009) Capítulo 5 : Cita Al día siguiente por la mañana, después de un buen desayuno, Mu y Minos empezaron la ascensión de las escaleras para ir de nuevo a la biblioteca, una vez más protegidos de los rayos ya ardientes del sol por la sombrilla XXL de Aldebarán, que flotaba por encima de ellos, siguiéndolos escrupulosamente por los milagros de la telequinesis, habilidad por la cual el grifo no dejaba de maravillarse. Saludaron al toro que insistió en ofrecerles un café brasileño de su propia cosecha y charlar con ellos, tener noticias del mismo grifo, pues había oído hablar la noche anterior de su entrenamiento... intenso... con Saga. De verdad, independientemente de su amistad con Mu, Aldebarán había apostado con Shaka que Mu no tardaría más en ceder a los encantos del Juez y quería ver por sí mismo si las cosas prosperaban, incluso estaba listo a darles un pequeño empujón, si fuera necesario. Es que el grifo no le desagradaba, tenía buena presencia y, sin duda alguna, tenía debilidad por su tierno amigo a quien no le conocía ningún flirteo ni algún pretendiente. Shaka sostenía ''erre que erre'' que Mu era sentimental y que no sentía nada más que amistad y respeto hacia el Juez, por lo que resultaba inútil tratar de hacerlo caer en los brazos el uno del otro, pero Aldebarán, testarudo como era, no cedía. Mu era un corazón tierno y libre, y en ausencia de otro pretendiente, no veía ningún mal en ponerlos juntos. El carnero también tenía el derecho de ser feliz y si el bello y tenebroso grifo podía procurarle esa felicidad, entonces ¿ por qué no darles un poco de ayuda ? Desde su punto de vista, Mu saldría ganando mucho y además, si unos vínculos se tejían entre ellos, eso reforzaría la armonía y la paz ahora instaurada entre su Diosa y Hades. No había podido contar la noche anterior con el escorpión y el cangrejo para hacer adelantar las cosas o tantear el terreno ya que su pequeña carrera marina había sido cancelada, y como no podría probablemente tener lugar esa noche tampoco, entonces iba a hacerse cargo de todo eso personalmente. Y es que había apostado mucho con Shaka. Feliz de pasar un momentito con su amigo de siempre, Mu fue sorprendido por la súbita solicitud o por lo menos extraño interes del Brasileño hacia el grifo, ya que no paraba de preguntar por su salud, y más aún se sorprendía por sus alusiones apenas disimuladas acerca de su estrecha colaboración. Pero Aldebarán buscaba sobre todo saber cómo habían previsto pasar la tarde, teniendo en cuenta el estado del noruego. Aunque se hubiera recobrado de sus fracturas y traumatismos diversos del día anterior, no era sabio que Minos se entregara tan pronto a esfuerzos físicos demasiados fuertes, que podían volver a romper sus huesos apenas soldados. Por ello, habían convenido en hacer una reeducación suave, por cierto con el intermedio de un baño al fin del día, pero excluyendo todo esfuerzo violento y a fin de que no sucumbiera a la tentación, toda carrera fue prohibida para esa tarde, así que necesitaban efectivamente ocupar su noche. Por ello, el coloso de buen corazón los invitó a cenar en su casa esa misma noche, contando con hacerle probar al Juez las especialidades de su Brasil natal. Feliz de compartir una parte de la noche con su gran amigo, Mu aceptó con alegría, más aún porque eso le evitaría quedarse a solas con el grifo, a quién apreciaba por cierto, pero se mostraba a veces un poco demasiado atrevido. No había olvidado el pequeño intermedio de la tarde anterior en el taller, antes de que Saga llegara interrumpiéndolos. No es que temía al Juez, ni que no fuera capaz de rechazarlo si resultaba necesario, amablemente o firmemente, pero prefería evitar ese tipo de situación poco agradable. Mientras el grifo también se regocijaba y aceptaba inmediatamente, demasiado feliz de adivinar en Aldebarán un aliado de peso en su campaña de seducción del carnero. Además, eso evitaría ciertamente tener que soportar la presencia del otro esquizofrénico, que probablemente trataría de parasitar de nuevo su tarde. Pues, no tendría la audacia de incrustarse en la casa del toro a una cena a la cual no fue invitado. Así, luego podrían acabar la noche en el primer templo de manera muy... agradable... Porque la cocina brasileña era salpimentada... ¿no era así ? Quizás esto desinhibiría al bello Atlante... Así fue que ambos agradecieron por razones opuestas al toro que debía prepararse para el entrenamiento de la mañana, y Mu y Minos prosiguieron su camino, con destino al tercer templo. Mu sintió su corazón latir más fuerte a medida que se acercaban, mientras Minos reflexionaba sobre las indirectas que podría lanzar al esquizofrénico para ponerle de buen humor para el día completo. Encontraron a Kanon y a Saga en el salón, en ropa de entrenamiento y listos para bajar a las arenas. Saga parecía haberse recobrado lo suficiente como para ir al entrenamiento cotidiano que sólo era en parte físico, ya que estaba más centrado en la utilización del cosmos. Sin embargo, Mu se inquietó un poco por él pero prefirió no decir nada para no poner el incidente de la noche anterior sobre el tapete. Kanon no dejó de observar la hermosa sonrisa que Mu dirigió a Saga y la mirada estrellada en cambio de su gemelo a quien él estaba observando de soslayo, así como la mirada eléctrica y hostil intercambiada entre el gemelo mayor y el grifo, que no escapó a nadie a pesar de las palabras de cortesía pronunciadas ante todos, haciendo que Mu prefiriera no demorarse, para gran decepción de Minos que entonces no tuvo tiempo de soltar algo venenoso, y al contrario tuvo que soportar la sonrisa satisfecha de su rival en su espalda. Sin embargo, el grifo no perdió la ocasión de fastidiar al gemelo, porque al salir encontraron a Milo y a Máscara de la Muerte justo en el umbral de la tercera casa, mientras estos dos últimos descendían más temprano que de costumbre al entrenamiento en la óptica de pararse un momento en el templo del carnero, precisamente para preguntar por la salud del grifo, y asi ambos cómplices arthrópodos aprovecharon la ocasión y le pidieron inmediatamente sus noticias a Minos. Éste les tranquilizó y les agradeció calurosamente por su solicitud, y sabiendo que cierto gemelo estaba al acecho en la sombra de su salón y no perdía ni una migaja de su intercambio, Minos no se privó de hacer elogio de las maravillas que las divinas manos del carnero eran capaces de hacer. Ni siquiera tuvo que exagerar para describirlo. – Las manos de Mu son una verdadera maravilla, ya había tenido una visión de conjunto de sus habilidades cuando había curado mi calambre la tarde anterior – se regodeó en recordar para llamar la atención del gemelo – Pero ayer... ¡ Podéis verlo por vosotros mismos ! Ya no tengo ninguna marca de mis heridas y sin embargo, casi me parecía a un boxeador, debido a los multiples cardenales que tenía, sin hablar de las varias costillas fracturadas. ¡ Pero la magia de los dedos de Mu, su dulzura y sus divinos masajes vincieron todas esas heridas y ahora me siento como nuevo, totalmente revigorizado ! – Eres un privilegiado, Minos, porque ninguno de nosotros aún tuvo el honor de conocer el poder de las manos de Mu – comentó Máscara de la Muerte, mirando al carnero de reojo con una pequeña sonrisa torva. – ¡Exageran un poco! – Objetó Mu, molesto – solo se trata de psicokinesis, que cura todo ... –Cierto, pero puedo asegurarte que en mi vida nunca había conocido tal bienestar, tal relajación, tal descanso, tal... plenitud. Fue simplemente ex-qui-si-to. Casi... extático – insistió el grifo, muy satisfecho de poder lanzar así una pequeña y sutil indirecta hacia el gemelo, que lo recibió muy claramente. Kanon hasta tuvo que recurrir a toda su fuerza muscular para contener a su hermano quién estaba listo para arrojarse sobre el grifo, con los puños apretados y los ojos fulminantes, unas chispas atravesaban literalmente su mirada verde. – Fue por eso que te dormiste en seguida – Mu se apresuró a precisar, deseoso de restablecer la estricta verdad, ante la mirada repentinamente interesada de los dos arthrópodos y conciente de que Saga estaba en los alrededores y podía oír todo. No quería en absoluto que se hicieran falsas ideas y creyeran que había sucedido algo entre él y Minos. – Es verdad – debió admitir el grifo, apenado de que su rival supiera que no había exactamente sucedido lo que él había esperado, y con lo que incluso se había regodeado insinuándoselo la noche anterior. Y para gran alivio de su hermano, Saga se calmó instantáneamente, intercambiando una mirada agradecida con su gemelo que había adivinado bien, la noche anterior, al emitir la hipótesis de que quizás, el noruego se durmiera bajo los benéficos efectos del masaje del carnero. – Pero nunca había dormido tan bién en toda mi vida, placenteramente descansado. Había sufrido gruesos traumatismos, pero esta tarde, créeme, te mostraré que recobré... todo mi vigor – Minos añadió, insistiendo sutilmente en la última palabra, más hacía el esquizofrénico que hacía el carnero. – ¡ A nosotros también, vas a poder probárnoslo entonces ! – intervino Milo – ¿ No te olvides del pequeño desquite que nos debes, verdad ?! – Hubiera sido con mucho gusto pero mis costillas apenas están soldadas y aún debo evitar los esfuerzos demasiado violentos. Mu aún me prohíbe hacer una carrera y hasta entrenarme hoy día, sólo vamos a bañarnos para una reeducación suave, pero en cambio, mañana, soy todo vuestro ¡ y les mostraré lo que se suele hacer, en mi Noruega natal ! – ¡ Bien contamos con eso ! ¿ Pero qué van a hacer entonces, esta tarde? – preguntó Máscara de la Muerte, curioso. – Aldebarán tuvo la amabilidad de invitarnos a cenar, vamos a pasar la tarde con él – respondió Mu, feliz de cambiar de tema por fin. – Ahhhhhhh – Dijeron a coro Milo y Máscara de la Muerte. Pues, nada estaba arruinado, el toro iba a ocuparse de esos dos... Es que ellos también habían apostado mucho... – Bueno, entonces, Mu... Contamos contigo para masajearlo bien una vez más esta tarde, y devolvérnoslo en perfecto estado para mañana en la noche, eh ? – soltó Máscara de la Muerte. – Esta tarde y las otras tardes – dijo con remilgos Minos, mirando al carnero con aire inocente – También tendrás que enseñarme tu técnica de masaje, Mu... Nunca conocí nada así y sin embargo, en Noruega, nosotros también somos adeptos al masaje. También podré mostrártelo... – Ah, eso es un arte proveniente de Oriente – dijo Milo. – Probablemente – asintió Minos – pero con algo más específicamente lemuriano, me parece. Aiakos también, quién viene de Nepal, tiene manos de oro en cuanto a ese asunto, puedo asegurárselo, pero comparado a ti, Mu, ¡ Aiakos es un bruto ! – ¡ Supongo que él apreciará cuando le digas esto en la tarde ! – comentó Mu, desesperante de hacer desviar la conversación de sus talentos por lo que se trataba de masaje. – Ya se lo dije ayer por la noche – sonrió Minos. Todos se echaron a reír a carcajadas y con eso, se separaron para cada uno ir a su destino, mientras detrás de ellos, cierto gemelo digería todas las informaciones destiladas en el transcurso de la conversación, y reflexionaba sobre su estrategia para reenviar al grifo a su casa subterránea lo más pronto posible. *** Minos y Mu se atarearon rápidamente en la biblioteca. Sus búsquedas de los días precedentes habían adelantado mucho y ciertas cosas tomaban forma por fin. Diversas informaciones coincidían perfectamente y se completaban entre ellas o con las recientemente recibidas de los Infiernos la noche anterior o las que al fin del día Shion había querido discutir con Mu habiendo recibido un informe bastante detallado sobre los últimos descubrimientos de los espectros en Egipto. Pues Mu lo había traido y ahora ambos dedicaban su día a comparar esas informaciones con los diferentes escritos de los precedentes caballeros del Santuario en el transcurso de los siglos pasados. Los dos estaban muy concentrados sobre ese importante trabajo de verificación, análisis y síntesis que requería toda su atención. El lado positivo de la cosa fue que Minos se encontró demasiado ocupado para solo pensar en ligar con su huésped. El grifo lo recordó solamente cuando, con gran asombro suyo, Saga apareció en la biblioteca al final de la mañana, provocando dos reacciones totalmente opuestas una vez recobrados de su sorpresa: Mu pareció feliz de verlo mientras el Juez lo fulminó con una mirada negra. – ¿Y bien, Saga, que te trae aquí? – le preguntó cortésmente Minos con una mirada que expresaba más o menos todo... salvo la alegría. – Shion me pidió que les eche una mano a vosotros, porque me había mandado a realizar una misión de reconocimiento a Egipto hace trece años. – ¿Fuiste a Egipto hace trece años? – exclamó Mu sorprendido. – Sí, fue una de mis primeras misiones fuera del Santuario como caballero de oro, justo antes de hacer investigaciones sobre el Santuario submarino de Poseidón... Debía localizar ciertos lugares, detectar eventuales cosmos extranjeros y localizar todo campo de energía inhabitual o toda forma de pantano que no estuviera relacionado con una actividad humana, como el kekkai que rodea los Infiernos, señal de proximidad de un Santuario o de una residencia divina. – ¿Y qué habías encontrado allí? – preguntó Mu con mucho interés. – No mucho, por desgracia, pero Shion desea que compare lo que los espectros encontraron recientemente con mis recuerdos. A decir verdad, voy a necesitarte, Mu, para revivir muy precisamente algunos instantes pasados allá con el fin de no olvidar ningún detalle. – ¿Por qué? ¿No eres capaz de acordarte de eso a solas? – se burló irónicamente Minos con una pizca de agresividad apenas escondida. Estaba muy disgustado de ver al gemelo interferir en su trabajo con Mu y el hecho que el carnero tuviera que sondear sus recuerdos, por añadidura, no le gustaba en absoluto. – Digamos que los poderes psíquicos de Mu permitirán no omitir ningún pequeño detalle, sin significado en esa época pero que ahora pueden tener mucha importancia – respondió Saga con calma – Además, como espectador exterior, él tendrá una mirada mucho más objetiva que yo, que probablemente estaba influido por mi orden de misión y los pocos conocimientos que tenía en ese tiempo y que orientaron mis investigaciones. Es por ello que pude no prestar atención a ciertos detalles... – ¿Por qué? ¿No habías hecho previas investigaciones aquí ? – ironizó Minos. – Sí, pero no tan importantes como las que vosotros estáis haciendo desde hace tres días sin interrupción. No había ninguna amenaza procedente de Egipto en esa época y Shion me había rápidamente expuesto la situación. Era más bien un entrenamiento para acostumbrarme a detectar cosmos extranjeros o rastros de campos de energía, antes de que yo fuera a hacer investigaciones sobre el Templo de Poseidón. Aquí, vivimos en un circuito cerrado entre nosotros y la reconstitución de la orden de Atenea sólo estaba empezando. La inmensa mayoría de los caballeros aún eran niños, que apenas acababan su formación, incluso no todos habían nacido y ninguno de nosotros nunca había conocido la guerra. – Pero tendré que entrar en tu mente, Saga – lo advirtió Mu con dulzura. – Sé, y tengo una total confianza en ti, Mu – respondió Saga, volteando hacia él para mirarlo a los ojos de él, con el rostro confiado. *** Sí, estaba dispuesto a abrirle su mente, con toda confianza. Sabía que Mu sondearía sólo su espíritu y sus recuerdos, no sus sentimientos. No buscaría leer ni sus pensamientos ni su corazón sino solamente su memoria, investigaría para abrir sus reminiscencias sobre ese período preciso y reavivarlas con el fin de extraer todos los detalles, hasta los más ínfimos y los más anodinos en apariencia, pero que hoy podrían aportarles una preciosa ayuda. Después de todo, era él quien había subido a ver a Shion esa mañana para recordarle que había ido a Egipto en el pasado y sugerir que cotejara sus recuerdos con los recientes descubrimientos de los espectros y los estudios de los caballeros de las precedentes generaciones. De todas formas, él también era muy fuerte psíquicamente y perfectamente capaz de disociar su mente de las emociones de su corazón. Además, eso le daba un pretexto magnífico para acercarse a Mu y al mismo tiempo hacer adelantar las búsquedas, y claro, reenviar al grifo fuera del Santuario cuanto antes. Había largamente reflexionado sobre eso la noche anterior antes de dormirse y sonrió al notar el aire contrariado del Juez, que veía con malos ojos al esquizofrénico no sólo interponerse entre él y Mu sino también intentar de acercarse a Mu, y eso, nada menos que ¡delante de sus narices ! Mu asintió en silencio con la cabeza y se acercó al gemelo. Le recapituló rápidamente la situación y propuso no mostrarle nada de sus conclusiones o de las fotografías y otras ilustraciones, a fin de no influir sobre sus recuerdos. Tendrían todo el tiempo de discutir luego sobre eso y de común acuerdo, preferían empezar de nuevo y eventualmente si en esa pequeña introspección algunas cosas quedaban en la sombra o si interrogaciones se abrían camino. Mejor valía comenzar ese viaje en el pasado sin a prejuicio ninguno. De todas formas, Mu podría guiarlo sobre los detalles que tenía que recordar, ya que él había analizado lo esencial de los documentos y estudiado las ilustraciones. Insistiría sobre ciertas cosas para orientar las reminiscencias de su colega y le ayudaría a concentrarse sobre esos específicos detalles o a investigar más precisamente unos puntos particulares en apariencia insignificantes. Pues, le hizo sentarse y se instaló frente a él, levantando sus manos despacio hacia su rostro, colocándolas por cada lado de sus sienes cubiertas con mechones azulados. Entonces, le pidió a Saga que cerrara los ojos y pronto lo imitó, zambulléndose muy despacio en la mente del gemelo y buscando sin apremiarle el camino de su memoria. Confiando en la destreza y la delicadeza del carnero, Saga estaba muy relajado y dejó a Mu entrar en su mente sin oponer resistencia. Sintió la dulce y cálida cosmo-energía del joven lemuriano bañarlo en su aura y también como Mu pareció pedirle permiso, rozándolo con su psiquismo, lo cual le dio verdaderamente la impresión de una caricia. Se estremeció por sorpresa y Mu se retiró en seguida, abriendo grandes ojos para observarlo, cuidadoso y preocupado de haberlo posiblemente oprimido a pesar de todas las precauciones que había tomado. Saga se sintió repentinamente abandonado. El dulce calor se había retractado súbitamente, dejando un gran vacío detrás y él también reabrió los ojos, parpadeando, como si hubiera sido bruscamente quebrantado. – Excúsame, Saga. ¿Estuve brutal? – inquirió Mu, inquieto. – No, no, no en absoluto, sólo he estado sorprendido... No estoy acostumbrado a eso. Es muy especial, a pesar de todo... Mu sonrió, aliviado. – Sí, es bastante particular y nunca resulta muy fácil dejar a alguien penetrar su mente, y más aún su memoria... Relájate... Voy a recorrer tus recuerdos contigo. Vas a guiarme hacia ese período y el momento preciso cuando fuiste a Egipto. Vamos a revivir juntos exactamente todo lo que viviste. Necesito que estés relajado y concentrado al mismo tiempo sobre todo lo que percibiste. Asintiendo con la cabeza, Saga cerró de nuevo los ojos y se dejó mecer despacio por la aura tranquila y apaciguadora del carnero, que lo envolvió de nuevo, sintiendo su mente rozar el suyo con dulzura y delicadeza antes de insinuarse pausada y progresivamente en su ser, sin brusquedad, incitándole a relajarse más y a abrirle sus recuerdos, a recordar todos esos momentos pasados en Egipto, a redescubrir esos lugares que había recorrido, inspeccionado y sondeado, viendo de nuevo cada elemento, cada particularidad, reviviendo cada instante en todos sus detalles, todos sus sentidos solicitados para reconstituir lo que había percibido hacía tanto tiempo... Cuando había ido al sitio mítico de Heliopolis. O lo que quedaba de éste, en los alrededores del Cairo... Y luego en el desierto... Olores volvían y se mezclaban con los sonidos y las imágenes que afluían y desfilaban delante de él como si estuviera regresando allí en el momento presente, más vivaces que nunca y a cámara rápida. Rostros risueños o curiosos, siluetas, edificios, casas bajas, callejones desiertos o animados, olores de cocina que se escapaban de las ventanas, un mercado animado con puestos coloreados, el alboroto de la muchedumbre, voces, carcajadas, ruidos de coches, de bocinas, rechinamientos de neumáticos, campanillas de bicicletas, turistas excitados que gesticulaban en todas las direcciones y hablaban ruidosamente... Luego, el parque municipal, el obelisco central, los símbolos observados de cerca, los juegos de sombras y luces y una dirección indicada por el sol... Columnatas exteriores, el calor seco que subía del suelo árido, y luego las altas paredes de piedra de un templo en el desierto, los acantilados y las laderas abruptas de una montaña de paredes secas de color ocre y amarillo, un valle estrecho, un cañón desértico, imponentes estatuas en la ladera de una montaña como unos guardias en facción que observaban el desfile más abajo, quemados por el sol... Una entrada subterránea, un olor acre que agredía la nariz, una sala vasta y débilmente alumbrada, y luego un pasillo estrecho, húmedo y sombrío... Las imágenes se juntaban y se mezclaban confusamente y Saga oyó la voz tranquila y pausada del carnero en su cabeza pedirle suavemente que se calmara, y que tratara de volver hacia ciertos momentos, que se fijara en ciertos lugares para captar la atmósfera, para observar más lentamente los detalles alrededor que podían ser indicios muy preciosos, incitándolo a concentrarse para recordarse todo lo que entraba en su campo de visión y todos los sonidos que había percibido, tratando de reconstituir lo que había vagamente visto o oído. Volvió hacia atrás. Se acercaba a un templo hecho ruinas perdido en el desierto árido de calor agobiante, aún más sofocante que en su Grecia natal, lo que no era poco decir... Una nube de polvo traída por el viento caliente... El silbido del viento que se repercutía sobre las paredes escarpadas de un cañón estrecho y profundamente encajonado... Símbolos sobre las paredes a medias borrados por el tiempo. Rastros en el suelo que indicaban una dirección. La luz tamizada de una antorcha que alumbraba un estrecho pasillo... Interminables pasillos, frisas con jeroglíficos recurrentes, puertas secretas astutamente escondidas, unas paredes derribadas, inscripciones reconstituidas entre los escombros, imágenes y olores persistentes... Rastros de pasos... Rastros de energía... Rastros de cosmos... Saga frunció el ceño bajo el esfuerzo, Mu acercó sus manos de su rostro, casi tocando sus sienes, e intensificó su concentración para apoyar a su hermano de armas, animándole con su voz dulce que se deslizaba como una caricia suave y reconfortante mientras su cosmos dulce y tranquilizador apretaba imperceptiblemente su agarre alrededor de él, cálido, tranquilizador y casi tierno. Minos esperaba, observándolos atentamente a ambos y mordiendo el freno, no estaba realmente regocijado con la situación pero no podía hacer nada más. Esperó que la introspección no durara demasiado tiempo y que al menos, unos indicios interesantes salieran de eso. Esperó que todo esto no fuera una mascarada fingida por el gemelo con solo fin de acercarse al carnero. Como para responderle, ambos caballeros de oro descansaron por fin y ante su mirada interrogativa, Mu decidió mostrarle lo que había visto en la mente de Saga. Entrando en la del grifo. No sin haberlo advertido antes y esperado su asentimiento, por lo visto. Lo que el grifo se había apresurado a concederle, más que feliz de poder compartir ese intercambio tan particular con el carnero. Porque ya era una forma de comunión, de cierto modo, Psíquica, antes de ser física más luego... Fue sorprendido por el contacto, al que apenas estaba acostumbrado, ya que él no era realmente uno de los familiares de Myu y no tenía a ningún telépata en el ejército de espectros que mandaba. Aiakos, el gran especialista de las ilusiones y ataques mentales, lo había iniciado a resistir a los asaltos psíquicos, pero esto, era totalmente diferente. Mu utilizaba la dulzura y la delicadeza para entrar en comunión con su mente, a fin de compartir lo que había visto y sentido con él. Su psiquismo no lo agredía sino que pedía cortésmente entrada y se insinuaba muy despacio en él, sin ninguna brusquedad. Era casi una caricia que le mandó unos deliciosos escalofríos y se entregó a eso, totalmente subyugado, mientras descubría estupefacto, como si él mismo los viviera, las imágenes, los sonidos y los olores que el gemelo acababa de revivir algunos instantes antes con una precisión asombrosa. Cuando el intercambio se acabó, se sintió repentinamente vacío, como abandonado y se sobresaltó, emitiendo un pequeño gimoteo quejumbroso, tratando de renovar el contacto. Mu emitió una pequeña risa cristalina, esa misma que tenía el don de hacerle sentirse tan raro al grifo, y luego se excusó por haberse retirado quizás un poco brutalmente. Discutieron un largo momento sobre lo que los tres habían visto y sobre los detalles que convenía ver de nuevo más profundamente, luego Mu propuso volver simultáneamente, pero separadamente, sin que hubiera ningún contacto entre ellos, en la mente de Saga y de Minos a fin de que compartieran juntos y al mismo tiempo los recuerdos del gemelo para dar sus impresiones y orientar las reminiscencias de Saga, como si éste tuviera una cámara y la dirigiera a merced de sus recuerdos y de las observaciones de sus compañeros, tratando de cierto modo de hacer un zoom sobre unos puntos muy particulares susceptibles de aclarar unas cosas. Pasaron el día completo así, volviendo sobre los lugares-llaves que Saga había inspeccionado y sondeado trece años antes, analizando, disecando, profundizando, explorando y examinando completamente todo lo que vieron y sintieron, comparándolos con las conclusiones a las cuales Mu y Minos habían llegado, según sus búsquedas y las últimas informaciones recibidas de Kagaho y Faraón. Hicieron una corta pausa para comer y compartieron una comida rápida y fría que el gemelo les propuso tomar en su templo, para gran disgusto del grifo, quuien sin embargo, no tenía ninguna razón válida para rehusar la invitación y debió aceptar de buena gana. Mu había sido sorprendido por la proposición de Saga pero había aceptado con alegría, interrogando sin embargo al grifo con la mirada, ya que conocía las tensiones que lo oponían al gemelo, pero para su sorpresa, el noruego había dado su consentimiento al asentir silenciosamente con la cabeza. Mu era feliz de ver al gemelo comenzar a abrirse un poco, él quién evitaba a todo el mundo y a él en particular desde su regreso a la vida. Por fin, Saga parecía aceptar dejar el pasado detrás de él... Había debido recurrir a todo su dominio de sí mismo para no dejar traslucir su emoción cuando había debido entrar en la mente de Saga, pero el hecho que el gemelo se haya entregado con toda confianza lo había fuertemente animado y rápidamente puesto a gusto, sin contar con que las informaciones que su hermano de armas podía traerles podían resultar ser muy preciosas. Comieron rápidamente alrededor de un plato de fiambres variados y de queso de oveja, acompañados por una ensalada y un pequeño vino fresco, discutiendo tranquilamente para relajarse de su larga e intensa mañana, olvidando por algunos instantes sus búsquedas para relajarse y tomar un descanso bien merecido, y también considerar con detenimiento todo lo que habían visto. El gemelo se mostró de lo más afable y extremadamente servicial y atento, hasta con Minos, pero sobre todo con Mu, lo que el grifo no dejó de notar. Es que su huésped había muy bien preparado su asunto, evidentemente antes de subir a juntarse a ellos en la biblioteca. El plato de embutidos era copioso y variado y sobre todo no necesitaba cocinar, cada uno podía servirse de las piezas de chacina como le gustaba según sus ganas. Además, el gemelo lo había preparado con evidente buen gusto y gran sentido del arte decorativo de la mesa, presentando las piezas de chacina muy hermosamente en forma de rosetones artísticamente dispuestos y elegantemente adornados con tomates cherry y hierbas frescas finamente cortadas que excitaban las papilas gustativas con su sola visión. Y sobre todo, el gemelo hasta tenía té de mantequilla salada que proponer al carnero después de la comida, por lo que Mu fue agradablemente sorprendido y muy emocionado. Pero ningún queso de cabra acaramelado para el Juez. Una falta de gusto que no sorprendió en absoluto al orgulloso noruego que, mientras participaba activamente en la conversación, observaba atentamente al gemelo, rumiando interiormente. Así, Saga había decidido empezar trabajos de zapa... Minos se preguntó cómo poner fin a sus súbitos intentos para los venideros días, porque no dudaba en que el gemelo iba a seguir ahora que había comenzado. Esa tarde, por lo menos, les dejaría tranquilos ya que cenaban en la casa de Aldebarán, pero mañana... Debía encontrar un medio para apartarle. Por todo el día y por la tarde. Luego, regresaron a la biblioteca, donde la tarde les resultó larga y extenuante para los tres, mentalmente, anímicamente y físicamente, pero que al menos se reveló fructuosa. Además, las tensiones entre Minos y Saga fueron más o menos dejadas de lado por las circunstancias, ambos adversarios encontrándose en la obligación de colaborar juntos bajo la égida del carnero para hacer avanzar las búsquedas. Por cierto eran rivales, sin embargo, no olvidaban en lo más mínimo sus deberes y después de todo, cada uno tenía interés en que las búsquedas del día avancen lo más rápidamente posible: Minos para desembarazarse de la molesta presencia del gemelo, Saga para que Minos regresara cuanto antes al mundo subterráneo. Además, cada uno compartía una experiencia muy particular y casi íntima con el carnero, aunque cada uno hubiera preferido tener la exclusividad de eso. Pero nada estaba perdido. Minos pensaba recuperar el tiempo durante la cena de esa tarde y sobre todo durante la noche que seguiría, mientras Saga agradecía interiormente a su hermano por sus buenos consejos y ya veía al grifo regresar a su antro subterráneo, dejándole definitivamente el libre. En cuanto a Mu, se regocijaba de esa voluntad de apertura que el gemelo manifestaba por fin y de la buena voluntad del grifo de colaborar con el gemelo, a pesar de sus evidentes oposiciones. Así fue que agotados pero satisfechos y felices por razones tan diversas como opuestas pusieron fin a esa intensa y agotadora sesión de trabajo al final del día. Mu le mandó un rápido informe a Shion por telepatía mientras Saga y Minos se atareaban a volver a poner en orden todos los diversos documentos utilizados, luego bajaron juntos hacia los templos de más abajo. *** Continuación del capitulo aquí. :)
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