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“ÓSMOSIS” by Ariesnomu / Mu Saga 4 ever (verano 2007) Capítulo 7 : ENTREGA TOTAL (NC-17 a partir de la 3era parte) Parte 1/4 : Desvistiéndose La tregua no duró mucho. Se estaban mirando intensamente, un par de esmeraldas y otro de amatistas ahogados el uno en el otro, y no fue necesario leer en la mente de los dueños de esas magníficas joyas. Ambos supieron. Por ambas miradas de fuego que lanzaban chispas. Por las ardientes llamas del deseo que bailaban con fuerza en sus pupilas. Supieron que cada uno quería entregarse al otro ahora mismo, allí mismo, sin reservas, sin moderación, con devoción absoluta. Supieron que querían perderse el uno en el otro y fundirse hasta ser sólo uno, un solo ser que tocaría el cielo y alcanzaría la luz del sol. Pero sobre todo, supieron que más allá de la simple unión física de los cuerpos, la entrega sería la comunión total de sus corazones y de sus almas, en una ósmosis completa y perfecta, una fusión de los seres unidos por un lazo indestructible tal el vínculo universal que une los elementos, esa fuerza gravitacional que atrae y une los cuerpos en el espacio y que desafia el tiempo. Volvieron a abrazarse y a besarse con pasión, cada uno bebiendo el aliento de la boca del otro como si estuviesen sedientos, al mismo tiempo que se movían torpemente hacia la habitación. La luna brillaba aquella noche, era llena, su luz caía oblicuamente por la alta ventana a través de las cortinas que atenuaban su resplandor, bañando la habitación de una luz dulce y delicada. Por fin, llegaron al dormitorio y Saga empezó a acariciar la espalda de Mu con ambas manos bajo su larga melena de seda, tratando de sentir su firme cuerpo a través de la túnica de lino que lo cubría mientras sus labios abandonaban su boca y descendían golosamente por la grácil curvatura de su cuello, depositando ardientes y húmedos besos sobre la deliciosa piel, probándola por primera vez, devorándola a besos, arrancando suspiros de placer por parte de ambos. Alcanzó el hueco del hombro donde inspiró profundamente, respirando ese aroma tan característico del lemuriano que se desprendía de esa piel y de esa cabellera y que lo embriagaba tanto. Mmmmmmm... Es que estaba ansioso de impregnarse de Mu con todos los sentidos, quería descubrir todos sus encantos con los ojos, con las manos, con los labios, con su cuerpo, ahogarse en su fragancia e intoxicarse con la melodía de sus gemidos. Hundió su rostro en el fino chal de lino que rodeaba el cuello y los hombros de Mu para alcanzar más territorio a explorar para sus incansables e insaciables labios de fuego, mientras ondulaba lascivamente su cuerpo contra el de Mu, haciendo encontrarse a ambas entrepiernas. Fue entonces cuando Mu se sobresaltó y se liberó súbitamente del abrazo, jadeando y bajando la cabeza, como dudando. Confundido, Saga se detuvo, buscó su mirada, y creyó ver una mezcla de anhelo y de temor en los intensos reflejos de aquellos profundos ojos violetas, que ahora huían su mirada. Mu no podía mirarlo a los ojos. De repente, estaba algo nervioso, parecía vacilar, como hesitando entre seguir o huir, apenas respirando, sus manos puestas sobre el torso de Saga, como preparadas a rechazarlo, como si finalmente, hubiera cambiado de opinión. Un momento de pánico, el temor de no controlar nada, el miedo de no estar a la altura... Es que nunca había estado con alguien. Claro que deseaba eso con toda su alma pero... aunque confiaba enteramente en Saga, y a pesar del ardiente deseo de unirse a él en todos los sentidos posibles que ahora consumía su cuerpo, se sentía algo perdido, partido entre ese irreprimible deseo y la aprehensión ante el desconocido. Técnicamente, sabía perfectamente lo que pasaba entre dos personas que se aman, pero nunca lo había experimentado y no podía dejar de estar ansioso. Ansioso de no estar a la altura, ansioso de decepcionar a Saga por su ignorancia práctica en el asunto, y ansioso de no ser capaz de devolverlo las atenciones como pudiera esperarlo, por falta de experiencia. No tenía miedo de Saga en absoluto, sino de sí mismo, y las emociones se atropellaban en su mente. Saga le había dado su primer beso sólo hacía unos pocos momentos, lo había disfrutado inmensamente y había aprendido pronto con un solo beso, dejándose llevar por sus instintos y sus aguzados sentidos, guiado también por las atenciones de Saga. Pero aunque lo anhelaba con todo su corazón, eso era algo diferente... Adivinando lo que le torturaba, Saga tomó su rostro en sus manos con ternura, y lo levantó suavemente hacia el suyo. Lentamente, Mu alzó hacia él una mirada ardiente de deseo y de temor mezclados. – Mu, es normal tener un poco de miedo si es tu primera vez – le dijo dulcemente Saga, acariciando tiernamente su bello rostro, tratando de tranquilizarlo – Seré paciente... Y si quieres que me detenga, sólo tienes que decírmelo. En cualquier momento. Y lo haré, te lo prometo – añadió, mirándolo a los ojos con seriedad y ternura. – No quiero que te detengas. Esto... lo deseo de verdad – le respondió Mu, emocionado y algo aturdido – quiero pertenecerte, quiero que me toques y que me ames, Saga. Sólo es que... temo decepcionarte... – añadió en un susurro, bajando la mirada, molesto. – Mu, nunca podrías decepcionarme, créeme. – declaró Saga, abrazándolo con fuerza y luego apartándose un poco para mirarlo de nuevo – No puedes imaginar lo feliz que me haces al estar junto a mí y a darme la oportunidad de amarte. Y me honras inmensamente en dejarme ser el primero a amarte. Es un privilegio incomparable para mí y el presente más precioso que podías regalarme, Mu. Yo soy el quién teme decepcionarte... – ¡ Nunca podrías decepcionarme, Saga ! – exclamó Mu con vehemencia, alzando la cabeza. – Pues, relájate y déjate llevar, mi amor... Se miraron intensamente por unos momentos. Sus rostros se acercaron lentamente, como en un sueño, y sus labios se encontraron suavemente en un tierno beso lleno de promesas y de amor. Honrado de tener el precioso privilegio de ser el a quien Mu se entregara por primera vez, Saga decidió poner momentáneamente freno a sus ardientes impulsos, para no asustarle ni ejercer presión sobre él. Después de todo, eso iba a ser aún más maravilloso, la noche aún era joven, apenas empezaba, tenían todo el tiempo para descubrirse. Antes de dar paso a la pasión después... El primer toque era algo que debía ser perfecto e inolvidable, lleno de ternura, y así sería su primera entrega. Por fin, el beso se acabó. Se miraron y Saga notó con alivio y satisfacción que la chispa de temor había desaparecido de los hermosos ojos violetas de Mu. Sonriéndole, Saga se liberó levemente de Mu y empezó a desvestirlo lentamente, como abriendo un regalo precioso, a la vez con anhelo y ansiedad por lo que iba a encontrar, deshojando con cuidado cada envoltura para descubrir poco a poco todas las maravillas que se esconden adentro. Maravillas que había contemplado de lejos y que ahora iba a admirar de cerca. Admirar, tocar y degustar... Comenzó por el leve cinturón de tela que ceñía la delgada cintura y que ajustaba la fina túnica de lino al cuerpo del lemuriano. Lo desenlazó esmeradamente tal el lazo de un envoltorio y lo dejó caer al suelo con un ligero ruido. Luego, deshizo el fino chal de lino que cubría la parte superior y un lado de la túnica, haciéndolo deslizar por los brazos hacia el suelo, revelando así un grácil cuello, la exquisita curvatura de la parte superior de los hombros y una saliente clavícula, cuyas líneas puras estaban acentuadas por la etérea luz de la luna. Embelesado por esa hermosa visión llena de promesas, Saga la admiró con ojos brillantes antes de continuar con su tarea. La fina túnica de lino fue retirada con suavidad del mismo modo, dejando al descubierto dos redondeados hombros deliciosamente aterciopelados, un magnífico pecho firme y musculoso de piel tersa y brillante y un vientre plano con espléndidos abdominales que parecían hechos de acero, cada uno siendo perfectamente marcado y separado de su vecino por un camino que invitaba a dar un paseo. Los ojos de Saga ya los estaban recorriendo con avidez y resistió con dificultad la suma tentación de deslizar sus dedos a lo largo de esas tentadoras sendas. Pero no ahora, no todavía... Saga levantó la mirada hacia Mu, le sonrió y le preguntó : – ¿ Quieres desvestirme, Mu ? Mu se sonrojó levemente, sorprendido, pero asintió en silencio. Extendió las manos, y sus largos y finos dedos empezaron a desanudar el lazo que cerraba el cuello de la elegante túnica griega de Saga, y luego bajaron hacia la cintura para deshacer el hermoso cinturón de cuero, que dejaron deslizar hacia el suelo. Ahora, Mu se fijaba en la túnica de Saga. Pues, no tenía abertura por delante o por el lado como la suya, así que tendría que hacerla pasar por encima de la cabeza de Saga para retirarla y por cierto tendría que tocar a Saga en el proceso. Dudó un poco, pues dirigió una traviesa mirada a Saga y usando su poder de telekinesis, le quitó la túnica sin tocarlo en absoluto con sus manos...sino con su cálida cosmoenergía, que rozó la piel de los brazos y de todo el torso del geminiano con suma suavidad. De hecho, para Saga, resultó aún más sensual que si lo había retirado con sus manos, y Saga se estremeció de placer por el muy agradable y extraño contacto. Era la primera vez que alguien se le quitaba la ropa de esa forma y... le gustó. Mucho. Oh... Es que la noche se anunciaba aún más interesante que lo imaginaba. ¿ Así que su tímido lemuriano quería jugar ? ¡ Qué lástima que él no tenía esos poderes para devolvérselos ! Pero... tenía otras cosas en reserva para enloquecerlo... Mientras tanto, Mu se encontraba boquiabierto, admirando el espléndido torso de Saga, una auténtica maravilla digna de las más hermosas estatuas griegas, que hiciera palidecer de envidia a Apolo en persona. Ya lo había contemplado en su espléndida desnudez cinco años atrás, pero había sido a escondidas, de lejos y en dramáticas circunstancias, mientras que esa noche, lo tenía cerca de él y sólo para él, podía ahogarse en su contemplación sin reservas y sin temor, como para grabar esa divina visión en su alma... Amplios y musculosos hombros de líneas puras, poderosos pectorales y esculturales abdominales que parecían haber sido esculpidos amorosamente uno a uno con el más grande cuidado, frutos de largos años de entrenamiento, maravillosamente ambarinos, cobrizos, bronceados, dorados por el abrasador sol griego y pulidos por el viento y la sal del mar Mediterráneo... Saga parecía verdaderamente una estatua de oro... Pues, la estatua movió. Saga volvió a tomar la iniciativa y se arrodilló para deshacer los largos cordones de las sandalias que envolvían y moldeaban el pantalón a las elegantes piernas de Mu, rozando lascivamente sus manos contra la tela de la ropa, y con dulzura tomó un tobillo en una mano para quitar la sandalia, rozando suavemente el pie con sus dedos, resistiendo la tentación de llevarlo a sus labios. Todavia no... Notó como Mu se tensó por sorpresa, antes de relajarse, y repitió sus gestos sobre la pierna gemela para quitarle la segunda sandalia. Se incorporó y mirándolo con ojos brillantes, acercó sus manos al pantalón de Mu, lo desabrochó suavemente y lo dejó resbalar por las largas piernas a la vez finas y musculosas hasta el suelo. Ahora, sólo le quedaba el boxer a Mu, quien a pesar de estar casi desnudo, sentía un calor dulce y benéfico subir en su vientre, al saberse observado y detallado, pero Saga decidió ir despacio y quitárselo luego. Quizás después de los preliminares... O justo antes... – Me parece que es tu turno – le dijo con suavidad, sonriéndole. Pues, Mu se movió para quitarse la ropa que aprisionaba sus pies y devolviéndole su sonrisa a Saga, tendió las manos para deshacer su pantalón, mientras usando de nuevo su telekinesis, le deslazó los cordones, rozando sensualmente sus piernas y sus tobillos con su cosmoenergía, y luego sus pies al quitarle las sandalias. Saga se deleitó de esa forma tan extraña y sin embargo muy excitante y agradable de estar desvestido y se preguntó si Mu iba a usar la misma técnica para quitarle el boxer después. Por su parte, ya había decidido como hacerlo a su carnero... Parte 2/4 : el primer toque Ahora, estaban frente a frente, y se miraban de pies a cabeza, contemplándose mutuamente en silencio, embelesados, admirando como la tenue luz de la luna que alumbraba la habitación y caía oblicuamente por la ventana, iluminaba lo que tocaba y creaba sombras en los huecos, acentuando las elegantes líneas de las curvas, poniendo de relieve los volúmenes de los músculos, destacando las formas, y como las sombras bailarinas sobre su piel añadían algo sensual a su perfecta belleza. Saga no dejaba de mirar con ojos brillantes esa piel tan apetecible, de apariencia tersa y sedosa que invitaba las manos a tocarla y a explorarla, y de textura aterciopelada que incitaba los labios a probarla y a degustarla con todo su paladar. ¡ Qué delicia en perspectiva ! Los besos habían sido el primer plato para abrir el apetito, ahora venía la comida principal, en forma de un exquisito cuerpo que tenía toda intención de degustar sin dejar ni una sola migaja. Y qué decir del postre que siguiera... Mu vio la golosa expresión en el rostro de Saga que le estudiaba de pies a cabeza, y se sintió súbitamente como un corderito a punto de ser devorado de un solo bocadito por un hambriento lobo. Salvo que el lobo en cuestión planeaba probarlo muy despacio para saborear todos y cada uno de los bocados. Por su parte, no dejaba de admirar ese cuerpo tan perfecto. Saga era verdaderamente un dios vivo y Mu se sintió aún más honrado de ser amado por aquel divino ser. Había dedicado su vida a una divinidad desde su infancia, y nada ni nadie le apartaría de su deber sagrado ni de sus obligaciones, pero si su vida entera pertenecía a Atenea, su corazón pertenecía a Saga. Aquí se encontraba, hipnotizado, apenas respirando, ni siquiera atreviéndose a mover, como si un solo gesto o un leve suspiro rompiera el encanto del momento. Quería acercarse y tocar para estar seguro de que todo esto era real, pero no se atrevía, ni tan solo sabía por donde empezar. Como si Saga fuera una fruta prohibida. Pero Saga vino en su ayuda. Se liberó de su pantalón dejándolo yacer a sus pies, y mirándolo a los ojos, tomó sus manos en las suyas, y entrelazando sus dedos, las llevó dulcemente a sus labios. Cerrando los ojos, besó cada dedo tiernamente como si los estuviera bendiciendo, luego sumió sus esmeraldas en las amatistas, y colocó ambas manos del lemuriano sobre su corazón. – Te amo, Mu. No tengas miedo de tocarme – le dijo con ternura. Y con eso, Saga soltó sus manos. Vacilando levemente, Mu se fijó en el divino pecho, y lentamente, con el corazón palpitando, empezó a mover sus manos por el amplio torso, apenas rozando con sus dedos, como si se tratara del más frágil cristal que temía romper con un solo roce. Su primer toque... La piel era tibia y muy suave, deliciosamente suave, invitando a tocar. Pusó sus manos por completo para tocarla mejor, descubriendo maravillado el placer de sentir la firme carne bajo la suavidad de la piel, una carne que pedía más caricias, que le concedió con emoción, antes de subir sus manos hacia los hombros, acercándose un poco para rodear el cuello con sus brazos, sintiendo la piel desnuda bajo la suya, despertando un mar de sensaciones hasta entonces desconocidas para él. Saga acortó la pequeña distancia que los separaba, envolviendo a Mu en sus brazos con cariño, atrayéndolo dulcemente contra sí, dejando su rostro reposar contra su cuello, pegando sus cuerpos íntimamente por primera vez, piel contra piel, calor contra calor, y una deliciosa corriente eléctrica los recorrió a ambos, que se fue más intensa cuando dos pesados bultos tocaron un muslo o una cadera a través de la tela de la última prenda que aún los aprisionaba. Quedaron así tiernamente abrazados por un momento, disfrutando ese primer contacto sin prisas, dando el tiempo a Mu para acostumbrarse al toque y al dulce calor de sus cuerpos pegados el uno contra el otro, saboreando ese placer tan particular de estar juntos así, cerrando los ojos, sintiendo sus corazones latir el uno cerca del otro, cada uno respondiendo a los latidos de su gemelo. Saga había hundido su rostro en la larga cabellera de seda de Mu, aspirando profundamente su perfume tan embriagador, enredando sus dedos en esa melena tan suave, acariciándola tiernamente, deleitándose por su incomparable tacto que rivalizaba con las más refinadas sedas. No se cansaba de tocarla, sino para descubrir y acariciar la piel satinada de la musculosa espalda que se escondía detrás de la cortina de seda malva, provocando una leve aceleración de la respiración de su dueño. Mu se acurrucó contra él, respirando su aroma varonil, un aroma que inundaba sus sentidos y le tranquilizaba. Con él, se sentía bien, se sentía sereno y completo. Tomando confianza, movió sus brazos, sus manos se alejaron del cuello para deslizarse bajo los brazos de Saga hacia su espalda para recorrerla, explorando y mimando la ancha y nervuda superficie, maravillándose con la gloria de tocarla y de moldear esa curva sin verla, apreciando a la vez la piel suave de esta y los sedosos bucles que cubrían y acariciaban sus manos a cambio en el proceso. Así, Saga empezó a sembrar el pelo de Mu de tiernos besos, hasta llegar a la sien. Mu levantó la cabeza, tendiendo los labios, buscando los suyos y pronto sus bocas se encontraron de nuevo con gusto, las lenguas se deslizaron lánguidamente la una contra la otra antes de enrollarse como dos serpientes y empezar una danza sensual, y el abrazo se fue más fuerte. Entonces, sin romper el contacto, Saga les llevó lentamente pero seguramente hacia la cama. Mu se dejaba dócilmente guiar, siguiendo el movimiento, respondiendo al beso y a las caricias con igual fervor, sumido por completo en la embriaguez del abrazo de sus cuerpos casi desnudos, del beso, de las caricias. Sintió la cama tocar sus piernas y no pudo impedir que los latidos de su corazón se aceleraran. Pues, ahora, las cosas iban a ponerse serias. Las bocas se separaron y ambos se miraron a los ojos. Ya no había ningun temor en esos profundos ojos violetas sino el intenso brillo del deseo mezclado con la excitación, y con un sutil movimiento, Saga tumbó delicadamente a Mu sobre las sedosas sábanas de satén, tendiéndose encima de él. El cuerpo de Saga era pesado sobre el suyo, era algo extraño, pero a Mu le gustaba, se sentía en seguridad, envuelto en una dulce cálidez, envuelto en poderosos brazos, envuelto en ese aroma tan enajenante. Envuelto en el amor. Con el peso de la gravidad, sus cuerpos hacían aún más contacto ahora, sus piernas estaban enmarañadas, y Mu no pudo evitar estremecerse al sentir a través de la tela del boxer de Saga una dura prominencia presionarse contra sus muslos. En respuesta, sintió un intenso calor subir en su bajo-vientre, muy agradable y benéfico. Sintió el deseo subir en sus entrañas, y en la estrechez de su propio boxer. Saga se acomodó confortablemente sobre él, cuidadoso de no aplastarlo, apoyado en sus codos, cada uno a un lado de los hombros de Mu, con sus manos enredadas en su sedoso pelo, mimando su cabeza, mientras Mu lo rodeaba con ambos brazos, acariciando su nuca sin parar con una mano, su otra mano deslizándose sensualmente por toda su ancha espalda, bajo los sedosos bucles azulinos, dibujando con sus dedos los contornos de los firmes músculos y cada vértebra que encontraban, electrizando todo lo que tocaban. Así volvieron a besarse, apasionadamente, voluptuosamente, lánguidamente, disfrutando esa sensación de abandono en aquella posición donde cada uno se abandona al otro y recibe del mismo modo, moviendo sus rostros de un lado al otro, buscando el mejor ángulo para degustarse. Mu tendía el cuello al encuentro de esos enloquecedores labios cuando ellos parecían alejarse, sólo para volver con más fervor y más ardor, como un ave de rapiña cayendo en picado sobre su presa para tomarla y devorarla. Después de unos momentos de intensa y mutua degustación, Saga abandonó los labios de Mu para cubrir todo su rostro de una lluvia de besos. La frente, las sienes, las mejillas, la nariz, la mandíbula, en la que se demoró un poco, probándola gustoso con sus labios y con su lengua, arrancando suspiros de placer mientras Mu movía su cabeza y levantaba su cuello, pidiendo más. Mmmmmmm... El ave de rapiña tenía mucha hambre y la presa parecía más que dispuesta a ser devorada. Era hora de ir al descubrimiento de todo ese apetecible cuerpo con sus labios, por lo que Saga descendió hacia el cuello, que empezó a besar con la boca abierta de par en par tal y como un depredador, aplastando sus hambrientos labios y su golosa lengua sobre la piel tierna, erizándola con el leve roce de sus dientes, enviando exquisitos estremecimientos de placer que se difundían deliciosamente por todo el cuerpo de Mu. Mu respiraba hondo, e intensos suspiros se escapaban de sus labios entreabiertos en una sonrisa de intenso placer, embriagado al sentir el cálido tacto de esos carnosos labios sobre su piel suave, y al oír los mojados ruidos de los besos, extasiado por los repetidos asaltos de esa insaciable boca y de esos dientes que despertaban su piel como nunca hubiera creído posible, echando la cabeza hacia atrás para ofrecer su cuello sin reserva. Saga lo estaba devorando sin moderación y cuando los suspiros aumentaron súbitamente de nivel, supo que había encontrado un punto particularmente sensible, allí en el hueco del cuello, y otro donde la espalda y el cuello se juntan, así que insistió unos momentos en esos puntos, esmerándose a succionar y mordisquear y lamer con fervor, electrizando las tan sensibles terminaciones niervosas, regocijándose con los continuos suspiros que acompañaban las acciones de su golosa boca. Luego, movió sus labios hacia esos tan atractivos hombros aterciopelados que parecían gritar por ser devorados también, celosos testigos de las atenciones que hasta ahora sólo había concedido al cuello. Recompensó su espera, los cubrió primero uno y luego el otro de húmedos y voluptuosos besos, que pronto se fueron más y más fogosos, más hambrientos y más voraces. Saga los estaba devorando a besos, deleitándose en el embriagante sabor de la piel y en su deliciosa textura que lo enloquecía. Cuando fue saciado de ellos, bajó hacia la clavícula que trató del mismo modo, añadiendo unos suaves mordisqueos por toda su longitud, mientras sus manos consolaban los recién abandonados hombros con amplias caricias, antes de moverse al pecho. Qué territorio interesante y muy deseable... Las manos fueron primeras en tocar ese terreno virgen que hacía brillar sus ojos con avidez. Descubrieron una piel tibia y muy tersa, divinamente sedosa, que invitaba a recorrerla a manos llenas sin parar, lo que no se privaron de hacer, embelesadas por esa suavidad sin igual, y excitadas al sentir los acelerados latidos del corazón y la agitada respiración que sus caricias provocaban. Pronto, los labios se hicieron celosos y quisieron participar en el festín. Empezaron a delinear voluptuosamente la separación del pecho con intensos y húmedos besos, luego a saborear los salientes y tan apetitosos bordes de los pectorales, y por fin a recorrer cada uno en elegantes y amplios círculos, primero con sólo los labios y los dientes, depositando besos de fuego alternándolos con sutiles y dulces mordisqueos, y luego con una traviesa lengua, dejando un camino húmedo en su paso como un caracol, tratando de apagar el incendio provocado por los labios, acercándose más y más con cada recorrido al centro, que sin embargo los labios y la lengua esquivaron concienzudamente, provocando su frustración, dejándolo cada vez más trémulo en un mudo grito por un poco de atención y cariño. Jadeando y gimiendo descontroladamente, Mu se retorcía de placer como una anguila al sentir el tibio aliento, los ardientes labios, la húmeda lengua y los afilados dientes recorrer su piel y encenderla como nunca hubiera imaginado posible, arqueándose al encuentro de ellos, pidiendo más, especialmente para los dos desamparados botones de su pecho que se erguían desesperadamente hacia esos labios, que los ignoraban olímpicamente, sin comprender el porqué de tal desdén. Es que Saga había decidido guardar lo mejor para el final. Así que por fin, Saga decidió hacer caso a un delicado botón rosado rodeado por una aréola tal los pétalos de una rosa abierta, expuesta y ofrecida como una ofrenda en el altar puro de aquel hermosísimo cuerpo, llamando sus labios a gritos, atrayéndolos como un imán. Accedió gustoso a la petición, recogió ese atractivo capullo de rosa entre sus labios y sintió como Mu se arqueó violentamente al toque, subiendo su pecho para ir al encuentro tan anhelado de esa boca, apretando la nuca de Saga con más fuerza y abrazándolo más contra sí, mientras jadeaba hondo en una mezcla de alivio y excitación. Saga saboreó y degustó el delicado botón despacio como si se tratara del más refinado manjar del mundo, antes de chuparlo, aspirarlo y mamarlo voluptuosamente en pulsaciones lentas, dándole todo su cariño, sintiendo como se tornaba rígido y agradecido bajo las exquisitas caricias de su lengua y de sus labios. Hondos y largos gemidos de puro placer e intensas caricias en su espalda acompañaron cada movimiento de su boca, animándola a seguir sin parar, por lo que se demoró un momento allí para concedérselo con alegría. Pero tuvo que soltar ese sabroso capullo por fin, para honrar su gemelo que estaba gritando con celos, y consoló la abandonada flor con sus cariñosos dedos. Podía sentir y oír como la respiración de Mu se aceleraba ante esa doble estimulación y sonrió alrededor de la rosa que estaba mamando con absoluta devoción. Cuando sintió que ésta estaba saciada de sus atenciones, descendió para cuidar el vientre que estaba esperando su turno. Mientras se inclinaba para acercar sus labios a la apetecible piel, unos largos mechones suyos cayeron sobre el abdomen provocando cosquilleos por donde tocaban, por lo que Mu se estremeció fuertemente y soltó una risita cristalina. Oooooohhhh... ¿ Es que el carnero era susceptible a las cosquillas ? Qué bien... Pues, de inmediato, Saga empezó a hacerle cosquillas con ambas manos y pronto, gritos entrecortados de carcajadas claras resonaron en la habitación, mientras cuatro manos descoordinadas peleaban para defender o apoderarse de un territorio muy sensible que al mismo tiempo, trataba de escapar los asaltos girándose por todos lados, hasta que decidieron hacer una tregua y volver al asunto inicial. Pues, ahora Saga fijaba con ojos brillantes esos espléndidos abdominales expuestos a su mirada y por primera vez, ya no sabía por donde empezar. ¡ Dioses, es que eran tan hermosos ! Estaban tan perfectamente marcados y separados los unos de los otros por divinos senderos que invitaban a su completa exploración por largos paseos, en un laberinto interminable. Con la vacilante luz de la luna mezclada con los movimientos de la respiración, se parecían a leves colinas y valles misteriosos escondiendo un tesoro o un secreto bien guardado. La piel tersa y aterciopelada brillaba y centelleaba bajo la tenue luz de la luna en una verdadera invitación a su degustación. Así que su lengua fue primera en descubrir la enloquecedora topografía de esos abdominales. Se sumió en el divino ombligo que sus labios besaron con pasión, mientras su lengua se perdía en ese pozo sin fondo, antes de volver al aire libre para recorrer el cañón que trazaba una línea recta desde el ombligo hasta el pecho, provocando un fuerte sobresalto de placer e intensos gemidos. Mientras tanto, sus manos se posaron en las caderas para acariciar los flancos de abajo arriba a manos llenas, despertando y electrizando la suave piel con sus traviesos dedos. La lengua continuó su exploración geográfica, siguiendo la curva de un arco bajo el pecho. Se perdió en las escarpaduras y en los desfiladeros que cruzó, subió por las vecinas lomas y colinas que encontró, atravesó cuencas sin río para escalar nuevas colinas donde hizo una breve pausa para admirar el panorama desde otro ángulo de vista, maravillándose por el grandioso espectáculo que se ofrecía a su mirada, realzado por los juegos de la tenue luz de la luna sobre esos magníficos relieves. Los labios y los dientes se juntaron a la lengua de fuego para dibujar las líneas puras de esos divinos abdominales, moldeando con ardientes besos los valles y los montes, que pronto fueron seguidos por ansiosos dedos que acariciaban lo que los labios no estaban honrando. Mu se retorcía de placer por todos lados bajo esos continuos asaltos, jadeando más y más descontroladamente. Un intenso calor invadía su vientre en sutiles y regulares olas. Esos fogosos labios y esa ardiente lengua trazaban surcos de fuego en su cuerpo, encendiendo su vientre a la vez afuera y adentro y ya no sabía si quería más o si quería que esa deliciosa tortura se parara. Sus mejillas estaban encendidas, cerraba los ojos en una expresión de intenso placer, y sus manos se aferraban a los hombros de Saga con fuerza como si fueran su boya salvavidas. Saga sintió como Mu apretaba el vientre y se hundía más y más en el lecho, como tratando de ser absorbido por éste para escaparse de esa divina tortura. El geminiano sonrió divertido y medio sádico, y volvió a recorrer con su golosa boca toda la topografía de esos deliciosos abdominales, besando allí y mordisqueando allá, lamiendo por todas partes, mientras acariciaba con ambas manos lo que sus labios no podían besar. Por fin, cuando estimó haber recorrido todos los caminos por todos los lados posibles, decidió continuar su viaje abajo. Su mirada fue atraída por el impresionante bulto que palpitaba justo en medio del boxer y no pudo resistir, plantó un beso allí, provocando un fuerte sobresalto y un hondo gemido. Sonrió y pensó que pronto sería tiempo de liberar el prisionero de su cárcel. Pero todavía no... Depositó un beso en el hueco del ingle, y de allí sembró el interior del muslo derecho con húmedos besos hacia la rodilla, mientras ambas manos comenzaban a bajar el boxer de Mu, pero sólo un poquito, un poquitito, en verdad solamente doblando la parte superior de la tela unas veces, provocando que Mu se arqueara, pidiendo más. Pero, todavía no... Siguió recorriendo sádicamente la pierna de arriba abajo con sus labios y sus dientes en sutiles arabescos hasta llegar al elegante tobillo, mientras sus manos se dedicaban a acariciar la pierna por debajo, especialmente el tan sensible hueco de la rodilla donde la piel es particularmente tierna y que acarició intensamente con sus dedos. Luego, tomó el pie en ambas manos, acariciándolo con dulzura por todos lados, demorando un poco en la muy sensible planta, mientras empezó a sembrarlo por entero de cálidos besos, antes de tomar el talón en su boca para devorarlo y luego lamer lascivamente la tierna planta del pie, por lo que los gemidos aumentaron de nivel y de ritmo, tanto por la sorpresa como por la excitación y el sumo placer que subía por toda la pierna en poderosas ondas eléctricas. Mu ya no sabía muy bien donde se encontraba, sólo sabía que estaba flotando en un mar de sensaciones, cada una más agradable que la otra, y se dejaba llevar por la embriaguez de los sentidos. Sentía los cálidos labios, el tibio aliento, la húmeda lengua y los dientes correr por su cuerpo, honrando y despertando su piel que nunca hubiera sospechado que resultara tan receptiva , estimulando todos sus nervios y todas las terminaciones niervosas que ni siquiera sabía que tenía, electrizando todo su ser de un sumamente placentero modo que no hubiera imaginado. Mientras tanto, una vez saciado de este delicioso pie, Saga lo soltó y atrapó su gemelo, que trató del mismo modo, enviando otras descargas eléctricas por toda la pierna, antes de recorrer aquella por entero de abajo arriba con sus labios y sus manos en apasionados besos y caricias, hasta llegar a la cadera. Era más que tiempo de quitarle el boxer, así que sin previo aviso, Saga asió el lado izquierdo del boxer con sus dientes, y con una calculada lentitud, empezó a bajarlo por el muslo, rozando lascivamente la cálida piel tierna de éste con sus labios. Soltó la tela, para tomar el lado derecho y del mismo modo, bajó esa parte de la prenda por el correspondiente muslo, liberando así el comprimido miembro de su prisión, mirando como casi saltó y se puso derecho al sentirse al aire libre. Por fin. Saga tuvo que hacer inmensos esfuerzos para contener su propia excitación, todavía no era su turno, y siguió con su tarea de quitarle el boxer a Mu con sus dientes, mientras volvía a acariciar las caderas y las largas piernas ahusadas a manos llenas en el proceso, hasta finalmente tener el boxer triunfalmente en su boca y con un elegante gesto de la cabeza, lanzó ese último obstáculo por un lado. Ahora, podía concentrarse por completo en algo que tenía toda su atención y que anhelaba gratificar con un cariño muy especial. Así que se acomodó entre las piernas de Mu y fijó su golosa mirada en su objetivo : largo y liso, erguido tal una torre, hinchado, cargado de deseo para él, sobierbo, palpitante... Una verdadera delicia para la vista...y probablemente para el paladar. Lo que iba a descubrir pronto... *** Continuación del capitulo aquí (Advertencias : NC-17) ;)
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