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“Pensamientos de un gemelo” by Ariesnomu / Mu Saga 4 ever (abril 2008, traducido en junio 2008) Muchísimas gracias a Karin-san por haber revisado y corregido ese texto ! :) Parte 1/2 (Advertencias : NC-17) Tras salir de una puerta dimensional al pie del Santuario, subo cansado y exhausto los altos escalones que llevan al primer templo del dominio sagrado, en el cielo estrellado brilla una media luna apenas oculta por jirones de bruma que desfilan silenciosamente empujados por el viento en una lenta procesión hacia su lejano destino. Todo está tranquilo alrededor, sólo un dulce céfiro rompe el silencio ahora acompañado por el ruido de mis botas que resuenan sobre la imponente escalera de piedra. Regreso exhausto y fulminado de una misión agotadora que me tuvo alejado de mi bello Atlante y sólo tengo ganas de ducharme y deslizarme entre las sábanas para acurrucarme contra el cálido y firme cuerpo de mi bello amante, cuya calma y tranquilizadora presencia extrañé tanto. Mmmmmmmmmmmm... Ya respiro su perfume embriagador que impregna las sábanas y la habitación por completo, desprendiéndose de su divina piel y de su larga cabellera de seda malva que a la vez me apacigua y me perturba. Sonrío a pesar mío al pensar que mi bello carnero despertará en mis brazos mañana, enrollado contra mi cuerpo y respirando mi piel por la madrugada No le dije nada para darle una sorpresa. Cada noche antes de dormirnos, nos contactábamos por telepatía y nos calentábamos mutuamente con nuestra dulce cosmoenergía, murmurándonos dulces palabras y prometiéndonos un caluroso reencuentro. Comenzará temprano mañana por la mañana y proseguirá por lo menos hasta mediodía, tenemos tantas noches que recuperar y Atenea bien podrá esperar hasta mediodía el informe que debo llevarle. Llego por fin a la casa del carnero y entro sin hacer ruido, me quito la armadura que se coloca dócilmente en su urna y me dirijo inmediatamente hacia el cuarto de baño. Un rápido vistazo al pasar ante la habitación me deja entrever en la pálida claridad una forma torneada tumbada sobre la cama, cubierta por una fina sábana y dándome la espalda, un largo velo de seda malva me oculta la más bella de las visiones. Me deslizo bajo la ducha y me relajo instantáneamente bajo el chorro de agua tibia que logra relajar mis hombros y mi cuello, sólo lamento no sentir un par de dulces manos y dos poderosos brazos estrecharme tiernamente y un cálido cuerpo apretujarse contra el mío, como tenemos la costumbre de hacerlo cada tarde y cada mañana. Pero mañana desde el amanecer recuperaremos todo el tiempo perdido, me lo prometo, y también reanudaremos sin espera todos los rituales de nuestra dulce y tierna rutina. Salgo de la ducha más relajado que al llegar, me seco rápidamente y me dirijo hacia la habitación en traje de Adan. Kiki duerme profundamente en su cuarto, al lado, por una vez no tengo que esconderme. Entro en la habitación, decidido a entregarme inmediatamente a los brazos de Morfeo al apretujarme contra mi bello Atlante, respirando ya su perfume que me hechiza, pero me paro en seco en la entrada, cautivado por el fascinante espectáculo que se ofrece a mi mirada hipnotizada bajo la etérea palidez de la luna. Mi bello carnero ha despertado y me está esperando pacientemente sobre nuestro lecho de satén azul, sensualmente tumbado por el lado, su larga melena malva esparcida por la almohada y su magnífico rostro de sobrenatural belleza dirigido hacia mí, con un brazo extendido invitándome con lascivia a juntarme con él sobre las sábanas sabiamente enredadas alrededor de su escultural cuerpo desnudo y voluptuoso, moldeando sus perfectas formas y dejando aparecer entre los pliegues hábilmente doblados su piel aterciopelada y las insinuaciones más interesantes de su anatomía, develando indolentemente una cadera sensual y la curva perfecta de sus piernas a medio replegar. Me ofrece una de esas lánguidas miradas suyas de las que tiene el secreto mientras me dirige una sonrisa seductora y enseguida, siento todo mi vigor regresar a la velocidad de la luz y un benévolo fuego invadir mi entrepierna y luego irradiar mi pelvis. Súbitamente tengo mucho calor y hambre y sed también. Me acerco lentamente, cautivado y hechizado por esa visión y esas dulces sensaciones de las que estuve privado durante demasiadas interminables noches. Mientras me adelanto, lo contemplo tiernamente, examinándolo de pies a cabeza embelesado, mi mirada se posa primero en su maravillosa boca que me sonríe con sensualidad, se que no voy a resistirle. Mi bello carnero me conoce bien... Oh sí, cuánto me gustan su voluptuosa boca, sus pulposos y sabrosos labios, y su lengua juguetona y engatuzante. Cuánto me gusta sentir sus dulces y cálidos labios tan deliciosamente mullidos apretujarse sobre los míos con ternura y voluptuosidad, y su lengua ágil y flexible, cariñosa y traviesa, es una maravilla de sensualidad, siempre lista para retozar con la mía y explorar nuevas maneras de llevarme hacia los cielos. El resplandor de las estrellas luce en sus profundos ojos malvas, centelleando en mil chispas, creo ver galaxias brillar en esas resplandecientes amatistas de fuego que llamean con deseo, tornasolando con voluptuosidad, ondeando con lascivia, con intensos reflejos irisados cargados de sensualidad. Él mismo me observa de pies a cabeza y parece apreciar la vista de mi cuerpo desnudo, halagando mi ego y mi virilidad. Mi mirada continúa su contemplación y se pierde en sus hombros torneados y en su torso enteramente descubierto, dejando salir sus pectorales lisos y satinados que se levantan al ritmo regular de su respiración, y luego mis ojos se deslizan por esos esculpidos abdominales que centellean con un brillo metalizado bajo la etérea luz de la luna así como esa cadera hábilmente descubierta cuya simple curva es una invitación a la lujuria. Estoy muy cerca de la cama ahora y fijando mis ojos en la mirada de fuego de mi bello carnero avanzo dramáticamente con una mano falsamente amenazadora para de hecho apartar las sábanas que desenrollándolas y deshaciendo los pliegues sabiamente trabajados revelarán a mis ávidos ojos su espléndida desnudez. Me sonríe con travieso aire, dejándose dócilmente desnudar mientras ondula su cuerpo con movimientos muy sugestivos. Entonces, subo a la cama y me extiendo encima suyo, mirándolo lascivamente mientras lo cubro lentamente con mi cuerpo desnudo, encuadrándolo con mis brazos y encarcelándolo bajo mi peso. Nos contemplamos intensamente los ojos, sonriéndonos y sin pronunciar una sola palabra, no lo necesitamos, el fuego que baila en nuestras pupilas dilatadas habla por ambos. Me inclino hacia él y pronto nuestros pulposos labios se encuentran con ardor e impetuosidad por haber sufrido tantos días de separación, impacientes por volver a descubrirse y probarse, y nos devoramos con todo : paladar y lengua, recobrando esas embriagantes sensaciones y esa exquisita embriaguez que nuestras hambrientas lenguas saben tan bien exaltar, palpándose y estrechándose mutuamente bajo todos los ángulos con voluptuosidad, volviendo a descubrir con delectación la acogedora residencia de cada una, cuyos rincones tapizan con hambre, marcándolos como exclusivamente suyas. Nuestros brazos entran en acción y nos estrechamos con pasión, acurrucándonos más el uno contra el otro, deseosos de fundirnos mientras nuestros dos corazones laten al unísono con salvajes palpitaciones, nuestras piernas se enmarañan y se desenredan con furia y nuestras entrepiernas se encuentran con frenesí. ¡ Oh, qué ardiente es su boca, sus manos son ardientes y su cuerpo es un volcán impetuoso, febril e impaciente, al que el mío responde con la misma intensidad y la misma voracidad. Mi bello carnero tan sabio y quieto es un verdadero signo de fuego en la intimidad, ardiente como las brasas atizadas por el viento, ardiente como el sol, borboteante como un géiser, incandescente como un volcán. Mientras sigo devorándolo con apetito, mis largos dedos se pierden en el océano de su sedosa cabellera, ahogándose en la madeja de sus largos hilos lisos y satinados de chispeante brillo y exquisita suavidad, que tejo con mis dos manos extasiadas, y respiro su aroma tan característico que perfuma esa larga cabellera con una fragancia dulce y sutil, desprendiéndose en delicados y refinados efluvios, despertando todos mis sentidos en sumo grado. ¡ Oh, cuánto lo quiero y cuánto lo extrañé ! Estoy loco por él, por todo lo que es, por los más infimos detalles que lo componen. Quiero fusionarme con él, respirarlo a pleno pulmón, tocarlo y acariciarlo a manos llenas, devorarlo con todo mi paladar y apretarlo contra mí hasta asfixiarlo para ser sólo uno. Quiero ahogarme en su cuerpo, perderme sobre su piel nacarada, impregnarme de su olor, embriagarme con su perfume aturdidor, revestirme con su fragancia mientras lo devoro por completo, probando y saboreando cada parcela de su piel sin dejar nada a un lado, alimentándome de su textura aterciopelada, deleitándome de su sabor, saciando mis hambrientos labios y saciando la sed de mi sedienta lengua, mordiéndolo vorazmente mientras lo acaricio por todas partes con mis dos manos, sintiendo su firme carne bajo mis dedos, palpándola, masajeándola, amasandola, moldeándola como un artesano que esta dando forma a su obra más bella. Una y otra vez... Mmmmmmmmmmm... Quiero sentirlo vibrar y estremecerse bajo mis atentos dedos, bajo mis solícitos labios, bajo mi diligente lengua y sentir al mismo tiempo sus manos sobre mí, dulces y poderosas, manosearme y esculpirme lentamente con intensidad. Quiero oirlo gemir bajo mis caricias y mis apasionados besos y aturdirme por la musicalidad de sus suspiros, por la sinfonía de sus jadeos, por la melodía de sus tarareos de placer que me hechizan, me cautivan y encantan mi delicada oreja. Quiero sentir y oír los latidos de su corazón acelerarse, su respiración agitarse, su cuerpo levantarse y arquearse con furor pidiendo más intimidad. Quiero sentirlo palpitar y estremecerse alrededor de mí cuando lo poseo y buscar esa intensa unión para hacerla más profunda y aún más ardiente, para acercarnos más, para ser sólo uno y perdernos en el vértigo de nuestro poderoso e incandescente abrazo. Quiero sentir su sobreexcitado cuerpo desencadenarse, abrasarse y contraerse totalmente electrizado contra mí, en mis brazos y alrededor de mí en el momento de la fusión y luego liberarse en largos espasmos, sacudido por escalofríos, y oirlo gritar mi nombre en el éxtasis sin parar. Quiero verlo, con el cuello tenso, con los labios entreabiertos en esa beatífica sonrisa llena de alegría y contemplar sus ojos de indescriptible belleza centellear con maravilla y adornarse con esa expresión de plenitud sin igual. Quiero verlo perdido y desquiciado en la cumbre de la pasión, totalmente abandonado, prisionero de la voluptuosidad, los rasgos relajados y radiantes en esa sublime euforia, la mirada brumosa y desorientada, extraviada y perdida, y sentir como él y al mismo tiempo que él esa prodigiosa embriaguez que inflama e inunda nuestros dos seres por completo, unidos en la alegría. Quiero ver el éxtasis florecer sobre su espléndido rostro como los pétalos de una rosa y propagarse como una onda irreprimible sobre sus delicados y gráciles rasgos, iluminando su mirada consumida por el placer y llenarla de esa felicidad absoluta. Ooooooh, sí... Mi bello ángel malva, quiero verlo y sentirlo estremecerse y hervir en el éxtasis, en mis brazos, acurrucado contra mí, al mismo tiempo que yo, y dirigirme esa ardiente mirada salpicada de estrellas semejante a las supernovas, compartiendo su alegría conmigo y llenándome de esa grandiosa e irresistible felicidad que inexorablemente nos lleva ambos en su tumultuoso e impetuoso torrente. Pero antes de todo eso, antes de alcanzar ese nirvana, voy primero a festejar y hartarme de esa sublime ofrenda apetitosa y tan apetecible que sólo espera ser honrada… Su cuerpo entero es un festín para todos mis sentidos, me siento a la mesa sin jamás saciarme por completo, siempre más goloso y ávido de devorar más, perpetuamente hambriento y sediento tal Tántalo, salvo que tengo la posibilidad de apaciguar mis sentidos, alimentándome hasta hartarme de las delicias de su cuerpo estremecido abandonado a mi lujuria, que en lugar de saciar mis instintos en efervescencia sólo los exalta más, desquiciandome continuamente con sus encantos, aguzando mi insaciable apetito, galvanizando mi sensualidad en lugar de calmarla, encendiendo mi ser entero con un fuego inextinguible e inundándolo sin interrupción de una embriaguez inagotable. Oh sí, tengo mucha hambre, no cené esta noche y quiero mi comida preferida, aquella de la que he estado privado tanto tiempo para compensar, y quiero darme una larga comilona al viajar sobre todo ese maravilloso cuerpo probándolo por todas partes, acariciarlo y respirarlo hasta hartarme y enloquecerme. Con la promesa de volver pronto, entonces abandono sus sabrosos labios para trasladarme hacia su grácil cuello que devoro igualmente, tal como una hambrienta fiera, deslizándome lentamente hacia los hombros llenos y satinados de los que me alimento con voracidad, mientras amaso esa musculosa espalda lisa y esa carne firme que me enloquece, respirando su piel tan deliciosamente perfumada. Luego, me dirijo hacia ese incitante torso que exacerba más que nada todos mis sentidos y me hace perder la razón, olvidar toda noción de espacio y de tiempo para enfocar todos mis puntos de referencia sobre esas sendas de perdición que llaman a mi ser entero, atrayéndolo inexorablemente como un imán. Es indiscutiblemente mi destino preferido, el de las largas excursiones en medio de sus sublimes pectorales cincelados, tan magníficamente lustrados, y de sus abdominales de acero con esos reflejos metalizados que ondean sobre su piel nacarada y aterciopelada, cuya sola vista es suficiente para hacerme perder toda racionalidad. Me zambullo allí y me pierdo a lo largo de sus divinas sendas que recorro lentamente con mis extasiados dedos, acariciando su piel maravillosamente satinada cuyo sabor deliciosamente salado mis sedientos labios redescubren, mientras respiro su olor sutilmente exhalado que infaliblemente me embriaga de sus dulces efluvios perfumados.  Totalmente subyugado, me detengo en cada curva para impregnarme de todas las sensaciones en las que me sumerge esa enloquecedora topografía que excita y electriza todos mis sentidos, colmándome de esos olores sutiles y refinados, aturdiéndome con ese tacto incomparable y satinado, deleitándome con ese sabor inigualable que llama mi lengua y agrada jovialmente todas mis papilas, redescubriendo cada contorno de esos relieves maravillosamente ondulados y marcados, volviéndo a dibujarlos todos para asegurarme de su realidad, de mis solícitos dedos y de mis encendidos labios, de mi sedienta lengua que se arroja a lamerlos con avidez, provocando temblores que sólo aumentan mi insaciable voracidad. Lo devoro por todas partes, con todos mis sentidos, lentamente para deleitarme mejor de él y prolongar ese momento de intensa y pura voracidad. Me gusta saborearlo y tomar todo mi tiempo cuando festejo sobre su cuerpo, acompañado por la dulce melodía de sus suspiros y por sus manos que me acarician con intensidad y tanta sensualidad para animarme a seguir sin detenerme. Oh, cuánto me gusta oírlo y sentirlo responder a mi glotona exploración mientras lo honro y desciendo muy lentamente a lo largo de su sublime torso que tiene mi total adoración. Mmmmmmmmmmm... Sí, cuánto me gusta sentir su espléndido pecho levantarse y entregarse perdidamente al contacto de mis labios y de mis manos que lo encantan y lo amasan, mientras sus suspiros resuenan como ronroneos, entrecortados por pequeños gritos cuando mordisqueo sus pezones o por largos gemidos de placer cuando los aspiro. Oh, por todos los dioses, cuánto me gusta degustarlos, saborearlos, mamarlos, deleitarme de su sabor de avellana azucarada que estalla en mi boca en una explosión de sabores mezclados con el más salado y tan refinado de su piel satinada. Mmmmmmmmmmmm... Mi delicioso carnero, mi maravilloso Atlante... Y cuánto me gusta sentir sus brazos cerrarse alrededor mío y sus largos dedos correr sobre mi piel para encerrarme y obligarme a demorarme largamente sobre él, sobre su vientre plano y musculoso con chispeantes abdominales que alegran mi papilas y cuyo irresistible aroma enloquece mis narices con la dulce perspectiva de acercarse a la embriagadora humedad que recorre sus atributos masculinos, maravillosa promesa de otro festín. Oh, cuanta hambre tengo de él, tengo tantas ganas de él, de devorarlo por completo, de saborearlo, de impregnarme y guardar en la boca y en mis narices todos los sabores y olores que lo conforman tan único, tan exotico , tan deseable, tan delicioso y tan devorable. Prosigo con mi periplo hacia el sur con grandes lenguatadas y ardientes besos mojados, saboreando todo al recorrerlo mientras lo acaricio intensamente con mis largos dedos, amasándolo y recogiendo invisibles migajas que llevo a mis labios para no perder nada. Por fin, llego al cruce donde se yergue orgullosamente una imponente columna, edificada tal como si fuera un monumento erigido a la gloria de la voluptuosidad, un verdadero himno a la sensualidad. Contemplo el ahusado obelisco que se alza hacia los cielos, como un cohete listo a lanzarse que me invita a examinarlo atentamente para verificar su buen estado de funcionamiento. Procedo a su completa revisión, inspeccionándolo bajo todos los ángulos con la lengua para detectar la menor defectuosidad, explorando y lubricando las partes llenas y cada rincón con el máximo cuidado, empezando por la cabina donde me demoro largamente, levantándola y palpándola con la punta de la lengua, y luego la estrecho con efusión para probar su resistencia, antes de encerrarla por completo para controlar sus capacidades en medio cerrado y su resistencia contra los repetidos choques, firmemente apretada entre mi paladar y mi lengua, y luego contra violentas aspiraciones que podrían deformarla. Un ruido sordo semejante al rugido de los motores se oye durante todo el tiempo mientras la cabina ya está vibrando con ardor, pero la cuenta hacia atrás todavía no ha empezado. Aún debo sondear todo el fuselaje y me consagro a eso muy pronto, con la misma esmerada vigilancia, recorriendo con delicia todos los contornos lisos sin la menor aspereza, admirando su perfilada y esbelta forma, envolviéndolo con mis caricias con suma atención, tapizando mi paladar y luego el fondo de mi garganta con puro deleite, estrechándolo con cariño y realizando al mismo tiempo las pruebas de conformidad para probar su resistencia a la presión. Lo siento vibrar, ya está listo para despegar pero todavía no es tiempo, aún debo verificar la base de la plataforma de lanzamiento que no debe ceder en el momento de la ignicion. Bajo hacia alli y realizo mi inspección con la misma aplicación, sopesando cada pata y probando su buena base, sometiendo a prueba su peso y su resistencia a grandes lengüetadas y aspiraciones, con un cuidado muy particular, demorándome largamente allí, embelesado, y asegurándome que todo está conforme a las normas de seguridad. Luego vuelvo a auscultar la cabina principal. A decir verdad, la inspección ya está terminada, regreso allí únicamente para deleitarme de él, habiendo cumplido mi deber y mereciendo por eso una justa recompensa. Lo pruebo y lo degusto con la lengua por todas partes, saboreando su sabor tan particular y su textura tan deliciosamente satinada, vuelvo a aprender todos sus contornos delineados y sus curvas perfectamente carenadas y de pronto, un zumbido ensordecedor resuena repentinamente mientras el obelisco comienza a temblar violentamente. El cohete esta encendido, lo siento resonar en mi garganta y luego elevarse súbitamente y poco después, bebo su quintaesencia, cálida y llena de vida, que brota como un manantial repentinamente liberado de un lugar secretamente guardado, fluyendo en continuos y repetidos flujos que me vivifican, su savia vital, su divino néctar, mi ambrosía... Mmmmmmmmmmmm... Lo bebo con gratitud, honrándolo y redoblando la intensidad para prolongar ese intercambio que me embriaga tanto como me encanta, escuchando la dulce música de sus largos gemidos de placer, abrevándome de su dulce fuente hasta secarse. Por fin, el obelisco se relaja y lo acompaño amorosamente en su movimiento, mimándolo tiernamente y besándolo afectuosamente, mientras la agitada respiración se apacigua y recobra poco a poco su ritmo regular. Alzo los ojos hacia él y mi mirada nublada por un deseo exacerbado lo contempla, perdido y magnífico, sumido en un mar de placer, el rostro radiante y el cuerpo languidecido, y esa sola visión basta para repentinamente encenderme y abrasarme completamente. El fuego fluye por mis venas como la lava de un volcán, no puedo esperar más, hiervo de ardor, lo quiero ahora, quiero perderme en su cuerpo para alcanzar juntos el nirvana en el más grandioso de los éxtasis, quiero poseerlo y al mismo tiempo darle todo, mi cuerpo, mi alma, mi ser entero, pertenecerle totalmente al mismo tiempo que lo tomo. Nuestras miradas se cruzan y fusionan instantáneamente, tenemos las mismas ganas en el mismo momento, me coloco mientras se prepara rápidamente por telequinesis para mi llegada y bendigo sus poderes atlantes de numerosas y sorprendentes aplicaciones, hasta en momentos tan íntimos y tan inmensamente intensos. Lo hago mío y él me acoge con ardor, el mismo ardor que abrasa mi pelvis y me zambullo con hambre en el calor acogedor de su incitante residencia, dónde deliciosos escalofríos me embargan inmediatamente en una explosión de exquisitas sensaciones, mientras sus muslos me encierran con ferocidad y sus largas piernas se enrollan alrededor de mis caderas para encerrarme con vigor, con sus pies martillando mi trasero para hundirme más adentro. Oh, dios mío... ¡ Qué divino está ! Estoy en el Paraíso, ya no veo nada más, perdido en las delicias que me asaltan y me llaman y respondo a su reclamo, hundiéndome ciegamente, guiado por mi instinto y esas sublimes sensaciones que exaltan mi pelvis. ¿ Quién posee al otro? Ya no lo sé. Formo parte integrante de él, le pertenezco, eso es todo de lo que soy consciente, tengo la impresión de estar prisionero en un doble tornillo de banco de fuego, sus ardientes tenazas encerrándome interior y exteriormente y eso es simplemente maravilloso, no quiero liberarme, al contrario, quiero perderme allí y zambullirme indefinidamente porque ese es mi sitio para toda la eternidad. Gemimos al unísono mientras nuestros movimientos consolidan nuestra unión en una perfecta sincronización, empezando ese divino baile donde cada uno trata de fundirse con el otro, separándonos muy brevemente sólo para encontrarnos mejor, más íntimamente y más profundamente. Sus suspiros se hacen más intensos y más poderosos, su respiración más larga y más profunda, al ritmo de mi vaivén y de mis poderosas embestidas, a los cuales responde con furiosos movimientos de su pelvis, agitando sus piernas con frenesí, enviándome más lejos y atrayéndome junto a él de nuevo, uniendo mis gemidos con los suyos, perdido en las delicias de su cuerpo, de su exquisita carne que me estrecha, de su calor embriagador que me rodea y me ciñe como una vaina amorosamente encerrada alrededor de su espada a la que pertenece, como un tornillo de banco estrechamente apretado alrededor de un tesoro tal un estuche. Oh, dios mío... Es tan sublime, tan delicioso, tan prodigioso, cierro los ojos para entregarme mejor al torbellino de fuego que se apodera de mi pelvis. Súbitamente, me pone boca abajo con un movimiento de su pelvis y agarra mis caderas con ambas manos mientras se arquea hacia atrás y me cabalga con fuerza, gimiendo sensualmente, empezando amplios y lentos movimientos que se vuelven rápidamente enérgicos, levantándome con él y despegándome de la cama, arrancándome roncos e histéricos gritos en el proceso. Dios, si que mi fogoso jinete es ardiente, yo soy quien lo posee pero él es quien dirige el baile, el placer trepa inexorablemente en largas e incandescentes olas y la sensación es tan exquisita e intensa que tengo la impresión de delirar. Abro los ojos y mi aliento se suspende ante la espléndida y fascinante visión que se ofrece a mi mirada perdida y enloquecida de placer. Él es maravilloso sobre mí, lo contemplo, su larga cabellera malva está volando con gracia con cada movimiento, ondeando majestuosamente mientras cabezea hacia atrás despacio, en lentos movimientos circulares. Su suntuoso torso de pectorales lisos y salientes se levanta, abandonándose eróticamente mientras se cubre de perlas finas y cristalinas, que realzan su brillo con una luz metalizada, haciéndolo reluciente y fosforescente en la etérea penumbra, extiendo las manos para tocarlo y sentirlo vibrar bajo mis atentos dedos, se arquea para darme mejor acceso y estira el cuello, echando la cabeza hacia atrás, totalmente abandonado a mis caricias y gimiendo, lo que me vuelve loco. Veo su vara erguida y tensa mecerse lánguidamente a merced del ritmo de sus movimientos y la vista tan maravillosamente erótica de su esbelto cuerpo ofrecido así a la voluptuosidad en la sobrenatural belleza que le confiere esa aura metalizada me vuelve loco de deseo, siento la imperiosa necesidad de apretarlo contra mí y de besarlo, quiero sentir su sublime cuerpo contra el mío en el momento de la fusión y me incorporo para estrecharlo, robar sus labios y cubrirlo de caricias. Primero, muerdo su cuello ofrecido y lo devoro, él gime largamente y alza la cabeza, me dirige una mirada resplandeciente de deseo y desbordada de placer, y soltando mis caderas para apoyarse sobre mis hombros, reanuda sus movimientos sobre mí, redoblando de ardor, haciéndonos gritar, y luego se inclina y llama mis labios, los captura con voracidad y los devora literalmente, ahogando nuestros gemidos. Él también tiene hambre, aún no ha comido, dejándome el honor y la prioridad y sonrío de antemano al pensar que él también va a alimentarse de mí. Su lengua busca la mía para un endiablado baile mientras sus labios se apretujan y mueven con voluptuosidad contra los míos, hasta que nuestras bocas deban separarse por pura necesidad de respirar, antes de encontrarse nuevamente con renovada voracidad. De repente, disminuye el ritmo de sus movimientos e interrumpe nuestro beso y luego, estrechando mi cuello, se arquea para dejarse caer hacia atrás llevándome con él y ambos bramamos por la sensación. La apoteosis está cerca y me quiere sobre él en el momento de la fusión, le gusta que lo cubra y que lo apriete, encerrándolo con mis brazos contra los paños. Vuelvo a tomar las riendas mientras él labra mi espalda con ambas manos y enrosca sus pies en mis caderas, y pronto, oigo mis propios suspiros subir de tono mientras siento un océano de sensaciones sumergirme en impetuosas olas y propagarse en todo mi cuerpo en poderosas ondas, crecientes e irreprimibles, sus gemidos de placer se juntan a los míos y se funden como nuestros dos cuerpos abrazados, nuestros alientos mezclados, nuestras piernas enmarañadas. Una de sus manos abandona mi espalda y baja a lo largo de mi brazo para llamar a mis dedos, relajo el abrazo para liberar mi mano y juntar mis dedos a los suyos, tan largos y tan finos, nuestras manos se cierran entrelazando nuestros dedos y en una tumultuosa conflagración, ambos despegamos hacia los cielos para un viaje infinito, gritando nuestros nombres con fuerza y al unísono. Nada cuenta más que ese divino éxtasis que nos estrecha, esa suprema felicidad que nos une, ese intenso momento cuando sólo somos uno, perdidos en el infinito, probando con todos nuestros sentidos, exaltados en sumo grado por la intensa embriaguez de ese deslumbrante goce, fuerte y poderoso, que nos lleva en su tumultuoso y furioso torbellino a los confines de la conciencia y más allá del tiempo. Por fin, después de lo que nos parece un momento infinito, ambos caemos sobre las sábanas, languidecidos, sudorosos y agotados pero felices, saborando los últimos espasmos de nuestro prodigioso éxtasis, acurrucado el uno contra el otro como para enfrentar juntos el desencadenamiento de los elementos que durante un instante poseyeron tan deliciosamente nuestros cuerpos. Lo siento, cálido y palpitante, agarrado a mí por sus manos y sus largas piernas cruzadas sobre mi cadera, su rostro hundido en mi cuello, sus trémulos labios rozando mi piel e intentando recobrar el aliento, su corazón latiendo con vigor muy cerca del mío y buscando la calma. Soy él primero en abrir los ojos y al enderezarme levemente para admirarlo, mi mirada nublada de placer lo contempla, magnífico y deslumbrante, las mejillas aún en fuego, los ojos cerrados y los rasgos relajados en esa expresión incomparable de placer absoluto, la boca entreabierta y abandonada, como abrumada por la voluptuosidad, ligeramente trémula cómo si el eco de todas esas maravillosas sensaciones se hubiera concentrado allí. Dios, que maravilloso fue eso, y tan intenso... Y cuánto lo había extrañado... Casi tiemblo por eso, aún sacudido por unos escalofríos, emocionado y conmovido por ese sublime placer de intensidad inaudita que compartimos y todo el amor que emanaba de nosotros, más intenso que nunca. Siento sus piernas desanudarse alrededor de mis caderas y me retiro lentamente mientras lo miro con infinita ternura, más enamorado que nunca. Tengo la impresión de volver a enamorarme de él, y sin embargo, nunca dejé de amarlo, pero sin duda, la separación reforzó mis sentimientos. Oh, cuánto lo amo, cuánto lo amo, estoy loco de amor por él, ya no quiero ser separado de él, quiero quedarme así, abrazados y unidos por la eternidad. Él abre los ojos, dejando sus dos amatistas de fuego lucir e iluminar su opalino rostro, y me zambullo directamente en esas magníficas joyas violetas de infinita belleza donde una lluvia de estrellas baila un aéreo ballet, tales fuegos fatuos. Me sonríe, una indescriptible plenitud en el fondo de los ojos mezclada con alegría, ternura, amor y devoción, y me suelta unos " te quiero " vibrantes de emoción por telepatía. Le respondo del mismo modo con la misma emoción y me inclino hacia él, rozando su nariz con la mía, y luego acaricio sus labios con los míos, dulcemente, largamente, lentamente, apenas un roce, tiernamente, la calma después de la tempestad, mientras ambos recobramos el aliento. Responde a la caricia mientras ronronea suavemente, jugando con sus pulposos labios sobre los míos con la misma delicadeza, apenas rozándolos, siguiendo su movimiento, buscándolos o excitándolos al esquivarlos para entregarse mejor a ellos. Y pronto, entreabre la boca y extiende el cuello, cerrando los ojos, quiere más, y no puedo negárselo, yo también tengo ganas de eso, y pronto nuestras lenguas se acarician mientras nuestros labios se unen. El beso es deliciosamente dulce y tierno, nada impetuoso, sólo un abrazo lánguido y mullido de nuestras lenguas y la presión de nuestros labios que se proban y se apretujan sensualmente, con ternura. Sus brazos me aprietan contra él mientras se acurruca más contra mí, como si tuviera miedo que yo me escapara, no quiere soltarme y lo tranquilizo, encerrándolo en mis brazos y lo abrumo con mi peso, emite un gemido apreciativo y acaricia tiernamente mi nuca y mi cabello mientras chupa mi lengua con suavidad. Quedamos así por un largo momento, besándonos simplemente en un quieto y tierno abrazo, como para celebrar nuestro reencuentro que fue atropellado y prestamente eludido por el desbocado fuego de la pasión. Pero pronto, éste retorna, nuestros desnudos cuerpos abrazados y temporalmente saciados nos recuerdan que aún tienen hambre. *** Gracias por leer, espero que les haya gustado. :) Continuación con la segunda parte aquí ! ;) Dejar un comentario :
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